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Haiku

¿Por qué no me gustan las distancias cortas? (y II)

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2001_11_haiku.jpgY seguimos desde la anterior entrega de este artículo: Todo podría simplificarse todavía más si hablamos de aleatoriedad. La máxima sería: escribe aleatoriamente si aspiras a resultar estético; reduce la aleatoriedad si aspiras a ser riguroso y honesto. (Me ha quedado como un tweet profundo, oye).

Como ejemplo paradigmático de aleatoriedad máxima podríamos usar un poema especialmente hermético. Pero los poemas no hacen daño. Así que tomaré como ejemplo un texto tóxico, es decir, un texto tan aleatorio como un poema (y también tan hermético) que aspira a ser riguroso y sentar cátedra, esto es, un texto de pensamiento filosófico. Ni siquiera recurriré a un autor posmodernista, que sería demasiado fácil. Leamos, pues, a Hegel.

Hegel escribe una jerga que no tiene sentido fuera de un café parisino muy chic, o del departamento de humanidades de una universidad particularmente aislada del mundo real (el fragmento, por cierto, ya fue en su día denunciado por oscuro por parte del filósofo de la ciencia Karl Popper, que sí escribe clarito aunque ofrezca pensamientos más complejos que Hegel):

El sonido es el cambio en la condición específica de la segregación entre las partes materiales y la negación de esta condición; meramente una abstracción o una idealidad ideal, como si dijéramos, de dicha especificación. Pero este cambio, por tanto, es en sí la negación inmediata de la subsistencia específica; que es, por tanto, idealidad real de gravedad y cohesión específicas, es decir, calor. El calentamiento de cuerpos sonoros, al igual que el de los golpeados o frotados, es la aparición de calor, originado conceptualmente junto al sonido.

¿Todavía no os habéis desmayado?

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¿Por qué no me gustan las distancias cortas? (I)

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opciones-tweet-android.pngHace unas pocas semanas que me he abierto una cuenta de Twitter, y una de las cosas que he constatado es que no soy nada brillante en las distancias cortas.

No es que en persona sea un tipo anodino y por aquí me disfrace un poco de escritor interesante y perspicaz (aunque también haya un poco de eso), sino que soy incapaz de ser brillante con pocas palabras. Por esa razón nunca he participado en un premio de microrelatos, y tampoco acostumbro a twittear demasiado material original: me limito al retwittear lo que me parece interesante o a enlazar artículos extensos.

Sospecho que eso también me ha llevado a huir de la lectura de microrelatos y de tweets sin enlaces. Porque se parecen demasiado a los aforismos, a los saberes populares, a los chascarrillos de bar o las frases lapidarias: aunque suenan muy bien, seguro que encuentras otras que las contradicen. Porque esa clase de bengalas efímeras pueden ser muy rutilantes pero poco o nada tienen que ver con la verdad o el rigor. (Hay estudios psicológicos interesantes de la década de 1960 de cómo los dichos y proverbios que suenan bien consiguen encandilar más a la gente que los dichos y proverbios que se acercan más a la verdad… si no suenan tan bien).

Pero la verdad y el rigor deben exigirse en las obras de no ficción (como ya os refería en mi artículo Para los que escriben rarito) y no en las obras de ficción, cuya máxima expresión suele ser alcanzar la belleza, suscitar la emoción o favorecer la ambigüedad no tanto para confundir como para captar acaso la irreductible complejidad del mundo. O así.

Entonces ¿a cuento de qué mi aversión a la literatura ultracorta o taquigráfica? En primer lugar porque no tiene tanto mérito. Alto, bajad las antorchas y vuestra actitud linchadora: soy perfectamente consciente de que ser escueto tiene mucho mérito. Liofilizar una imagen hasta que sólo queda el hueso puede requerir tanto más esfuerzo que escribir cien páginas de corrido. Sin embargo, es más frecuente que suene la flauta si escribes pocas palabras que si escribes muchas.

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Pequeños grandes poemas en la red: el haiku

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Haiku

En la campiña,
sin tocar cosa alguna,
canta la alondra.

Éste es un haiku del considerado gran maestro y creador del género, el japonés Basho. El haiku es una singular muestra lírica de origen nipón, máxima expresión poética del Zen, que siempre me ha seducido por su modo de impactar mediante breves pinceladas de palabras.

Podemos tener una idea más completa de lo que significan estos pequeños poemas visitando un par de páginas que nos aproximan a su historia y a sus autores.

Planeta Haiku es un portal de origen argentino que nos adentra en el significado del haiku, su estructura, sus antecedentes y sus influencias en todo el mundo. Además podremos recorrer muchos haikus de autores como el maestro Basho y de otros que, en lengua castellana, se han rendido a esta pequeña pero impactante estrofa: Mario Benedetti, Jorge Luis Borges o el propio autor de la página, Fernando Legrand.

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