Hubo un tiempo en el que no era noticia que secuestraran o censuraran una revista satírica en España. Claro, que en la época a la que me refiero había un señor dictando lo que podía ser noticia y lo que no, de la misma forma en la que dictaba todo lo demás. Criticar al poder mediante el humor era por entonces una aventura arriesgada. La revista Hermano Lobo, heredera de la célebre Codorniz, logró hacerlo de 1972 a 1976, conviertiéndose en la conciencia ácida de la transición.
Ediciones Pléyades ha digitalizado la colección entera de Hermano Lobo, Semanario de humor dentro de lo que cabe. En él se consagraron grandes humoristas españoles como Forges, Chumi Chúmez, David Summers, El Perich o El Roto, y colaboraron grandes figuras como Gila y Miguel Mihura. También se les unieron plumas como las de Umbral o Eduardo Haro Tecglen. Gente de ideología muy dispar unidos en el esfuerzo común de abrir una rendija de irreverencia en un horizonte gris monocromo.
Y tenían agallas. Se enfrentaban a la censura con sus propias armas, con ejercicios de ingenio tan alambicados como el siguiente parte metereológico: Reina un fresco general, procedente de Galicia. A veces el lápiz rojo lo pasaba por alto; otras veces tachaba, recortaba e incluso se llevaba la edición entera. Pero el Hermano Lobo, la mascota de la revista, no desfallecía.

