Contar cuentos tiene una función que va más allá del mero entretenimiento. Psicólogos y neurólogos han estudiado por qué disfrutamos tanto escuchando historias y cuáles son sus efectos emocionales y cognitivos en nuestro cerebro.
Cuando nos explican cualquier concepto, podemos llegar a entenderlo con bastante solvencia. Pero basta con armar una historia alrededor de dicho concepto para que lo asimilemos de una manera mucho más profunda y emocionalmente significativa.
Porque las historias son un modo de ensayar y aprender costumbres y normas sociales que después tendremos que poner en práctica en la vida real, y tienen un poder especial para persuadir y motivar.

