
Un epíteto (del griego ἐπίθετον, agregado) es un sintagma, generalmente adjetival, que expresa las cualidades intrínsencas del sustantivo al que acompañan. En el caso de los epítetos épicos, estamos ante fórmulas juglarescas propias de la poesía épica, epopeyas o cantares de gesta, fórmulas laudatorias para referirse a los personajes o incluso a los lugares.
Los epítetos épicos forman parte de los recursos mnemotécnicos que los juglares empleaban para recitar los versos de los poemas. Recordemos que el origen de la épica es oral, y estos epítetos épicos eran adecuados para completar la métrica del verso, ya que encajaban perfectamente y se repetían frecuentemente a lo largo de la narración.
Los epítetos pueden informar al oyente (lector en la actualidad) sobre el personaje dando datos acerca de su origen, su carácter, su familia, el aspecto, la habilidad… y en general son de alabanza (también para las ciudades) y destacan sus cualidades heroicas.
- En las epopeyas clásicas se recoge perfectamente el uso del epíteto épico. Homero usó epítetos como “el que dispara de lejos” (referido a Apolo), “Hector, domador de caballos”, “Atenea, la de los ojos claros”, “Hera, la diosa de los níveos brazos”...

Pasando a otras consideraciones, hay un elemento en la “modernidad” de Odiseo que me interesa particularmente: cuando nuestro héroe recobra la memoria estando acogido en la corte de Ancínoo, rey de los Feacios, Homero decide abandonar durante un tiempo a su narrador extradiegético y omnisciente, y le cede a Odiseo la narración autodiégetica de su propia historia, convirtiéndose ya no sólo en el personaje principal, sino en narrador-protagonista.
En el anterior post me despedí prometiendo que hablaríamos sobre las sombras de Odiseo, un personaje cuya complejidad supera a todos los anteriores personajes clásicos y que podríamos considerar el protagonista del primer
Odiseo (del griego Ὀδυσσεὺς), también conocido como Ulises (del latín Ulysses), es uno de los personajes más famosos de la historia de la literatura, protagonista del poema épico de Homero que toma su nombre, La Odisea, compuesto según se cree entre 760 y 740 a.C. (aunque otras fuentes lo sitúan en el siglo IX a.C.). En este post me centraré en su figura como personaje literario: el primer héroe “moderno” de la literatura clásica.
Creo que no estoy de acuerdo en ni un sólo punto del decálogo que Richard Wilson, productor de televisión y autor de 101 cosas que no hacer antes de morir, 