
Tengo un problema con Tennessee Williams. Y es que creo que el comienzo de todo puede estar en que la primera vez que leí algo de este hombre yo era una criaturita de unos once años. Y claro, fue demasiado. Y antes de leer Mal trago tenía una especie de sentimiento ambiguo: por un lado, me había gustado lo que había leído; por otro, aún me quedaba la sensación de horror indescriptible de De repente, el último verano. Pero soy una niña valiente, así que me decidí enseguida a leerlo. La curiosidad me puede.
‘Mal trago’ es una colección de relatos. Y quiero remarcarlo bien, porque aunque ya había leído alguno que otro hace dos mil años, lo que más había leído de él eran sus obras de teatro. Nueve relatos escritos entre los años cuarenta y cincuenta, por los que se pasean a sus anchas personajes que esconden fuertes pasiones bajo una capa de aparente normalidad. Una clase media insatisfecha, con sus secretos inconfesables ocultos bajo la cama, situaciones opresivas y una curiosa sensación permanente de calor.
Y aunque se trata de ficción, los apuntes autobiográficos son indiscutibles. La homosexualidad está presente de manera casi permanente en los relatos, el alcohol, la salud frágil, las tensas relaciones personales. Todo ello se da cita, de una manera u otra, a lo largo de estos relatos, que muestran lo oculto del american way of life, donde no todo es como parece y los personajes sufren constantemente por no saber mostrar de una manera clara sus sentimientos.

¿Otra vez a vueltas con lo de que si
Así que realmente hay al menos un homosexual en la saga 