A estas alturas le debo mucho a Steven Johnson. Uno de los libros que más me ha entusiasmado ha sido suyo: Cultura basura, cerebros privilegiados. Otro que no se queda tampoco muy atrás es La mente de par en par.
Y es que Johnson es capaz de mezclar conocimientos de diferentes disciplinas de un modo admirable, y su prosa desprende un aire literario que provoca una extraña sensación. La sensación de que estás leyendo una historia de ficción apasionante. Lo cierto, sin embargo, es que no estás leyendo ninguna ficción: Johnson te está enseñando toda clase de cosas importantes sobre lo que te rodea. Y lo más importante: está abriendo tu mente para abordar cualquier tema desde ópticas inéditas.
Aquí Johnson lo vuelve a conseguir. En su Las buenas ideas trata uno de los temas que más me seducen a nivel personal: de dónde surgen las ideas, qué es la creatividad y la razón del absurdo que supone creernos que hay dueños de ideas (de libros, de patentes, etc.) y cómo el copyright y los derechos de autor, con el tiempo, deberán reemplazarse por otros modelos más laxos o incluso ser suprimidos por completo.
También habla Johson de los genios, esos idealizados personajes que parecen haber descubierto la Coca Cola (un actor famoso, un cantante de éxito, un descubridor de la penicilina o la doble hélice del ADN, las primeras personas que volaron, etc.). Una vez concluida la lectura de Las buenas ideas, os lo garantizo, dejaréis de rendir pleitesía a esas personas. Porque las ideas no surgen de las personas individuales sino de las redes que se generan entre las personas: por ello siempre hay más innovación porcentualmente en cualquier ciudad antes que en cualquier pueblo. Porque las cosas las descubrimos todos y nos pertenece a todos, simplemente hay una persona que, por azar o serendipia, acaba ostentando el título de descubridor y dueño de dicha cosa.

‘Las ideas están en el aire’ es lo único que se me ocurre pensar luego de leer esta noticia acerca del dictamen dado por la Cámara del Crimen de Argentina según la cual el filósofo, poeta, traductor y antólogo, Santiago Kovadloff, no cometió plagio en una conferencia que dictó titulada: ‘El dilema de los valores en el mundo de hoy’. Habia sido demandado por Patricia Laura Zas, quien afirmaba que las ideas expresadas por el intelectual era suyas. 