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'Es mi tipo' de Simon Garfield: un libro sobre fuentes tipográficas

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El universo de la tipografía es fascinante. Tiene sus expertos, los defensores a ultranza de unas tipografías frente a otras, existen guerras internas, falsificaciones, plagios, de todo. Como en una película de espías cuyos protagonistas fueran la A y la B. Como si la historia de la tipografía corriera paralela a la historia de un cónclave de brujos que elaboran secretas pócimas.

No en vano, un tipógrafo puede pasarse hasta 10 años perfilando un tipo de letra, hasta que consigue que encaje entre sí y no se desajuste al cambiarla de tamaño, justificarla y demás contorsionismos. Por eso no es extraño que una buena tipografía, que permanece estable hasta el más mínimo detalle después de maquetarla en un texto de 200 páginas, pueda pagarse a un precio elevado.

No hay nada más estimulante que bucear en el origen de las formas de las letras es como analizar nuestro código genómico para averiguar por qué se nos ha quedado esa nariz tan aguileña.

El alfabeto tal y como lo conocemos empezó a forjarse de la mano de los fenicios hace 3.500 años, y cada letra de ese primer alfabeto era la inicial de un objeto ligado a la vida cotidiana. La A, por ejemplo, fue llamada álef, palabra que en fenicio significa “buey”. Si le damos un giro de 180º a la A y, con un poco de imaginación, al triángulo que queda abajo le colocamos ojos y nariz, obtendremos a un buey sus cuernos y todo. Pero eso solo es la punta del iceberg. Porque los tipógrafos han ido moldeando esas formas esenciales para hacerlas más agradables a la vista. O más persuasivas. O más “algo”.

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¿Cuál fue la primera editorial de la historia?

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Para algunos son filtros de la excelencia literaria, megáfonos para las voces más interesantes, dispensadores de letras capaces emocionarnos. Para otros sólo son negocios, comerciantes de jamones, aduanas en las que los autores deben dejar los signos distintivos del talento más heterodoxo. Por supuesto, hablo de las editoriales.

Lejos de polémicas acerbas, lo que es cierto es que las editoriales se han constituido como marcas. Consumir libros de determinada editorial es como calzarse unas Nike: unos lo harán por distinción, otros porque han depositado su confianza en su calidad.

Pero hubo un tiempo en el que nadie se devanaba los sesos con estas consideraciones. Un tiempo en que sólo existía una editorial, así que no había más cera que la que ardía. Pero ¿cuál fue esa primera editorial y qué legado nos ha dejado?

Vamos a situarnos un poco. Démosle a la palanca de nuestra máquina del tiempo y, ¡chas!, plantémonos en la China del siglo VI. Allí surgió la impresión sobre plancha de madera. ¡Chas! En 1040 el chino Pi Sheng ya fabricaba imprentas de tipos móviles. ¡Chas! Cuatrocientos años más tarde, los coreanos mejoraron el invento, desarrollando la tecnología de los tipos móviles de metal.

¿Y Gutenberg? Pues no imprimió el primer libro (la Biblia de 42 líneas) hasta 1455. Con todo, se acepta que Gutenberg descubrió por sí mismo la imprenta de tipos móviles de metal y no recibió ningún chivatazo oriental. Pero eso no es lo importante. Bueno, sí que es importante porque la imprenta supuso el click que necesitaba el mundo a fin de que las ideas circularan libremente.

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‘El taller de los libros prohibidos’ de Eduardo Roca

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El taller de los libros prohibidos, de Eduardo Roca, es una novela histórica. De las que cuentan cosas importantes del pasado para entender cosas importantes sobre el presente.

Situémonos. Colonia, siglo XV. La difusión del saber está en poder de unos pocos. Sin embargo, a un pequeño grupo de sabios y eruditos que se reúnen en la más absoluta clandestinidad les une una ambición común: la transmisión cultural entre el pueblo. Solo un hombre, un modesto orfebre llamado Lorenz, ayudado por su hija, será capaz de afrontar el desafío. Aunque el precio que podría pagar por semejante osadía es el más caro: su vida y la de todos aquellos que le rodean.

Roca se embarca, nada menos, que en narrarnos la quijotesca (y apócrifa) invención de la imprenta como método de difusión cultural barato y eficaz (aunque no todo el mundo percibirá este avance como un beneficio sino como una amenaza). Supongo que os suena vagamente a la situación actual con la Ley Sinde, la conservación de periclitados modelos de negocio a toda costa y el control de la distribución y la exhibición del conocimiento que vive especialmente España (un rara avis donde Amazon, por ejemplo, no arraiga).

Así pues, resulta irónico los perfectos paralelismos que se pueden trazar entre nuestros días y aquéllos acaecidos hace siglos en un contexto germano: la crisis en el modelo de negocio de la cultura, las copias ilegales, el abaratamiento de esas copias, la pérdida de puestos de trabajo y del control de lo que se publica, la fricción entre el derecho a la cultura y la necesidad de retribuir a los creadores de contenidos, etc. Así pues, aunque estamos ante una novela histórica, sus postulados son perfectamente extrapolables a la situación actual, en la que la imprenta ha sido sustituida por la tecnología digital, como antaño los copistas manuales fueron sustituidos por la imprenta.

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La imprenta de tipos móviles: la mayor innovación técnica de la historia

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Quizá pueda parecer aventurado catalogar como el mayor hit de la historia de la técnica la invención de la imprenta. Pero pensadlo por un momento: por primera vez se pudo difundir el conocimiento entre la humanidad.

Sin embargo, hay que matizar que lo realmente importante no fue la invención de la imprenta sino la invención de la imprenta de tipos móviles, ya que hacía mucho que la impresión no era una novedad.

Los chinos habían estado imprimiendo libros desde hacía cientos de años, pero no eran capaces de hacerlo de forma masiva y el coste era elevadísimo. Los chinos imprimían mediante moldes, y cada página requería su propio molde especialmente tallado para ella. Una vez preparados los moldes, podían producirse múltiples copias, pero el grabado de esos bloques con la intrincada escritura china y el subsiguiente entintado a mano eran unos procesos especialmente lentos.

Más tarde, se desarrolló la utilización del tipo móvil de metal fundido, pero el sistema no tuvo éxito en Extremo Oriente debido al coste del enorme número de símbolos que requerían.

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Diccionario Literario: incunable

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Son llamados incunables los libros impresos con tipos móviles desde la aparición de la imprenta hasta el año 1500 inclusive. Fue posiblemente Cornelius Beughem quien empleó la palabra por primera vez, en su ‘Incunabula typographiae’ (1688).

El término “incunable” proviene del latín incunabŭla, ‘pañales’, una palabra derivada con el significado también de ‘en la cuna’. Hace referencia, pues, a la época en que los libros se hallaban en la cuna o en pañales, haciendo referencia a la “infancia” de la técnica moderna de hacer libros a través de la imprenta.

Si acotamos las fechas, serían reconocidos como incunables los libros impresos entre 1445-50 (las dificultades de datación exacta son importantes) y 1500, procedentes de unas 1.200 imprentas, distribuidas entre 260 ciudades, con un lanzamiento aproximado de 35.000 obras distintas.

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Diccionario Literario: edición

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Edición (del latín editio) es un término utilizado en una doble acepción en el mundo literario: como actividad de reproducción de una obra, a través del manuscrito o de la imprenta, para su difusión, o bien como un conjunto de ejemplares que integran una misma impresión tipográfica.

Antes de la invención de la imprenta, la reproducción de textos se realizaba a través de un trabajo organizado de copistas; en la Edad Media había centros especializados en los monasterios y, a partir del siglo XIII, en la Universidades. A este tipo artesanal de edición manuscrita sucede, con la invención de la imprenta, un medio de reproducción, no sólo de mucha mayor capacidad difusora, sino también de mayores garantías de transmisión fiel del texto original, al poder controlar errores de transcripción, omisiones, posibles interpolaciones, etc.

En los estudios de bibliografía y crítica textual se enumeran los siguientes tipos de edición:

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Ex-libris: la huella personal en los libros

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Ex libris cervantinoMucho antes de saber lo que era un ex libris ya tenía la costumbre de dejar mi impronta personal sobre cada libro que conseguía. Primero lo hacía del modo más “rústico”, la firma, tan informal, tan poco uniforme; después me regalaron un sello personal, mucho más limpio pero algo insípido (seguía conteniendo sólo mi nombre). Desde hace unos años, y haciendo uso de las fuentes artísticas familiares, confecciono de forma casera ex libris con estampas que renuevo cada tanto. Sin darme cuenta he seguido el camino natural de esta señal de propiedad y ya es una costumbre que he convertido en obligación: ningún libro ocupa mi biblioteca sin recibir antes su ‘marca de fuego’.

Literalmente ex libris significa de entre los libros y con este término nos referimos a las marcas de propiedad (una estampa, una etiqueta o un sello) que se suelen colocar en el reverso de la cubierta de un libro y que incluyen el nombre del dueño o de la biblioteca a la que pertenece el ejemplar. Por lo general, al nombre del propietario lo precede la expresión ‘ex libris’, aunque existen variantes como ‘ex bibliotheca’, ‘e-libris’ u otras menos formales (‘Soy de…’).

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La Biblioteca Británica expone virtualmente dos Biblias de Gutenberg

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Biblia GutenbergYa hablamos en otra entrada de la exposición que está teniendo lugar en Nueva York de tres versiones distintas de las Biblias impresas por Gutenberg. Pero ahora me entero que no hay que moverse hasta allá para poder hacer una comparativa detallada de al menos dos de ellas, ya que la Biblioteca Británica nos permite explorar y comparar las versiones digitales de un ejemplar en papiro y otro de papel.

¿Por qué son importantes estos volúmenes? Porque justamente fue La Biblia el libro que Gutenberg escogió para hacer sus primeras impresiones. Por lo tanto, cada ejemplar se transforma en una muestra de experimentaciones de la técnica de impresión en su momento naciente.

En ese sentido, la exposición virtual de estos dos ejemplares viene acompañada por una breve pero interesante historia tanto de los antecedentes a Gutenberg que incluyen una historia de la impresión, una reseña biográfica, una selección de los textos que imprimió (que, además de la Biblia, incluyeron la Gramática latina de Donatus y Las Indulgencias) y una descripción de sus técnicas de impresión.

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'Tres Biblias de Gutenberg': un fascinante paseo por el mundo de la impresión

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Biblia de GutenbergEn una ocasión inédita se encuentran expuestas actualmente, en un mismo recinto en Nueva York, tres ejemplares de la Biblia impresos por Gutenberg. Los tres volúmenes están acompañados por el libro de plegarias de Claudia de Valois, creado en 1517 para su coronación como reina de Francia (1499-1524).

Siempre se habla de la Biblia de Gutenberg como si fuera una sola repetida mecánicamente, pero lo cierto es que cada uno de estos ejemplares exhibidos es único, porque están elaborados con técnicas distintas que demuestran las variadas experimentaciones del herrero que se transformó en el padre de la impresión mecánica.

Johannes Gutenberg (1398-1468) desarrolló el sistema de tipos móviles que permitía componer letra a letra, línea por línea, el texto de un libro para ser impreso repetidas veces. Como se recordará, anteriormente la edición de libros dependía de escribas e ilustradores que se dedicaban a la transcripción manual, caligráfica y con tinta, de los libros.

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