A pesar del título, Cómo decidimos. Y cómo tomar mejores decisiones, no estamos ante un libro de autoayuda o autoconocimiento escrito por un gurú muy trascendente. Cómo decidimos es un libro sobre neurociencia. Y también un libro sobre cómo nuestra inteligencia favorece o entorpece nuestras decisiones cotidianas.
En ese sentido, Cómo decidimos sigue la línea de otro libro que reseñé por aquí no hace mucho: Inteligencia intuitiva, del gran Malcolm Gladwell.
Si bien Jonah Lehrer no supera a Gladwell en su propuesta, aquí también descubriremos desde otra óptica que no siempre los prejuicios son malos, ni tampoco los juicios rápidos, y que al no pensar también estamos pensando. Porque nuestro cerebro fue cableado en una época en la que la reflexión no tenía valor sino la decisión rápida: ante los peligros de la sabana africana, no valían filosofías, sino actuar o morir.
Para apoyar estas ideas, Lehrer aporta experimentos científicos realizados al respecto, pero lo sazona todo con anécdotas muy interesantes en las que está en juego el poder de la decisión. Cómo la fluctuación de unas cuantas neuronas dopaminérgicas salvaron a un acorazado durante la guerra del Golfo. Cómo se creó la burbuja inmobiliaria de las subprime desde el punto de vista neurológico y psicológico. Cómo los bomberos manejan fuegos peligrosos. Cómo estos conocimientos sirven cada vez más para crear programas de televisión más eficaces, mejorar la asistencia médica o potenciar la inteligencia militar. Y muchas más anécdotas que hacen de Cómo decidimos una lectura, digamos, dopamínica.

Este es un libro que ahonda en el poder de nuestros pálpitos, de nuestras intuiciones, de nuestra primera impresión, de esas minireflexiones que apenas duran unos segundos, incluso mucho menos, y que resultan mucho más acertadas que meditaciones de semanas o meses. 