
Me parece justo, antes de comenzar a redactar este post dar las gracias a mi compañero de equipo Fausto Beneroso por haber tenido la iniciativa de colocar el borrador y de haberme cedido la oportunidad de desarrollarlo. Y es que el tema este de los libros electrónicos, los derechos de autor y la gratuidad o no de los contenidos digitales me interesa sobremanera, de hecho, llevo días “dándole vueltas” a esta noticia y fue recién cuando vi el borrador de Fausto que decidí tomar la antorcha y sentarme a redactar.
Creo que la noticia en si no será ya una novedad para muchos de ustedes, toda vez que fue motivo de titulares hace unos días cuando la Dirección General de Tributos, dependiente del Ministerio de Hacienda informó tajantemente que los libros digitales o e-books no tendrían acceso al IVA reducido que en algún momento se dijo que tendrían. Atención, no hablamos ya de los equipos electrónicos sino de las descargas que harán quienes tengan uno de ellos, cualquiera que sea, cada vez que quiera aumentar su biblioteca digital. A cada libro en formato electrónico se le cargará el 16% de su costo por causa de impuestos, a pesar de que se había anunciado lo contrario en diciembre pasado.

Es 1977 y los españoles hacen cola para votar en sus primeras elecciones democráticas tras el golpe de estado. Un hombre avejentado con arrugas alrededor de los ojos comienza a recordar. Recuerda el 36, el alzamiento popular contra los insurgentes. Recuerda el 39, la derrota y el exilio. Recuerda el 40, la resistencia al otro lado de los Pirineos y el 45, cuando liberaron París. Recuerda la negrura de los 50, las organizaciones clandestinas, la propaganda, la represión… y finalmente la legalización. El gruñido destemplado de un interventor le saca de su ensimismamiento: