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		<title>Magazine - jared-diamond</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-05-26 20:50:25</pubDate>

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      <title><![CDATA[‘Colapso’ de Jared Diamond: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen]]></title>
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      <pubDate>Sat, 09 Oct 2010 12:36:45 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/10/imagen.jpg" alt="" />Hagamos lo que hagamos, seamos quienes seamos, <strong>todos compartimos rasgos</strong> culturales, sociales y políticos con sociedades distribuidas por todo el planeta. Por ejemplo, si te dedicas a los negocios, probablemente precisarás de la ayuda de la fonética asiria, de la imprenta china, del álgebra árabe, de la numeración india, de la doble contabilidad italiana o de las leyes mercantiles holandesas.</p>

	<p>Sin embargo, <strong>algunas sociedades desaparecen de repente</strong>, desvinculándose del resto, como si sus dirigentes se hubieran dedicado a poner palos en las ruedas. Tal vez entender los motivos que llevaron a aquellas civilizaciones a autoaniquilarse pueda ponernos en la pista de los errores que estamos cometiendo. </p>

	<p>Pero analizar estos motivos requiere de un enfoque multidisciplinar de la sociología, la economía, la lingüística, la biología y la antropología. ¿Quién podría dedicarse a una empresa tan monumental como ésa? Sin duda el autor de <em>Armas, Gérmenes y Acero</em>, el Premio Pulitzer <strong>Jared Diamond</strong>.</p>

	<p>El resultado: <strong>Colapso</strong>. Un mamotreto de más de 700 páginas que escarba en los síntomas que condujeron a su ocaso a civilizaciones como las de la isla de Pascua, los mayas o los vikingos, y además analiza sociedades actuales en proceso de colapso como la de Ruanda, Haití o la Australia minera. Diamond no sólo expone los motivos, también entresaca lecciones que podríamos aplicarnos nosotros. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>A juicio del profesor de geología de la Universidad de California Jared Diamond, las causa principal del colapso de una civilización es <strong>el desastre ecológico</strong>, producido por procesos que pueden clasificarse en 8 categorías: </p>

	<p>1-Deforestación y destrucción del hábitat. <br />
2-Problemas del suelo (erosión, salinización y pérdida de la fertilidad del suelo). <br />
3-Problemas de gestión del agua. <br />
4-Abuso de la caza. <br />
5-Pesca excesiva. <br />
6-Consecuencias de la introducción de nuevas especies sobre especies autóctonas. <br />
7-Crecimiento de la población humana. <br />
8-Aumento del impacto per cápita de las personas.</p>

	<p>Categorías que Diamond desarrolla convenientemente, por supuesto. </p>

	<p>En definitiva, <strong>Colapso</strong> es un libro erudito, ampliamente documentado, a rebosar de datos curiosos… aunque sus hechuras y su densidad puedan arredrar a los lectores menos motivados. </p>

<blockquote>Aquellos desmoronamientos del pasado tenían tendencia a seguir cursos en cierto modo similares que constituían variaciones sobre un mismo tema. El aumento de población obligaba a las personas a adoptar medios de producción agrícola intensivos (como el regadío, la duplicación de cosechas o el cultivo en terrazas) y a extender la agricultura de las tierras óptimas escogidas en primer lugar hacia tierras menos rentables con el fin de alimentar al creciente número de bocas hambrientas. Las prácticas no sostenibles desembocaban en el deterioro medioambiental de uno o más de los ocho tipos de acabamos de enumerar, lo cual significaba que había que abandonar de nuevo las tierras poco rentables.</blockquote>

	<p>Editorial Debate<br />
752 páginas<br />
ISBN: 9788483066485</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.megustaleer.com/me_gusta_leer/Libros/C/Colapso-ES/Colapso">Ficha en Editorial Debate</a></p>      ]]></description>
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                    <item>
      <title><![CDATA[Eureka(s) o cómo los libros los escribimos entre todos (II)]]></title>
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      <pubDate>Thu, 05 Nov 2009 03:36:40 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/11/pringran.jpg" alt="" />Tras el fragmento de <strong>Jared Diamond</strong> del <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/eurekas-o-como-los-libros-los-escribimos-entre-todos-i">post anterior</a>, he de decir que nunca he entendido las colas de gente que se forman frente a un escritor para que les firme un ejemplar de su obra. Nunca he entendido la fascinación que nos produce un famoso. Bien, por supuesto que lo entiendo, entiendo los entresijos psicológicos que subyacen en este fenómeno, comprendo los motivos culturales y hasta meméticos. </p>

	<p>Pero lo que no entiendo es que todavía a estas alturas nadie haya hecho demasiado por pulverizar este fenómeno irracional; o al menos, se haya diseccionado con mayor sentido crítico. Tal vez dejar de creer en algo así sería tan traumático para la psique social como dejar de creer en Dios. Tal vez a quienes dirigen los medios de comunicación tampoco les interesa descubrir el truco, como ilusionistas que viven de interpretar siempre el mismo <em>show</em>. </p>

	<p>Porque, a mi juicio, aunque la teoría del genio colectivo no sea del todo acertada, igualmente se exagera la importancia de los autores singulares, como si sus cerebros discurrieran de una forma tan distinta de la nuestra como lo haría la de un marciano. <strong>Pero los marcianos no existen</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Se nos dice con frecuencia que James Watt inventó la máquina de vapor en 1769 supuestamente inspirado por haber observado salir el vapor por el pitorro de una tetera. Esta maravillosa fábula queda desmentida por la realidad de que Watt concibió la idea de su propia máquina de vapor mientras procedía a reparar un modelo de la máquina de vapor de Newcomen, que éste había inventado 57 años antes y de la que ya se habían fabricado más de cien en Inglaterra para la fecha en que Watt realizó su tarea de reparación.</blockquote>

	<p>Entonces ¿quién debería ser dueño de la patente de la máquina de vapor? ¿A quién debemos rendir honores? ¿Qué nombre deben memorizar los escolares en clase? ¿Watt? ¿Newcomen? ¿Los autores de los libros de ingeniería que leyeron ambos? ¿Sus padres? ¿Las serendipias? </p>

	<p>Mi respuesta es: ¿a quién le importa? Por supuesto, a la gente le importa, eso es obvio, pero ¿por qué debería importar? Partiendo de la base de que las ideas se forjan de formas complejas y fortuitas, que nacen inconcretamente, ¿por qué continuamos sin cuestionar ese deseo de entronizar a un Autor? Sin duda todo esto recuerda sospechosamente a la necesidad del hombre por hallar un Autor, un Creador del mundo y de todo lo que está contenido en él. <strong>El Autor es una versión laica de Dios</strong>. </p>

	<p>Sigue <em>Armas, Gérmenes y Acero</em>: </p>

<blockquote>Todo esto no significa negar que Watt, Edison, los hermanos Wright, Morse y Whitney realizaran grandes mejoras y, con ello, incrementaran o inauguraran éxitos comerciales. La forma del invento que con el tiempo se adoptó podría haber sido algo distinta sin la contribución reconocida del inventor. Pero a nuestros efectos, la cuestión es si el panorama general de la historia mundial habría experimentado alteraciones significativas si alguno de los genios inventores no hubiese nacido en un lugar y una época determinados. La respuesta es clara: nunca ha existido tal clase de persona. Todos los inventores famosos reconocidos han tenido predecesores y sucesores capacitados, introduciendo sus mejoras en una época en que la sociedad era capaz de utilizar su producto.</blockquote>

	<p>La idea que se defiende aquí es que todas las obras, incluidas las literarias, por qué no, se desarrollan por acumulación; ergo, su autor original es difuso, por mucho que la <span class="caps">SGAE</span> se empecine en lo contrario pagando <em>royalties</em> por <em>politonos</em> a Ramoncín.</p>

	<p><strong>Nadie gritó ¡Eureka!</strong> Y si lo hizo, fue demasiado egocéntrico para darse cuenta de que él sólo estaba transmitiendo aquello que le rodeaba, y que podría haberlo hecho cualquiera antes o después de él. </p>

	<p>Pero los defensores del genio literario podrían creer que un invento no funciona bajo las mismas reglas que una obra artística. Para ellos, en el próximo capítulo me centraré en la creación literaria de la mano de un psicólogo cognitivo bien conocido internacionalmente. </p>      ]]></description>
      </item>
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