Lo que se vende gratis genera dinero o la estupidez de pagar por la cultura
En Papel en Blanco ya se ha analizado en numerosas ocasiones la conveniencia de aplicar un canon en las bibliotecas. Por primera vez en la historia, gracias a Internet, podemos minimizar los gastos de distribución y copia de la cultura casi a cero. Así pues, no basta con recurrir a la respuesta que siempre se ha esgrimido sobre esta cuestión: “la cultura se paga al igual que se paga cualquier otra cosa”. Porque el fuego que mantiene encendida una vela puede encender otras velas sin menoscabo de la vela original, y rentabilizar eso económicamente provocará que muchos de nosotros nos quedemos a oscuras. No resulta una idea fácil de digerir, por supuesto, pues hemos nacido en otro tipo de mundo muy distinto al actual, y nos resistimos a adoptar nuevos esquemas mentales.
Pero si los músicos, y ahora lo escritores, van a tener problemas para ganarse la vida con su trabajo (bueno, siempre los tuvieron, porque los que en verdad sacan tajada son las editoriales, los productores y los distribuidores) quizá deberían buscar otras formas de hacerlo que no sean perpetuar un periclitado modelo de negocio.
Hablábamos ayer del Encuentro de Novela Negra y de Misterio en Barcelona, que en la presente edición también hará un énfasis especial en aspectos y personajes que resultan atractivos para el público juvenil. Los organizadores del Encuentro, conscientes de que el género negro está presente de una manera destacada en el trabajo que se realiza en las escuelas y en los institutos, han querido hacer un hueco a Flanagan, uno de los personajes que más presencia tiene en las aulas y que hace las delicias investigadoras de muchos chicos y chicas.