El novelista, poeta y crÃtico estadounidense John Updike falleció ayer en su casa de Massachusetts tras una larga “batalla contra el cáncer de pulmón”, anunció su publicista Alfred Knopp.
Updike nació en Shillington (Pensilvania) en 1932 y publicó más de medio centenar de libros de diversos género: novela, crÃtica y poesÃa. Se lo considera uno de los autores contemporáneos más reconocidos de Estados Unidos, tanto por el estilo de sus escritos como por los temas que abarcó, todos ellos muy cercanos a la vida cotidiana en su paÃs.
Publicó su primer libro, un poemario, en 1958, al que le siguió en ese mismo año la primera novela, ‘La feria del asilo’, que tuvo una buena acogida. En 1960 inició la serie que le darÃa la fama y dos premios Pulitzer, protagonizada por Harry Rabbit Angstrom, personaje a través del que manifestaba sus opiniones sobre la vida estadounidense.

Como sabéis los ingleses tienen un peculiar sentido del humor a la hora de conceder premios literarios. Uno de los más destacados es el Bad Sex in Fiction Award, que cada año entrega la Literary Review a la peor descripción de una escena erótica en literatura. El premio, que el año pasado
Fuera del mundo anglosajón es conocida sobre todo por su adaptación al cine, pero Las brujas de Eastwick es sin duda la obra más célebre y popular de John Updike. Publicada en 1984, la novela se ambientaba al comienzo de los años setenta y situaba en el pueblecito americano de Eastwick a tres mujeres divorciadas, feministas, ferozmente independientes y sexualmente explosivas que se iniciaban en la magia pagana, convencidas de que un retorno a la mÃtica madre naturaleza devolverÃa al mundo al erocéntrico matriarcado.
Como siempre en estas fechas el mundo literario rebulle de excitación ante sus navidades adelantadas, el anuncio del ganador del
John Updike es un amante con clase. Su estilo, elegantemente obsceno, perversamente sofisticado, enamora a cualquier iniciado en estos de las letras norteamericanas. De acuerdo, lo suyo no son los viajes por la condición humana (¡y urbana!) que perpetró el santo guÃa Saul Bellow. Tampoco es, el discÃpulo aventajado, el gran humanista Philip Roth, alguien capaz de resumir las virtudes de la sencillez y complejidad novelÃstica. Pero es que ser un compañero inferior a estos dos no es dejar de ser uno de los mejores prosistas del siglo pasado (y éste). 