A sus noventa años, José Luis Sampedro es la mente y el corazón de la protesta contra el canon bibliotecario. Nadie ha enarbolado con tanta energía la lucha contra la imposición de un pago por derechos de autor al préstamo de biblioteca. Por su doble carácter de economista y literato, por su insoslayable prestigio político y por ser una de las memorias vivas de nuestra cultura, la causa no podría tener un mejor abogado.
Gracias a Menéame encuentro un artículo en el que Sampedro esboza, con la contundencia de una demostración categórica, las razones por las que se opone al canon. El artículo es un canto al trabajo abnegado de los bibliotecarios, aquellos profesionales y aquellos otros que surgen hasta de debajo de las piedras impulsados por el amor loco al libro. Sólo por eso es de obligada lectura. Pero su planteamiento final merece ser recogido para que no nos reprochen de atacar sólo con palabras. Aquí están los hechos:
En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

