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Keko Vid

Historia de cómo triunfa un libro

18 comentarios

A rebufo del anterior artículo, ¿Se puede decir que ‘Hamlet’ es una porquería sin parecer un ignorante?, algunos de vosotros me comentabais que si una obra ha alcanzado la inmortalidad es porque deberá tener cualidades inherentes indiscutibles.

Hay estupendos libros que explican los entresijos de cómo algo se acaba considerando universalmente bueno. Pero como no quiero aburriros (y tampoco dispongo de demasiado espacio), sencillamente os contaré una historia.

Voy a hablaros de un escritor ruso que hace tan sólo 5 años era un don nadie. Su nombre es Keko Vid, y era un novelista prácticamente desconocido y sin ninguna obra publicada. Durante años estuvo escribiendo laboriosamente ocho historias que eran disquiciones filosóficas acerca de las ocho formas más recurrentes en la naturaleza; un libro por forma que, intersectados como muñecas rusas, dibujaban la forma octaédrica de los cristales naturales, una octava de una armonía pitagórica, una Tabla Periódica de ocho elementos.

Las historias no eran fáciles de leer, transcribía los diálogos extranjeros en la lengua original, con la traducción a modo de subtítulos. Algunas páginas tenían mil letras y otras, sólo una o dos. Había momentos consagrados a la escatología, otros a la filosofía alemana más hermética. Mezclaba el humor más bizarre con el drama más lacrimógeno.

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