Krystian Bala probablemente pensó que su crimen había sido perfecto, tan perfecto que podía darse el lujo de recrearlo literariamente y que aún así nadie sospecharía de él. Pero se equivocaba, el crimen perfecto sigue sin existir y él acaba de ser condenado a 25 años de cárcel por haber matado al amante de su esposa.
Lo interesante, y casi insólito, de la anécdota es que incluso sería probable que el crimen no se hubiera descubierto si él mismo no hubiera dado las claves a los detectives para que ataran cabos. Su peor error: haber novelado el asesinato que había cometido.
En 2000, Dariusz J desapareció y su cuerpo fué encontrado días despues de su desparición. Había sido maniatado, apuñalado y lanzado al río Odra en Polonia. Nada hizo posible encontrar a un sospechoso, hasta que en 2004 apareció la novela Amoku (Cólera) del escritor Kristian Bala y que de inmediato tuvo una excelente acogida, pero que levantó las sospechas de la policía por su extraño parecido con el crimen no resuelto. El caso fue reabierto en 2005.

