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La ciencia de la belleza

¿Los escritores sólo escriben a cambio de sexo? (II)

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Desde la psicología evolutiva se nos dice que las hembras seleccionan a los varones para la cópula en base a su éxito social. Pero hay muchas formas de medir el éxito social: el dinero, los bienes materiales o, como decía el biólogo Geoffrey Miller, la creatividad y la habilidad artística. Este último constituye el menos conocido de los éxitos sociales aunque probablemente sea el más poderoso de todos. La gaviota adulta hembra tiene una mancha anaranjada en su pico, que los polluelos se dedican a picar instintivamente para estimular a la madre a regurgitar y así alimentarles. Niko Tinbergen demostró que los polluelos picaban con más ansia un modelo exagerado de gaviota de la mancha anaranjada. Es lo que se denominan “estímulos supernormales”. Pascal Boyer señala que los seres humanos explotan sus propios estímulos supernormales: las manifestaciones artísticas. La música, por ejemplo, es una experiencia auditiva intensificada y purificada que sobreestimula la corteza cerebral. Los colores saturados de las pinturas hacen lo propio. Dice Boyer que posiblemente la razón por la que los animales no poseen alguna especie de arte sea que carecen de lenguaje:

las otras especies carecen de las herramientas para crear combinaciones sucedáneas de estímulos y, por lo tanto, carecen de una perspectiva que les permita la exploración de las combinaciones de sus propios sentidos.

Eso no quita que existan gaviotas con el pico anaranjado, o pájaros que engalanan sus nidos como si fueran pseudoartistas para atraer a las mejores hembras, o colas de pavo real abiertas en forma de abanico. Todo ello apareció a raíz del nacimiento de la reproducción sexuada. Habla Ulrich Renz en La ciencia de la belleza:

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