Ian Moone ha desarrollado el virus definitivo para la CIA, JANUS, un programa capaz de apagar todos los dispositivos electrónicos del planeta. Pero la desconfianza es mutua, y cuando su mujer embarazada es asesinada Ian debe huir hacia Canadá. Al mismo tiempo la agente del FBI Maia Kengsinton es enviada a Brownstone, un pueblo montañoso de Vermont en dónde una red mundial de ordenadores ha detectado que va a ocurrir el acontecimiento más terrible de la historia. Ian y Maia acabaran atrapados en Brownstone con un tormenta invernal encima suyo, una conspiración a sus espaldas y unas pocas horas para salvar el mundo.
Si te gustan los thrillers puedes pensar que el argumento puede dar pie a una historia trepidante. Y la verdad es que es difícil que con estos ingredientes no salga algo, por lo menos, entretenido. Pero la realidad es la contraria: Gutiérrez y Zurdo fallan de plano en construir un thriller aceptable. Son alumnos de Stephen King, de Javier Sierra, quizás de Tom Clancy, pero no parecen haber entendido que lo único que sustenta las obras de esos autores es el ritmo narrativo. Ese mismo que ellos apuñalan sin piedad.
Un thriller vale para pasar un rato agrable. 470 páginas no son un rato, son un compromiso. De las cuales un tercio es puro relleno. Los autores se empeñan en boicotear la tensa cuenta atrás introduciendo tramas digresivas que aportan muy poco a la principal. Y esas mismas están trufadas de información superflua, como que en Inglaterra se conduce por la izquierda o que muchos ingleses veranean en España. Peor aún, tenemos derecho a extensos flashbacks en los que se nos cuenta lo que ya sabíamos, porque nos lo explicaron al comenzar.

