Éste es un exquisito librito sobre esos placeres baratos, asequibles, casi insignificantes, con los que sazonamos nuestras vidas. Una clase de placeres alejados totalmente de la pompa y el boato, que cualquier clase de persona, pobre o rico, mayor o joven, puede paladear con fruición. Veniales satisfacciones cotidianas que, tras la lectura de este pequeño manual, acogeremos aún con más devoción si cabe.
Phileppe Delerm (1950, Auvers-sur-Oise) ya era medianamente conocido como escritor en su país natal, Francia, donde obtuvo premios como el Alain-Fournier o el Nacional de los Bibliotecarios. Pero ha saltado a la fama mundialmente con El primer trago de cerveza, un libro en principio minoritario destinado a lectores selectos que, sin embargo, permaneció por sorpresa por más de un año entre los tres primeros libros más vendidos de Francia.
Delerm nos deleita con 34 placeres mínimos como el que menciona el título o (y este es mi favorito) conducir de noche por una autopista, además de llevar una navaja en el bolsillo, ir a por cruasanes recién hechos una fría mañana de invierno, leer en la playa, viajar en un tren viejo, leer el periódico durante el desayuno dominical… y así hasta completar este delicioso libro del que podría leerse cada noche un capítulo, en la cama, bien tapado, hasta dormirse con las últimas palabras. Sin duda otro placer.

