
Mirando las noticias para ver qué tal va el mundo me he encontrado con esta curiosa y a la vez triste noticia. Y es que resulta que Ikea, sí, la macrotienda de decoración y muebles, ha decidido rediseñar su estantería más famosa para ajustarla a las nuevas exigencias de los usuarios. Por lo visto, la gente cada vez tiene menos libros en sus casas y los suecos pretenden adaptar la célebre Billy para que albergue otros objetos decorativos.
Todo esto ha reabierto el eterno debate entre libro electrónico contra libro en papel, y es que una de las ventajas más evidentes del libro electrónico es el ahorro del espacio. En casa no cabemos con los libros que tenemos y lo peor es que casi a diario (o cada tres días, vaya) se viene alguno nuevo conmigo, por lo que las estanterías son necesarias no, imprescindibles. Lo más triste de todo esto es comprobar que las personas cada vez tienen menos libros, porque me imagino que una decisión tan importante como esta no habrá sido tomada a la ligera.
Precisamente tengo una Billy en casa por montar (desde hace bastante tiempo, todo sea dicho), y, sinceramente, por mucho que cambien el diseño, mientras aguanten el peso de los libros, el resto me da bastante igual. Se me hace raro dar este tipo de noticias porque casi todos mis amigos y familiares son grandes lectores y, por supuesto, grandes acumuladores de libros, pero me imagino que hay gente que no vive con el síndrome de Diógenes librero. ¿Qué pensáis de todo esto? ¿Dejaremos algún día de tener estanterías abarrotadas de libros?
Vía | La Vanguardia.com


Menudo título, señores. Cosas que hacen bum tiene esa clase de títulos que te empujan a proyectar el brazo hacia la estantería para, como mínimo, leer la sinopsis. Después de leer la sinopsis, os lo garantizo, estaréis tentados de leer al menos la primera página.
El máximo organismo de control de la propiedad intelectual peruano, el Indecopi, ha fallado que
Ésa es sólo una de las muchas cosas que puedes hacer desde casa y con un simple click de ratón gracias a la digitalización y al acceso libre y gratuito a las hemerotecas. Pero imaginemos las infinitas posibilidades no sólo para la diversión sino para la docencia o la investigación. Y todo con un coste de mantenimiento ínfimo.
Hablamos del peso real de la literatura, del peso de los libros, de los gramos y kilogramos de cada paralelepípedo confeccionado con árboles muertos y manchados con insectos de tinta. Durante la época veraniega, propicia para las excursiones y a los viajes mochileros, el título y el argumento de los libros que llevamos con nosotros rivaliza en importancia con el peso y las dimensiones de los libros en sí, como objetos que transportar.
