‘El canon’, de Natalie Angier
Al poco de abordar esta obra de reciente aparición en las librerías, avalada además por una oleada de críticas entusiastas, enseguida me di cuenta de que me enfrentaba a una especie de Bill Bryson femenina. Eso significa: diversión a raudales, rigor, continuos guiños al lector y una documentación exhaustiva. No me equivoqué. Natalie Angier escribe sobre temas de biología para el New York Times, por lo cual recibió un premio Pulitzer. Antes que El canon, escribió un libro dedicado a la mujer que fue proclamado el mejor libro del año por numerosas publicaciones americanas especializadas (próximamente saldrá a la venta, y el mismo día que lo haga, juro y perjuro que lo leeré).
Y no me extraña el revuelo que ha levantado esta humilde y dicharachera autora con esta obra descomunal y fascinante. Mi emoción al leer sus páginas era tal que no pude dejar de hacerlo de principio a fin. Me dejé los ojos, pero en contrapartida me hinchó el cerebro y el corazón hasta límites que creía imposibles. He llorado, he reído y me he enamorado para siempre de Natalie Angier. Sin duda, El canon es uno de los más brillantes y divertidos libros de divulgación científica que he leído. Pero divertido de verdad, con el cafeínico speech y las continuas alusiones a la cultura pop de Las chicas Gilmore.
El canon constituye la columna vertebral de todo lo que uno debería saber, como mínimo, para no parecer un egocéntrico analfabeto incapacitado moral y mentalmente para abrir su estúpida boca a propósito de cualquier asunto, por pequeñísimo que éste sea. Lo desesperante es que el 99 % de la gente ignora el 99 % de lo que se dice en este libro, y seguimos adelante dando palos de ciego, como perfectos indocumentados.
