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		<title>Magazine - las-consolaciones-de-la-filosofia</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 13:19:29</pubDate>

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      <title><![CDATA[‘Las consolaciones de la filosofía’, de Alain de Botton]]></title>
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      <pubDate>Sun, 23 Nov 2008 13:42:06 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/11/Consolaciones.jpg" alt="" />Carambolas de la vida, cayeron en mis manos dos libros con similares propósitos: el popularísimo <em>Más Platón y menos Prozac</em>, de Lou Marinoff, y el que es objeto de esta reseña, <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>. </p>

	<p>El primero confieso que fui incapaz de acabarlo: trataba de arreglar el mundo con cuatro recetas demasiado elementales, tenía aspecto de autoayuda cogida por los pelos, era pretencioso, limaba algunas aristas para que todo encajara en su tesis, mostraba una arrogancia y una superioridad frente a los demás saberes un poco estomagantes… casi parecía un publirreportaje para dar trabajo a una nueva clase de profesional: el terapeuta filosófico. </p>

	<p>El segundo, del infalible <strong>Alain de Botton</strong>, sin embargo, es mucho menos ambicioso pero también más juicioso y templado.</p>

	<p>Lo que más me llama la atención de <strong>Las consolaciones de la filosofía</strong>, este modesto manual para enfrentarse a la vida con cierto bagaje intelectual (no lo confundamos con un libro de autoayuda aunque juegue en la misma liga), es su tremenda facilidad para simplificar las ideas filosóficas más abstrusas en narraciones asequibles para profanos. La imagen recuerda a la de un grupo de hormigas rojas actuando con voracidad metódica sobre el cadáver de un animal: al final sólo queda la osamenta, un armazón limpio de impurezas gracias a la infinita pedagogía del autor. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La primera parte del libro, que trata sobre la independencia de nuestras ideas y nuestras acciones y la natural tendencia de la gente al gregarismo, resulta especialmente conmovedora gracias al relato de Sócrates, que mantuvo sus convicciones hasta el final, conservando la serenidad incluso en el momento de tomarse la cicuta. Hasta su carcelero, tras compartir unas horas de charla con él, acabó lamentando que el mundo deseara eliminar de un plumazo a un hombre tan amable, lúcido y sensible. También era bastante feo, pero se le perdona. </p>

	<p>Luego viene una segunda parte dedicada al dinero, las posesiones y la publicidad, usando el pensamiento estoico de Séneca como hilo conductor, poniendo en evidencia que tenemos unas concepciones peligrosamente optimistas sobre el mundo y sobre los demás.</p>

	<p>Más tarde leeremos sobre la ineptitud, tanto social, como cultural e intelectual, de la mano de Montaigne, que era todo un especialista en narrar las miserias humanas, empezando por él mismo. </p>

	<p>Del amor y sus tribulaciones se encargará Schopenhauer. Y de las dificultades en general, Nietzsche, quien opinaba que la felicidad no era la ausencia de conflicto sino el saberse enfrentar con inteligencia al conflicto, entresacando lecciones que más tarde nos permitirán evitar otros. </p>

	<p>Y es que <strong>Las consolaciones de la filosofía </strong>es un delicioso libro que arrojará un poco de luz a aquellas cuestiones que suelen obstaculizar el buen vivir, todo ello de una forma amenísima, franca, de un autor que no gusta enredar con conceptos ininteligibles y que, por el contrario, tal y como sostenía Montaigne, cree que la claridad expositiva y la diversión no están reñidas con la rigurosidad. </p>

	<p>Ahí va un fragmento de la parte dedicada a Montaigne a propósito de las pedorretas:</p>

	<p><blockquote><p>Montaigne había oído hablar de un hombre que sabía tirarse pedos a voluntad y en cierta ocasión había organizado una pedorrera como acompañamiento métrico de un poema. No obstante, semejante alarde de control no contraviene su observación general en virtud de la cual nuestro cuerpo se lleva la palma sobre nuestra mente y nuestro esfínter es sumamente “indiscreto y escandaloso”. Montaigne conocía incluso un trágico caso de un trasero “tan turbulento y rebelde que tiene a su amo sin aliento tirándose pedos constantemente y sin remisión desde hace cuarenta años, llevándole así a la muerte.</p></blockquote></p>

	<p>Editorial Taurus, 2001 <br />
295 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=362">Ficha en Editorial Taurus</a></p>      ]]></description>
      </item>
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      <title><![CDATA[[Lectura para el Verano] ‘El arte de viajar’, de Alain de Botton]]></title>
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      <pubDate>Sun, 17 Aug 2008 12:50:21 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/08/Bottom_viajar.jpg" alt="" />Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. <strong>El arte de viajar</strong>, de <strong>Alain de Botton</strong>, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.</p>

	<p><strong>Alain de Botton </strong>(Suiza, 1969) es filósofo, aunque de los cercanos y divulgativos, nada pedantes, pero sí enciclopédicos, sobre todo cuando se pone a hacer referencias literarias: enseguida te entran unas ganas locas por leer todo lo que recomienda. <strong>Botton</strong> es ya autor de diversas obras que han acercado la filosofía al gran público desde prismas totalmente nuevos, como <em>Las consolaciones de la filosofía</em>, <em>Cómo cambiar tu vida con Proust </em> o <em>Ansiedad por el estatus</em>. Algunos de ellos, incluso, han tenido adaptaciones para la pequeña pantalla en forma de documentales, todos ellos altamente recomendables.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Así que, a la luz filosófica de <strong>Alain de Botton</strong>, viajar precisa de un adiestramiento propio del que pretende embarcarse en cualquier otra actividad artística o intelectual. Porque viajar puede ser algo muy serio y trascendente, y no una mera huida de la rutina diaria donde apenas importa el destino siempre que éste sea lejano. Para ello, <strong>Botton</strong> recomienda, en primer lugar, prescindir de las guías de viajes sobre los lugares que vamos a visitar. A su modo de ver, las guías de viaje nos impiden que nuestra curiosidad, la verdadera brújula que debe encaminar nuestros pasos, aflore y enriquezca la experiencia con encuentros fortuitos. Porque, aunque parezca increíble para muchos, la Torre Eiffel no tiene por qué ser lo que un turista de París necesite visitar para regresar a casa satisfecho. La mayoría de viajes guiados por los lugares comunes suelen defraudar al viajero. El verdadero viaje debe alimentarse previamente con lecturas y experiencias personales. </p>

	<p>Para ratificar su teoría principal, <strong>Botton</strong> divide cada capítulo de <strong>El arte de viajar </strong>en dos partes: por un lado se narra un viaje del autor, y por el otro se invoca a un escritor o un artista célebre para señalar algunos aspectos sobre la actitud que debe tomar un viajero. Así, además de las lúcidas descripciones y reflexiones de <strong>Botton</strong> en torno a los aeropuertos, las alfombras exóticas, los romances o los minibares de hotel, encontraremos apuntes de Baudelaire y Flaubert y su vindicación del movimiento geográfico; de William Wordsworth y su aprecio por la naturaleza; o de Edgard Hopper y Van Gogh y su afición por ilustrar sus viajes. Este último punto es relevante en la tesis de <strong>Botton</strong>: la necesidad de plasmar con dibujos lo percibido en el viaje (o escribirlo en un diario) debería suplir la obsesión por tomar montañas de fotografías en las que uno aparece siempre posando en los lugares típicos (fotografías que son como postales que pueden ser adquiridas o descargadas de Internet sin efectuar realmente el viaje). Sin embargo, una forma mucho más poderosa de capturar la belleza y la extrañeza de lo que vemos es dibujarlo en un cuaderno, o escribirlo, lo cual también añade un plus de exclusividad con la que ninguna postal puede rivalizar.</p>

	<p><blockquote><p>Un impulso dominante al encontrar la belleza es el deseo de aferrarse a ella: poseerla y darle relevancia en nuestras vidas. La necesidad de decir &#8220;he estado aquí, lo he visto y me ha importado&#8221;. Mas la belleza es fugitiva, la hallamos con frecuencia en lugares a los que puede que jamás regresemos, o bien es el resultado de una insólita conjunción de la época, la luz y las condiciones meteorológicas. ¿Cómo arrreglárselas pues para poseerla, cómo aferrarse al tren flotante, a los ladrillos con aspecto de torta dulce o al valle inglés?</p></blockquote></p>

	<p>En definitiva, un libro imprescindible para amantes de los viajes, muy bien documentado aunque nada denso, de uno de los filósofos más mediáticos del momento. Un libro que, incluso, abogará por reconocer con nuevos ojos los lugares que nos rodean, tal y como hizo Xavier de Maistre en 1790, que acabó emprendiendo un viaje por su propia habitación, titulando la crónica de lo que allí había visto de este modo: <em>Viaje alrededor de mi cuarto</em>.</p>

	<p>Editorial Santillana <br />
Colección Taurus Pensamiento, 2002<br />
246 páginas </p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=410">Editorial Taurus Santillana</a>  <br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/lecturas+verano">Lecturas para el verano</a></p>      ]]></description>
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