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		<title>Magazine - las-cosas</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 07:19:49</pubDate>

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      <title><![CDATA['Un hombre que duerme', de Georges Perec]]></title>
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      <pubDate>Tue, 01 Dec 2009 07:38:14 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image6152" class="derecha" alt="Un hombre que duerme"  src="http://img.papelenblanco.com/2009/11/impedimenta_perechombre.jpg" />A menos de un mes para agotar el 2009 puedo afirmar, sin dudarlo, que <strong>Georges Perec </strong>ha sido uno de los protagonistas literarios de mi año. De enero a noviembre he leído cuatro obras suyas, de las cinco que conozco. Lo descubrí casi por casualidad (¿cómo pude?, ¿por qué no antes?) y empecé por la cumbre, siguiendo sus instrucciones  para manejar la vida. El riesgo que se corre al comenzar por lo más alto es encontrar insulso todo el antes y el después; sin embargo cada línea de Perec me ha sorprendido, me ha vuelto exclamativa, me ha hecho feliz de leer. Así ha ocurrido con mi última lectura <em>perequiana </em>del año que, curiosamente, tiene mucho que ver con la que inició el 2009, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec">Las cosas</a>. </p>

	<p><strong>Un hombre que duerme</strong> es el relato de un ser anónimo que opta por la acción del título: dormir, entendiendo esta actividad  no como mero acto de descansar mente y cuerpo, sino como actitud total ante la vida: pasar por ella sin hacer ruido, sin elegir, sin inmutarse, sencillamente “dejarse vivir”. </p>

	<p><blockquote>Las definiciones varían según las horas, según los días, pero el sentido permanece más o menos claro: te sientes poco hecho para vivir, para actuar; para hacer cosas; no quieres más que durar, no quieres más que la espera y el olvido.</blockquote><!--more--></p>

	<p>Narrado en segunda persona, ‘Un hombre que duerme’ es lo que imagino opuesto a la personalidad de su creador, un Georges Perec que, desde el fondo de la fotografía, semeja un hervidero de ideas en movimiento; palabras, juegos, cosas que brotan de sus ojos y parecen poder romper el estatismo. Si Kafka –quien figura en la primera página como cita y vanguardia de  lo que leeremos a continuación– fabuló la metamorfosis de un hombre en insecto, Perec da vida a una transformación que reside, precisamente, en la anulación de aquélla. Pero mientras el autor checo nos habló de una fantasía irrealizable que, además, se producía de forma involuntaria y repentina, el francés no fabula, sino que <strong>retransmite desde el fondo más íntimo la deliberada  y progresiva mutación de un hombre en nada</strong>: <em>Algo que nunca tendrá fin va a comenzar: tu vida vegetal, tu vida anulada.</em></p>

	<p>Dos años separan esta novela de su <em>opera prima</em>, ‘Las cosas’, y a pesar de lo diferente de sus argumentos, resulta notable la semejanza entre ellas. Todavía no han asomado los juegos lingüísticos que tiempo después sentarán la base de sus obras, pero sí se rastrea ya el gusto por ese detalle que a veces se viste de largas, pero jugosas enumeraciones. Frente al deseo de riqueza de ‘Las cosas’, encontramos la voluntad de la apatía en ‘Un hombre que duerme’.  En ambos casos Perec nos habla del vacío que lo inunda todo: la ambición por poseer termina poseyendo a Sylvie y Jérôme, dos vidas huecas que se agotan de forma inversa a los objetos que acumulan (o anhelan); mientras el “tú” anulado emprende una lucha inactiva por alcanzar el vacío.</p>

<blockquote>Que los días comiencen y que los días acaben, que el tiempo transcurra, que tu boca se cierre, que los músculos de tu nuca, de tu mandíbula, de tu mentón se relajen del todo, que sólo el subir y bajar de tu caja torácica, los latidos de tu corazón sigan dando testimonio de tu paciente supervivencia.</blockquote>

	<p>Dejarse llevar por el tiempo –que <em>ya no penetra, está alrededor</em>– ejecutando las acciones mínimas imprescindibles para sobrevivir. Cómo no pensar en nada, cómo no hablar, cómo no elegir, cómo no exclamar, interrogar, ni tan siquiera enunciar. Sólo puntos suspensivos que suspenden el aire y a esa segunda persona, a ese tú (ojalá nunca yo), al que sólo le quedan los reflejos elementales. Romper todo vínculo con el exterior, con la ciudad, con los amigos, con los objetos; aniquilar cualquier posible dependencia o deseo. Detener tu vida. <em>¡Libre como una vaca, como una ostra, como una rata!</em></p>

	<p>Pero este ejercicio de introspección, este mirarse a uno mismo desprovisto de todo lo demás termina develándose como una trampa, como un falaz intento de resistir. Ya ni siquiera tiene sentido la monotonía, antes refugio repetitivo de acciones vacías, ahora confirmación de lo inevitable: <em>Nada es lo suficientemente fuerte para luchar contra el tiempo.</em> Porque el tiempo y la vida siguen, a pesar de tu inacción, a pesar de tu acción. <em>El mundo no se ha movido y tú no has cambiado. La indiferencia no te ha dejado indiferente</em>.</p>

	<p>Cuarenta años después de la aparición de ‘Un hombre que duerme’ la vida sigue, el mundo gira, Perec ya no está, pero sí sus obras que multiplican y alegran lectores. Definitivamente si hay algo que sus textos no son capaces de producir es indiferencia. Leer a Perec produce movimiento, reflexión, sonrisas (que a veces derivan en carcajadas) y casi siempre, de un modo u otro, tristeza: por la sagacidad a la hora de diseccionar la vida humana, de desmenuzar cada ínfimo detalle <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/lo-infraordinario-de-georges-perec">(lo infraordinario)</a>, de mirar cara a cara el espejo. </p>

	<p>Lean a Perec, léanlo. Si les sucede como a mí y de repente se sienten asaltados por una sensación de insólita incomodidad, estén tranquilos: es que acaban de descubrir algo sin lo que su vida de lector estará vacía.</p>

	<p>Editorial Impedimenta<br />
ISBN: 978-84-937110-6-1 <br />
136 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.impedimenta.es/ficha.php?id=42">Ficha en Impedimenta</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/lo-infraordinario-de-georges-perec">Lo infraordinario</a>, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec">Las cosas</a>, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/que-pequeno-ciclomotor-de-manillar-cromado-en-el-fondo-del-patio-de-georges-perec">¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?</a> (Obras de Georges Perec)</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?', de Georges Perec]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/novela/que-pequeno-ciclomotor-de-manillar-cromado-en-el-fondo-del-patio-de-georges-perec</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/novela/que-pequeno-ciclomotor-de-manillar-cromado-en-el-fondo-del-patio-de-georges-perec</guid>
      <pubDate>Thu, 23 Jul 2009 16:48:46 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image5517" class="derecha" alt="¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?" src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/pereciclo.jpg" />Quien dice <strong>Georges Perec</strong> dice “juego”, “divertimento”, “travesura literaria” si se quiere. En ningún caso encontraremos en sus libros un estilo, digamos, “tradicional” (si es que éste existe): Perec juega, experimenta con las palabras, con las frases, con la fonética y, por supuesto, con las historias que narra. </p>

	<p>Con su primera obra, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec">Las cosas</a>, recibió el Premio Renaudot y fue aclamado por la crítica como una revelación de las letras francesas; de todos sus textos es, quizás, el menos experimental, si bien ya se aprecia su estilo y ese toque de ruptura, de visión inconforme e irónico-humorística. Un año después, en 1966, publicó <strong>¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?</strong>, que desconcertó al punto de no recibir casi ninguna mención en la prensa. Salta a la vista que el estilo de uno y otro libro es radicalmente diferente: la calma basada en el deseo de opulencia de ‘Las cosas’ choca con la velocidad argumental y literaria que transmite en esta <em>novella </em>en que la comicidad arranca ya en el título.</p>

	<p>El argumento, sencillo, desopilante y no falto de un dramático realismo, termina al servicio del lenguaje y sus posibilidades. Con esto no quiero decir que su importancia sea menor, sino que resulta tan apabullante el despliegue de estilo (muchas veces mediante la ruptura) que el punto de partida de la historia se nos queda, dentro de su originalidad, en un lugar secundario. <!--more--></p>

	<p>Lo que se esconde tras tan curioso y extenso título es un pintoresco grupo de amigos que se afanan por ayudar a un compañero de su colega Henri Pollak, <em>cabo furriel provisto de un petardeante pequeño ciclomotor (de manillar cromado)</em>, al que van a destinar a la guerra de Argelia. Los diversos métodos contemplados para cumplir dicha meta son debatidos y argumentados (con seriedad para ellos, con hilaridad para el lector) con sus pros y sus contras, pero todos apuntan a lo mismo: imposibilitarlo físicamente. Tras descartar la rotura de un brazo (amenazas de profesionales médicos de por medio), optan por generarle un ligero desequilibrio mental durante el tiempo que dure el examen. Ochenta páginas con inicio, nudo y desenlace. </p>

	<p>Es cómica la manera en la que se trata la cuestión, en la que se mueven los personajes, en la que se produce la acción, y lo es, sobre todo, por los juegos literarios de Perec. Nunca sabremos el nombre exacto del personaje al que se debe incapacitar, pues en cada referencia a él (y son continuas) se le modifica el apellido: Karamanlis, Karatoro, Karafón, Karabugaz, Karalelepípedo… Se alterna la jerga con la incorrección fonética y hasta con un diálogo al estilo del Siglo de Oro. Hay continuas acotaciones de autor travieso, como si un colega desatado y locuaz estuviera explicándonos su última aventura con chascarrillos entre paréntesis. Disponemos, incluso, de una pausa casi teatral tras las primeras treinta páginas: “El lector que quiera hacer una pausa ahora, puede. A fe mía que hemos llegado a lo que algunos autores excelsos (…) llaman una articulación natural”. En definitiva, Perec se divierte y, en consecuencia, el lector también.</p>

	<p>Tanto divertimento concluye rizándose sobre sí mismo al final del libro, punto en que nos topamos con el</p>

<blockquote><p>Índice de las flores y los ornamentos retóricos y, más exactamente, de las metábolas y las parataxis que el autor cree haber encontrado en el texto que acaba de leer.</p></blockquote>

	<p>Ni más ni menos que un listado de figuras retóricas (y agudezas varias) con indicación de página incluida. Un año después de publicar este libro, Perec ingresó como miembro del <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/los-juegos-del-oulipo">Oulipo</a>, ¡méritos no le faltaban!</p>

	<p>No obstante los chistes, la parodia, la “juerga”, al fin y al cabo, que viven sus protagonistas, Perec nos habla de algo serio, trágico y terrible: la guerra. En toda su  literatura, envuelta de arte combinatoria (como ‘La vida instrucciones de uso’) o de experimentación lingüística, yace una reflexión profunda, seria y descriptiva de la naturaleza humana.</p>

	<p>Imagino la traducción de este texto como una tarea marcada por la dificultad y la locura. Mención, pues, a Marisol Arbués y Hermes Salceda (con la colaboración de Mercé Burrel) por tan valiente trabajo.</p>

	<p>En pocos meses he descubierto tres obras de Georges Perec y en cada una de ellas (todas tan diferentes entre sí y, al mismo tiempo, tan profundamente perequianas) he encontrado un regalo literario. Perec es eso, un regalo para las palabras, como Cortázar, como Calvino, mi personal tríada de jugadores.</p>

	<p>Editorial Alpha Decay<br />
ISBN: 978-84-936540-5-4<br />
88 Páginas</p>

	<p>Más informacíón | <a href="http://www.alphadecay.org/libro/que-pequeno-ciclomotor-de-manillar-cromado-en-el-fondo-del-patio">Ficha en Alpha Decay</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec">Las cosas, de Georges Perec</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/lo-infraordinario-de-georges-perec">Lo infraordinario, de Georges Perec</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/escritores/los-juegos-del-oulipo">Los juegos del Oulipo</a></p>      ]]></description>
      </item>
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      <title><![CDATA['Lo infraordinario', de Georges Perec]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/escritores/lo-infraordinario-de-georges-perec</link>
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      <pubDate>Mon, 20 Apr 2009 14:40:42 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image6156" class="derecha" alt="Lo infraordinario" src="http://img.papelenblanco.com/2009/11/perec_infraordinario.jpg" /><blockquote><p>Lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?</p></blockquote></p>

	<p>La respuesta que da Georges Perec a esta cuestión es así de simple: “interrogar a lo habitual”. Es decir, fijarnos en todo aquello que, debido a la cotidianidad, hace mucho tiempo que dejó de sorprendernos.  Cosas pequeñas, insignificantes, tan sutiles que rara vez les concedemos atención. No interesan los grandes titulares de los periódicos, esas noticias que todos vociferan por igual, sino el día a día que se calla. Lo infraordinario.</p>

	<p>Para Italo Calvino, Perec fue <em>una de las personalidades literarias más singulares del mundo, al punto de que no se parece a nadie en absoluto</em>, muestra de lo cual es prácticamente cualquier texto de su autoría. En ‘Notas sobre lo que busco’ Perec señaló  los que eran los cuatro polos de su escritura: “el mundo que me rodea, mi propia historia, el lenguaje, la ficción”. Queda patente en su primera novela, ‘Las cosas’, en su obra cumbre, ‘La vida, instrucciones de uso’ y, de forma clara, también en ‘Lo infraordinario’. El recuerdo y la enumeración de objetos, datos, cosas, conforman la historia de sus personajes y del propio autor. A medias entre realidad y ficción, entre juegos de palabras y hondas reflexiones es el modo por el que Perec se expresa y construye. <!--more--></p>

	<p>Como un diario sin orden, como un cajón lleno de anotaciones de café, como, en suma, pequeños destellos del Perec humano y literario, Impedimenta nos presenta por primera vez en español distintos textos que fueron publicados en diversos medios, con introducción de Guadalupe Nettel y valiente traducción de Mercedes Cebrián. </p>

<blockquote><p>Me importa mucho que parezcan triviales e insignificantes: es precisamente lo que las hace tan esenciales o más que muchas otras a través de las cuales tratamos en vano de captar nuestra verdad.</p></blockquote>

	<p>Porque nuestra vida, al fin y al cabo, no se erige sólo con grandes acontecimientos, sino sobre todo con un cúmulo de mínimos puntitos que están ahí, aunque parezcan invisibles. Para Proust fue una magdalena, y para otro puede ser el papel de una pared, un jersey viejo o una palabra. ¿Quién no se ha sorprendido al recordar, de repente y sin conexión conocida, una antigua costumbre, una risa concreta, una imagen infantil?</p>

	<p>Son hechos infraordinarios pero que, en su momento, dijeron mucho de un espacio, de un lugar, de un estado de ánimo. Las ‘Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos’ (dedicadas a Calvino, por cierto), poco más que resúmenes telegráficos de vacaciones; la detalladísima descripción de la Rue Vilin, más elocuente que cualquier calendario; la visión tan personal de Londres; la sorprendente ‘Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que engullí en el transcurso del año mil novecientos setenta y cuatro’, que me hizo darme cuenta de cuán aburrido es mi menú…. , o mi favorito, ‘El Santo de los Santos’, donde Perec realiza una ácida descripción del término “oficina”. </p>

	<p>‘Lo infraordinario’ no debe leerse como una novela, ni un relato, ni una secuencia lógica de escritos, sino como pinceladas sueltas de una vida que se conforma de hechos minúsculos. Por este motivo no lo considero una lectura apropiada para quien desconoce a Perec, pero sí una muy sabrosa y gratificante para quien ya es adepto.  Como los “almanaques” de Julio Cortázar (‘La vuelta al día en ochenta mundos’, ‘Último round’), ‘Lo infraordinario’ supone la guinda final, que todo lo articula, en el universo Perec. </p>

	<p>Editorial Impedimenta<br />
128 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.impedimenta.es/ficha_infraordinario.htm">Ficha en Impedimenta</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2009/02/16-las-cosas-de-georges-perec">Reseña de &#8216;Las cosas&#8217;</a></p>      ]]></description>
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                    <item>
      <title><![CDATA['Las cosas' de Georges Perec]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/novela/las-cosas-de-georges-perec</guid>
      <pubDate>Mon, 16 Feb 2009 18:11:58 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4871 alt="Las cosas" src="http://img.papelenblanco.com/2009/02/perec_cosas.jpg" /><strong>Georges Perec </strong>fue un escritor peculiar. Amante de la experimentación, del juego literario, del descubrimiento de nuevas vías estéticas, obtuvo el Premio Renaudot en 1965 con su primera novela, <strong>Las cosas</strong>. Dos años más tarde se unió al <strong>OuLiPo </strong>(Taller de Literatura Potencial), creado por Raymond Queneau y François Le Lionnais en 1960, y del que formaban parte escritores (<a href="http://www.papelenblanco.com/tag/italo+calvino">Italo Calvino</a>, por ejemplo), matemáticos y pintores (Marcel Duchamp). Directamente ligado al Colegio de Patafísica, el objetivo del OuLiPo era <em>la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca</em>, todo esto, por lo general, mediante la unión de la literatura con las matemáticas.  </p>

	<p>Bajo esta influencia Perec compuso la mayor parte de su obra literaria: en <strong>La desaparición </strong>no aparece ni una sola vez la letra “e” (la más común en francés y que, en su traducción española, fue sustituida por la “a”); en oposición, en <strong>Les revenentes</strong>, sólo utiliza esa vocal. En <strong>Alphabets</strong>, no repite ninguna consonante sin haber usado antes todas las restantes del alfabeto, y en su novela más conocida, <strong>La vida: instrucciones de uso </strong>(1978), articula la trama mediante el movimiento del caballo en el ajedrez.</p>

	<p>Si bien en <strong>Las cosas</strong> esta experimentación todavía no ha aflorado, sí se perciben en ella otros rasgos que serán constantes en la literatura de Perec. Uno de los más llamativos es la descripción al detalle basada en objetos, en posesiones, en cosas. Perec recurre con frecuencia a la enumeración de artículos que, lejos de ser una retahíla insustancial de elementos de catálogo,  se convierte en la clave definitoria de cada personaje. En realidad, en esta su primera novela se erige en el centro de la historia. Son las cosas, que se poseen o que se anhelan, las que escriben el devenir de la pareja protagonista, Sylvie y Jérôme.  <!--more--></p>

	<p>Conocemos la vida actual de estos jóvenes parisinos, su pasado y su proyección de futuro a partir de lo que tienen o dejan de tener, de aquello (material, vendible) que observan con fruición desde el otro lado del escaparate. Pasean por las suculentas calles de París atestadas de manjares, prendas de vestir a la última moda, muebles de lujo, antigüedades tentadoras. Opulencia y consumismo.  </p>

	<p><blockquote><p>Les habría gustado ser ricos. Creían que habrían sabido serlo. Habrían sabido vestir, mirar, sonreír como la gente rica. Habrían tenido el tacto, la discreción necesarios. Habrían olvidado su riqueza, habrían sabido no exhibirla. No se habrían vanagloriado de ella. La habrían respirado. Sus places habrían sido intensos. Les habría gustado andar, vagar, elegir, apreciar. Les habría gustado vivir. Su vida habría sido un arte de vivir.</p></blockquote></p>

	<p>Su satisfacción, su confortabilidad, su felicidad al fin y al cabo descansa sobre la idea de riqueza. No son los objetos, o la vida que una buena cuenta corriente les permitiría disfrutar lo que les nubla la vista, sino el dinero que hay tras todo ello; es decir, simple y puramente la riqueza. </p>

	<p><em>Quieren la superabundancia</em>, y esa ambición determina sus decisiones, sus relaciones, sus compromisos. Todo lo que hacen, lo que piensan, todo a lo que renuncian es medido y valorado en función de lo que no tienen pero deberían tener. Esa inmensidad paraliza sus acciones y sus disfrutes. El cristal que los separa del objeto ansiado también los separa de ellos mismos, de la vida que se les escapa de los dedos a cada segundo mientras suspiran por la fortuna ajena. </p>

	<p><blockquote><p>En el mundo en que vivían, era casi de rigor desear siempre más de lo que se podía adquirir. No eran ellos quienes lo habían decretado; era una ley de la civilización. […] En nuestros días y en nuestros países cada  vez hay más personas que no son ni ricas ni pobres: sueñan con riquezas y podrían hacerse ricas: ahí es donde empiezan sus desgracias.</p></blockquote></p>

	<p>Esta novela fue escrita en la década de los sesenta, cuando todavía el nivel de consumismo, de derroche, no era ni mucho menos como lo es en la actualidad. Estamos rodeados por carteles que nos gritan que seremos más felices cuanto más tengamos, quiero decir, cuanto más compremos. En efecto, siempre deseamos más de lo que tenemos y cada vez a niveles más altos. El gran problema aparece cuando la altura de nuestros deseos nos impide ver lo que efectivamente hemos logrado.</p>

	<p>Sylvie y Jêrôme pasan sus años oprimidos por la riqueza que creen merecer, por los objetos que desean, por la vida que codician. Fuera de eso, sólo les queda el vacío y una comida insípida.</p>

	<p>Una excelente novela que puede servir como suculento aperitivo para lo que todavía no conozcan a Georges Perec  y, además, una lectura casi necesaria para los tiempos que corren.</p>

	<p>Editorial Anagrama<br />
158 páginas</p>      ]]></description>
      </item>
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