
La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable.
No suelo responder por alusiones. Me parece entrar en un círculo vicioso en donde digo de lo que han dicho sobre lo que yo he dicho que no lleva a ninguna parte. Pero el post anterior sobre Flaubert ha suscitado reacciones tan extrañas que me incitan a retomar el tema. Me dicen que estoy en contra de la publicación en papel, cuando en realidad doy consejos para publicar; que pido humildad al escritor, cuando eso sería cortarle las alas (aunque evitar ser un ególatra pomposo no le viene mal a nadie, y menos a la propia obra); incluso que voy pidiendo que la gente escriba gratis, como si fuera un capataz de hacienda con la fusta al cinto. Grotesco.
Mi tesis es una sola: la escritura en internet no es inferior ni menos digna que la publicada. Por supuesto, no queda igual en el currículum. Publicar una novela o un poema te hace novelista o poeta, escribir en un blog te hace… uno más. Entre millones. Una vocecita en el estruendo digital. Pero piensa esto. Un escritor novel tiene con suerte una tirada de 10.000 ejemplares, de los que puede vender un 10%. Ahora piensa en el post de un blog posicionándose poco a poco en Google, consiguiendo una humilde visita a la semana, luego cada tres días, luego cada dos. En diez años ¿qué estará más presente? ¿Y en veinte?


