
A las anotaciones de Luisfer acerca de los libros sobrevalorados, así como a vuestros comentarios sobre los mismos me remito para reflexionar sobre varias cuestiones. He visto en ciertos comentarios que la mala experiencia con libros proviene en muchas ocasiones de una lectura obligada.
Sí, esos libros que todos recordamos con amargor, que nos impusieron en el colegio o en el instituto y para los cuales no estábamos preparados. O para los que no estaban preparados nuestros profesores y como consecuencia de ello no nos los supieron presentar de manera adecuada. Porque a casi cualquier libro es posible sacarle algún aspecto positivo y lo difícil es venderlo bien. La motivación es un factor importantísimo a la hora de afrontar la lectura de una obra a esas edades.
La lectura temprana, inmadura, de una obra literaria, también puede frustrar el acercamiento a ciertos libros.


Un año más el blog colectivo ADLO! Novelti Librari, dedicado al segumiento del mundo editorial del cómic, convoca sus “Premios Internacionales”. Todos los lectores e internautas estamos invitados a participar votando por los nominados repartidos en 18 variadas categorías: autores, editoriales, distribución, fans, repercusión del cómic en las noticias serias… Todos ellos tienen en común una única cosa: ninguno querría estar en la lista. Porque los premios ADLO! son los Razzies más destacados del cómic hispano, en donde los aficionados se vengan – con muchas dosis de humor y mala baba – de las chapuzas y malos productos que tienen que padecer. Y, de paso, de algunos de los personajes que pululan por el mundillo.
La Federación de Gremios de Editores (FGEE) realiza desde hace varios años un estudio sobre hábitos de lectura y compra de libros, y ya han hecho públicos los datos de 2006.
Las largas jornadas de busqueda constante de inspiración, horas y horas frente al papel inventando y descartando personajes imaginados, intensas tareas de corrección, búsqueda de un estilo atrayente,... Realmente la labor del escritor profesional o aficionado requiere de grandes sacrificios. ¿Hay algo que pueda compensar este esfuerzo? Por supuesto que sí. Para empezar, el saber que tus palabras van a llegar a unos lectores, sea cual sea la cantidad. Y que a través de ellas vas a hacerlos soñar, reír o emocionarse. ¿Hay mejor premio que ese? El problema es que, cada año, miles de relatos de gran calidad perecen en el olvido, abandonándose para siempre en cualquier cajón.