
No sé si recordaréis mi lista de libros para leer este verano. Algunos de ellos ya están más que finiquitados, otros aún esperan para ser leídos y unos cuantos más se han colado por ahí, porque han caído en mis manos de improviso y quién soy yo para decirles que no… El libro del que os voy a hablar hoy, sin embargo, es de la lista oficial, de hecho, el que ostentaba el primer puesto, Breve historia de un amor eterno de Szilárd Rubin. No hay nada como una historia de amor trágica para amenizar un verano…
‘Breve historia de un amor eterno’ nos trae una historia de amor imposible, cruel y profundamente humano. En una Hungría devastada por la II Guerra Mundial, Attila y Orsolya, pertenecientes a clases sociales distintas se aman de una manera desmedida, brutal. Attila, joven pobre criado por su abuela que trabaja en el mercado, comienza una relación con Orsolya, hija de buena familia venida a menos tras la guerra. Y eso sólo será el comienzo de la destrucción de sus vidas.
Attila vivirá obsesionado por la diferencia de clases y Orsolya se erigirá como un muro, impenetrable. De la mano de Attila, veremos como pasa el tiempo, con referencias continuas al pasado, lo que nos llevará a descubrir la historia de este amor destructivo. Las humillaciones públicas y privadas, los malos tratos, el sexo por compasión serán tan sólo algunos de los capítulos que viviremos mientras asistimos al descenso al infierno personal de Attila. Una novela intensa, dura y sin concesiones al sentimentalismo.



Como los compañeros que me han precedido, yo también voy a comentaros las lecturas más suculentas que voy a tener este verano.



Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. El arte de viajar, de Alain de Botton, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.