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06 marzo 2008

Leopoldo María Panero: "El loco yerra, pero no miente"

Paolo Fava

retrato-leopoldo-maria-panero.jpgHay pocas sagas familiares tan sulfúreas, atormentadas y al mismo tiempo brillantes en la literatura española como la de los hijos de Leopoldo Panero; las tragedias de los Goystisolo apenas les hacen sombra. Los Panero han sido los grandes malditos del mundo artístico e intelectual del último cuarto del siglo XX, y este a su vez ha sentido una fascinación un tanto morbosa por ellos. Prueba de ello son las películas biográficas El desencanto (1976) de Jaime Chávarri y Después de tantos años (1994) de Ricardo Franco, en dónde los Panero abrían sus entrañas, exhibían su mutuo resentimiento y daban cuenta de su decadencia.

La historia de los Panero no ha interesado sólamente por ser la de una familia disfuncional, prototipo de una época en sus últimos estertores: un padre autoritario y prohombre del franquismo, una mujer sometida cuyas aspiraciones literarias fueron ensombrecidas, y tres hijos que vacilaron entre el enfrentamiento y el afán de superación a la figura paterna. El mayor, Juan Luis, viajó a Latinoamérica y se codeó con Octavio Paz, Borges y Rulfo antes de regresar y cosechar un cierto éxito como poeta. El menor, Michi, fue un personaje de la bohemia y la movida madrileña antes de morir de cáncer en 2004.

Pero la figura central de esta red es Leopoldo María, el poeta loco. Una figura revolucionaria en su juventud, militante antifranquista, de sexualidad ambigua y adicciones extremas (llegó hasta la heroína) al que la vida cortó las alas muy pronto con varios casos de depresiones clínicas y finalmente un cuadro de esquizofrenia. Leopoldo María Panero ha vivido desde los 22 años entre ingresos constantes en psiquiátricos y hoy reside, por decisión propia, en la Unidad Psiquiátrica de Las Palmas de Gran Canaria. Pero ni por un momento ha dejado de hacer poesía, narración y ensayo. Su voz torturada y rota abarca desde la elevación formal de la escuela poética de los novísimos hasta el testimonio desde la profundidad del abismo.

Soy Leopoldo María Panero. Llevo seis años en el infernal manicomio de Mondragón. Llevo seis años sin compañía porque con los locos no se puede hablar de nada más que de potorros y de cipotes. Son todos una pandilla de follaburras asquerosos, porque yo creía que eran una pandilla de angelitos porque había sufrido mucho, sobre todo los crónicos. Pero precisamente porque han sufrido mucho son los hijos de la gran perra que me he encontrado en la vida.

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