Como ya nos anunciaba Juliana la semana pasada, el Congreso de los Diputados ha votado la nueva Ley del Libro. Las principales novedades de esta ley son la liberalización de los precios de los libros de texto y la formalización del canon bibliotecario. La primera ya ha causado el previsible regocijo del Gremio de Editores (veremos que tal se lo toman los padres en septiembre).
En cuanto al canon… se aprueba lo que ya sabíamos, se deja en aire lo que no, y se siguen diciendo las mismas tonterías. En esta ocasión hemos tenido la satisfacción de oir a la mismísima ministra Carmen Calvo, y no a cargos intermedios, pronunciarse sobre el tema. Resumiendo:
Como ministra hago cuentas y procuro obtener la mayor rentabilidad y es más barato pagar el canon que no será nunca más de un millón y medio de euros al año en todo el territorio nacional que los 300.000 euros diarios que tendríamos que pagar de multa
No está mal (y demuestra que la chica no es sólo de letras). Sí, el canon bibliotecario es una imposición europea, pero sorprende la docilidad con la que se acata, casi como si se agradeciera la coartada. La iniciativa contra el canon ha elevado su queja a Bruselas, y ningún político español ha estado ahí para apoyarles.

Ya se le ha dado rúbrica de aprobación en el Senado español a la Ley del Libro de este país. Una Ley que ha resultado muy polémica por, al menos, dos puntos: el precio único y el canon de préstamo bibliotecario. 