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		<title>Magazine - libros</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 05:05:12</pubDate>

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      <title><![CDATA[Los 10 libros más vendidos de la historia]]></title>
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      <pubDate>Thu, 02 Feb 2012 16:25:24 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image10195" src="http://img.papelenblanco.com/2012/02/9671176.jpg" class="centro" alt="9671176.jpg" />Si bien el hecho de que un libro se venda más que el otro <strong>no aporta ninguna información objetiva sobre la calidad de uno u otro libro</strong>, el ser humano no puede evitar sentirse atraído por las listas de los más vendidos, ya sean libros, discos, películas o lo que sea. </p>

	<p>Para satisfacer esa atracción, a continuación os presentamos<strong> las obras más vendidas a lo largo de la historia</strong> (sin contar las sagas). No son las mejores, ni siquiera os recomiendo que las les echéis un ojo. Pero si las leéis, al menos podréis compartir conversación con muchas personas que viven en el planeta.</p>

	<p>1. <strong>La Biblia</strong> (Entre 2.500 y 6.000 millones de copias vendidas)<br />
Publicada por primera vez en algún momento entre los años 70 y 105 después de Cristo, es la publicación más vendida  y traducida del planeta. Se estima que se han vendido entre 2.500.000.000 y 6.000.000.000 de ejemplares en 438 idiomas diferentes.</p>

	<p>Es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y el cristianismo. La canonicidad de cada libro varía dependiendo de la tradición adoptada. Según las religiones judía y cristiana, &#8220;transmite la palabra de Dios&#8221;. </p>

	<p>2. <strong>El libro rojo: Citas del presidente Mao Zedong</strong> (Entre 800 y 6.500 millones de copias vendidas)</p>

	<p>El único libro capaz de rivalizar con la Biblia en cuanto a ventas es el libro de Citas del Presidente <strong>Mao Zedong</strong>, más conocido en occidente como el “libro Rojo”. Publicado por primera vez en 1966, se ha traducido a 50 idiomas además del chino original.</p>

	<p>El nombre de Pequeño Libro Rojo le fue dado en Occidente por su edición de bolsillo, especialmente hecha para un más fácil manejo y transporte, ya que los miembros del Partido Comunista debían llevarlo siempre consigo <strong>y su lectura era obligatoria en los colegios</strong>. Actualmente, aunque el lenguaje revolucionario de las citas de Mao ha caído en desuso en la China moderna, el libro se sigue imprimiendo para ser vendido principalmente como recuerdo turístico.<br />
<!--more--></p>

	<p>3. <strong>Xinhua Zidian: Diccionario de caracteres chinos</strong> (400 millones de copias vendidas)</p>

	<p>El Xinhua Zidian (新华字典; literalmente “Diccionario de caracteres de la nueva China”) es el diccionario chino más vendido del mundo, y una de las obras de referencia más populares del planeta. Desde que se publicó en 1957 se han vendido más de 400.000.000 ejemplares.</p>

	<p>4. <strong>Poemas del presidente Mao</strong> (400 millones de copias vendidas)</p>

	<p>Si el libro de Citas del presidente Mao Zedong es el segundo libro más vendido, otros dos libros escritos por el más famoso presidente de la República de China ocupan el cuarto y el quinto puesto de nuestro <em>top ten</em> de libros. En este caso se han vendido más de 400 millones de ejemplares del libro de poemas de Mao Zedong.</p>

	<p>5. <strong>Artículos del presidente Mao</strong> (252 millones de copias vendidas)</p>

	<p>Un puesto por debajo encontramos el libro que recopila los artículos escritos por el expresidente de China, Mao Zedong. Ha vendido 252 millones de ejemplares desde que se publicó en 1966.</p>

	<p>6. <strong>El Corán</strong> (200 millones de copias vendidas)</p>

	<p>El libro sagrado del Islam aparece como el sexto libro más vendido de todos los tiempos. Apareció por primera vez alrededor del año 610 d.C. y, desde entonces, se han vendido alrededor de 200 millones de ejemplares, la mayoría en su idioma árabe original.</p>

	<p>Durante la vida del profeta Mahoma, las &#8220;revelaciones&#8221; eran transmitidas oralmente o escritas en hojas de palmeras, trozos de cuero o huesos, etc. A la muerte del profeta, en 632, sus seguidores comenzaron a reunir estas &#8220;revelaciones&#8221;, que durante el Califato de <strong>Utman ibn Affan</strong> tomaron la forma que hoy conocemos, 114 capítulos, cada uno dividido en versículos </p>

	<p>7. <strong>Historia de dos ciudades</strong> de Charles Dickens (200 millones de copias vendidas)</p>

	<p>La <strong>primera novela de la lista</strong> la encontramos en la séptima posición. En ella se narra la vida en el siglo <span class="caps">XVIII</span>, en la época de la Revolución Francesa. Publicada en 1859, lleva más de 200 millones de ejemplares vendidos.</p>

	<p>Comienza con estas palabras, unas de las más famosas y constantemente citadas de la literatura:</p>

<blockquote>Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos. Es la edad de la sabiduría, y también de la locura. Es la época de la fe, y también de la incredulidad, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo tenemos todo, pero no somos dueños de nada, caminamos derechito al cielo pero tomamos el camino a otro lado. En fin, esta época es tan parecida a todas las épocas, que nada de lo que aquí voy a contar debería, en realidad, sorprendernos. Nada. Ni el perdón, ni la venganza, ni la muerte, ni la resurrección.</blockquote>

	<p>8. <strong>El Señor de los Anillos</strong> de J.R.R. Tolkien (150 millones de copias vendidas)</p>

	<p>La gran obra del profesor J.R.R. Tolkien se encuentra también entre los libros más vendidos de la historia. Publicada habitualmente como tres volúmenes diferenciados, <em>El Señor de los Anillos</em> se considera una sola obra a todos los efectos y, por ello, aparece en este ranking. Se publicó el año 1955.</p>

	<p>J. R. R. Tolkien planeó El Señor de los Anillos como una secuela de su anterior novela, El hobbit, pero terminó por convertirse en una historia de mucho más alcance y extensión.</p>

	<p>Antes de que se publicara <em>El Señor de los Anillos</em>, la editorial George Allen & Unwin e incluso el propio Tolkien temían una avalancha de críticas en contra de la novela; no obstante, recibió comentarios tanto malos como buenos, que iban desde terrible a excelente. Entre las críticas dominaban aquellas que tachaban la obra de infantil: el crítico estadounidense <strong>Edmund Wilson</strong> calificó la obra en el periódico <em>The Nation</em> como &#8220;basura adolescente&#8221;, mientras que el escritor <strong>Edwin Muir</strong> decía que todos los personajes eran como niños que nunca llegarían a la pubertad.</p>

	<p>9. <strong>Escultismo para muchachos </strong> de Baden-Powell (150 millones de copias vendidas)</p>

	<p><em>Escultismo para muchachos: un manual de instrucción en buena ciudadanía haciendo vida de campaña</em> es el libro fundamental del Movimiento Scout cuyo autor es el General <strong>Robert Baden-Powell</strong>, fundador de dicho movimiento juvenil y cuya primera edición completa apareció en Londres en 1908. </p>

	<p>Los derechos de la obra están custodiados por la <strong>Asociación de Scouts Británicos</strong> hasta el año 2011 en el que se cumplen los 70 años de muerte del autor y tiempo en el cual la obra entra dentro del ámbito de dominio público. </p>

	<p>10. <strong>El libro de Mormón</strong> (130 millones de copias vendidas)</p>

	<p>Otro libro religioso cierra el <em>top ten</em> de libros más vendidos. En este caso se trata del libro de Mormón, publicado en 1830 y del que se han vendido 130 millones de ejemplares en todo el mundo. Es uno de cuatro libros sagrados aceptados por <strong>La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</strong>, la <strong>Comunidad de Cristo</strong> y otras ramas del movimiento de los <strong>Santos de los Últimos Días</strong> (comúnmente llamado el mormonismo).</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.sololistas.net/los-10-libros-mas-vendidos-de-la-historia.html">SoloListas</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Libros que dicen cosas que son mentira a propósito]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/libros-que-dicen-cosas-que-son-mentira-a-proposito</link>
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      <pubDate>Tue, 31 Jan 2012 12:38:56 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/the-anarchist-cookbook__.jpg" alt="" />Ya sea como juego, como broma, como guiño o, incluso, <strong>como forma de detectar a un plagiador que se toma literalmente la información ofrecida</strong>, por el mundo corren muchos libros en cuyas páginas se afirman cosas que no son verdad. Cosas que son tan mentira que incluso están dichas a propósitos. Errores flagrantes conscientes de sí mismos. </p>

	<p>Aquí una lista totalmente parcial de algunos de ellos:</p>

	<p>	<li>Uno de los ejemplos más conocidos del mundo de los libros de cocina es el de <em>How to Play with Your Food</em> (<strong>Cómo jugar con tu comida</strong>), de<strong> Penn </strong>y <strong>Teller</strong>, donde se lista una receta imposible de <strong>Swedish Lemon Angels</strong>, un zumo de limón mezclado con bicarbonato sódico que provocaba una efervescente reacción química. Esta receta, en un principio, no pretendió ser nunca una trampa para vulneradores de los derechos de autor sino una broma de los autores, que son una pareja de cómicos americanos. Sin embargo, la receta fue referenciada como cierta en numerosos libros y bases de datos.</li></p>

	<p>	<li>El libro <em>The Goleen Turkey Awards</em> (<strong>Los trofeos del pavo de oro</strong>) describe un buen puñado de películas extrañas y bizarras. <strong>Los autores retaban a los lectores a que encontraran la entrada falsa que habían incluido en el libro</strong>. La mayoría creyó por un tiempo que la película falsa era <em>HIM</em>, que narraba la vida de un Jesús gay. Pero la película era real, pese al estrafalario argumento. La película trampa era <em>Dog of Norway</em>, que supuestamente estaba protagonizada por Muki, el Perro Maravillas, que en realidad era un perro real de uno de los autores. </li></p>

	<p><!--more--></p>

   
	<li>El libro <em>Fragmentos</em>, escrito por un tal <strong>Benjamín Wilkomorski</strong> en 1995, relata la experiencia del autor de niño, cuando nació en un campo de concentración nazi. Meses después se descubrió que el autor no existía. Todo había sido una hábil maniobra de marketing de un escritor suizo que ni era judío ni había estado nunca en un campo de concentración. Tal como sucedió con el autor indio <strong>Nasdijj</strong>, que vendió millones de ejemplares narrando sus experiencias junto a los indios Navajo con libros como <em>La sangre corre como un río por mis sueños</em>. El supuesto autor indio era en realidad <strong>Timothy Patrick Barrus</strong>, popular autor de libros de temática sadomasoquista. Aunque en esta línea, el caso que más titulares estimuló fue el del supuesto escritor <strong>J. T. LeRoy</strong>, que era un adolescente chapero que se convirtió en poco tiempo en un referente de la cultura norteamericana. Al final se descubrió que el adolescente era en verdad una ama de casa de 40 años, la cuñada de una escritora,<strong> Laura Albert</strong>, que había sido repetidamente rechazada por los editores.</li>

	<p>	<li>El caso más delicado de libros tramposos tal vez sea el de <em>The Anarchist Cookbook</em> (<strong>El recetario anarquista</strong>), publicado en 1971 por un tal <strong>William Powell</strong>, aunque todavía hoy no se sabe con seguridad si se trata de un libro real o un engaño urdido por la <span class="caps">CIA</span> o el <span class="caps">FBI</span>. Básicamente, el contenido del libro consta de una primera parte, en la que se expone simplificadamente la filosofía anarquista, y una segunda parte más amplia en la que un tal profesor Bergman describe cómo fabricar drogas o explosivos para abrir las mentes más aburguesadas. Y aquí está la supuesta trampa (o error, en el caso de que el libro sea real): entre los ingredientes que enumera el profesor Bergman hay productos o instrucciones señuelo. En primer lugar, <strong>porque algunos de estos ingredientes son difíciles de conseguir y pueden llamar la atención del responsable de la droguería en la que el presunto anarquista acudirá con la lista de la compra</strong>. En segundo lugar, algunas recetas para explosivos son tan peligrosas que parecen concebidas ex profeso para que sea el propio anarquista el que vuele por los aires. </li></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[McDonald's regalará libros con su menú infantil para fomentar la lectura]]></title>
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      <pubDate>Mon, 30 Jan 2012 07:53:21 +0000</pubDate>

      <author>Sarah Manzano</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image10139" class="centro" alt="mcdonalds libro" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/mcdonalds-book-pile-ad.jpg" /></p>

	<p>Quien más quien menos se ha sentado alguna vez en los incómodos asientos de un <strong>McDonald&#8217;s</strong>, ese restaurante donde te sirven hamburguesas y patatas fritas que, bueno, muy naturales no es que sean&#8230; Creo que todos sabemos, también que con los menús infantiles suelen regalar algún juguetito que, invariablemente, acaba siendo más utilizado por los adultos de la mesa que por el propio niño (ejem)... Pues bien, <strong>en el Reino Unido la cadena norteamericana iniciará en febrero una campaña en la que en vez de juguetes regalará libros con el menú infantil</strong>. Y a mí me parece genial, oiga.</p>

	<p>McDonald&#8217;s ha llegado a un acuerdo con la editorial <strong>HarperCollins</strong> y entregará con cada menú un libro de <strong>Michael Morpurgo</strong>, un autor que está siendo conocido ahora en nuestro país gracias a la adaptación al cine de su novela <strong>Caballo de batalla</strong>, pero que en Inglaterra sí es bastante conocido. Eso sí, por ahora sólo se realizará esta campaña en Reino Unido. Los compañeros de <a href="http://www.pequesymas.com/nutricion/mcdonalds-inicia-una-campana-en-el-reino-unido-para-fomentar-la-lectura-en-los-ninos">Peques y más </a>se han puesto en contacto con el departamento de comunicación de la cadena en nuestro país y le han comunicado que, al menos durante este año, en España no se va a llevar a cabo nada parecido. Una lástima.</p>

	<p>Reconozco que me encanta la idea. Está bien, igual la comida no es la más sana, pero hay ocasiones, por pereza, por cercanía, por tiempo o simplemente porque venden patatas fritas (lo siento, tengo un problema muy serio con las patatas fritas&#8230;) en las que se acabará comiendo en un McDonald&#8217;s, y en ese momento, me encantaría que regalaran libros. Os lo dice alguien que ha pedido menús infantiles para conseguir una libreta de <strong>Hello Kitty</strong> o un mini peluche de <strong>Star Wars</strong>. Imaginaos si regalaran libros&#8230;</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.pequesymas.com/nutricion/mcdonalds-inicia-una-campana-en-el-reino-unido-para-fomentar-la-lectura-en-los-ninos">Peques y más</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/adaptaciones/tenemos-el-trailer-de-la-adaptacion-de-caballo-de-batalla">Tenemos el tráiler de la adaptación de &#8216;Caballo de batalla&#8217;</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Una visita con mi abuela a la biblioteca de mi infancia]]></title>
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      <pubDate>Mon, 26 Dec 2011 06:27:48 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image10038" src="http://img.papelenblanco.com/2011/12/biblioteca1.jpg" class="centro" alt="biblioteca1.jpg" />Abuela –le dije una tarde-, ¿podemos ir a aquel sitio?<br />
-¿Adónde?<br />
-Allí –le señalé con el dedo. –Me han dicho mis amigos que hay muchos libros y revistas.<br />
-Ah, eso. <strong>Es la biblioteca del barrio</strong>.<br />
-Entonces, ¿qué?<br />
-¿Qué de qué? –Aquel alarde de retórica unió a la impaciencia el desconcierto.<br />
-Que si me llevas.</p>

	<p>Cruzamos toda la plazoleta, y luego recorrimos un sendero de grava que nos condujo a la puerta principal de la biblioteca, custodiada por dos altos cipreses. Era un edificio de dos plantas, rectangular, de líneas sobrias y <strong>fachada restaurada hacía poco tiempo</strong>.</p>

	<p>La barahúnda del exterior (sobre todo la monótona cantinela de una anciana que voceaba cupones) fue sofocada como por ensalmo al adentrarnos en el vestíbulo. Resaltamos enseguida, a los pocos segundos de franquear la puerta, ya que el lugar no estaba precisamente concurrido. <strong>En realidad no era la primera vez que entraba en una biblioteca</strong>, pero sí era la primera vez que entraba con mi abuela, que sinceramente no era muy leída.</p>

	<p>Me acometió la imperiosa necesidad de contaminarla del entusiasmo que me embargaba; de explicarle lo fascinante que sería leer aquellos volúmenes; que todas aquellas obras eran una suerte de <a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltObtenerHtml?origen=RAE&LEMA=rueda&SUPIND=0&CAREXT=10000&NEDIC=No">ruedas Catalinas</a>, pequeñas y sin importancia aparente, pero decisivas para el devenir del tiempo y el movimiento hacia el futuro. Pero cuál fue mi sorpresa al advertir como ella, por sí misma, avanzaba por el vestíbulo, pasando junto a las fotocopiadoras, las vitrinas de exhibición de los recursos de reciente ingreso en el sistema y el mostrador de Circulación y Préstamo, <strong>tomaba un diccionario</strong>, ubicado en las estanterías que rodeaban la sala de lectura, y lo abría por la primera página.<br />
<!--more--></p>

	<p>Me acerqué, asomándome a las mohosas páginas del volumen número tres de un lexicón de griego clásico. Parecía que lo estaba leyendo, <strong>pero mi abuela no era capaz de tal cosa</strong>. No era ciega, ni tampoco padecía<strong> alexia</strong>, una incapacidad para descifrar la escritura producida por una lesión de la circunvolución angular del neocórtex, en el lóbulo parietal. Simplemente era analfabeta, la lesión había sido cultural, no cerebral. Se detuvo en algunas páginas, observando aquellas indescifrables líneas repletas de palabras y definiciones, hasta que lo cerró y, con una sonrisa en los labios, me preguntó si no sería más divertido mirar un libro con dibujos o fotografías.</p>

	<p>Aquella no era la Biblioteca Lenin de Moscú, ni la Biblioteca del Congreso en Washington, ni siquiera la Biblioteca Nacional de Pekín, la <em>Nationale</em> de París o la Británica de Londres&#8230; y <strong>mucho menos la de Alejandría</strong>. Pero no importaba. Los libros son idénticos en todos los sitios.</p>

	<p>Para mi abuela, sin embargo, la mayoría de libros solo estaban llenos de garabatos de una excesiva horizontalidad. <strong>Aún hoy me sorprendo de la paciencia de mi abuela</strong>. Sabía de su aburrimiento en aquel lugar incomprensible para su masa gris, pero jamás me lo comunicó directamente, supongo que por temor a que me enfadase con ella. </p>

	<p>Tan sólo se limitaba a lanzarme indirectas y a observar mi trabajo, intentando adivinar cómo lograba entretenerme durante tanto tiempo con aquellas líneas aserradas (como las que muestran las constantes vitales en el monitor de un hospital) y ondulantes (como un osciloscopio de rayos catódicos), para terminar exhalando un suspiro. Me sentía como <strong>Edward Gibbon</strong> elaborando su <em>Decadencia y caída del Imprerio Romano</em>, escrutado constantemente por el primer duque de Gloucester, <em>William Henry</em>:</p>

	<p><em>Otro maldito libro, grueso y cuadrado. ¡Siempre garabateando, garabateando y garabateando! ¿Eh, señor Gibbon?</em></p>

	<p>Cerré el libro y, armándome de paciencia, traté de explicarle porqué no era extraño que me fascinara la lectura. </p>

	<p>-Estos libros que estamos mirando ahora han costado tanto o más que el transistor que te pones por las noches, pero los libros están construidos esencialmente de neuronas.<br />
-¿Neronas?<br />
-O sea, cerebros. Es como si la gente que hace estos libros copiara una parte de su cerebro a estas páginas, yo las leo, y por eso aprendo tantas cosas, porque estoy leyendo los cerebros de otras personas.<br />
-¡Anda! Entonces&#8230; ¿por eso sabes tantas cosas?<br />
-Por eso. Imagínate que puedes meter en un libro tus recuerdos del verano que pasaste en Valverde del Camino. O cualquier otro recuerdo.<br />
-Mi primer novio, el Antonio, que era muy alto y fuerte.<br />
-Pues eso. Lo metes en un libro y luego otras personas pueden enterarse de lo alto y fuerte que era Antonio.<br />
-Vaya&#8230;<br />
-Imagina poder leer con todos los detalles que quieras como dos chicos se suicidan porque sus familias no quieren que se amen como lo hacen, como un estudiante confiesa haber asesinado con un hacha a un prestamista y a un dependiente o como un príncipe se salva de que lo condenen por matar a su madre para vengarse del asesinato de su padre.<br />
-¿Todo eso lees?</p>

	<p>Me había referido a <em>Romeo y Julieta</em>, de <strong>Shakespeare</strong>, a <em>Crimen y castigo</em>, de <strong>Dostoievsky</strong> y a <em>Las Euménides</em>, de <strong>Esquilo</strong>. Mi abuela no lo sabía y lamentablemente nunca lo descubriría (salvo en alguna versión televisiva de las obras).</p>

	<p>Ella examinó de nuevo el libro, frunciendo el entrecejo. Mi explicación la había entusiasmado, pero comprendía que, a pesar de todo, su lesión cultural le hacía contemplar la lectura como una actividad aburrida: debía fijar la mirada en un objeto plano, grueso, <strong>elaborado con pulpa de madera</strong>... tarea que de inmediato transformaba mi metáfora de los cerebros plasmados en papel era una fantasía infantil. </p>

	<p>Me hubiese gustado, sinceramente, que algún día mi abuela <strong>escuchase la voz que resuena en la mente de cualquier lector</strong> cuando éste pasea sus ojos sobre las letras&#8230; como tú. (¿Qué tal? Ehh&#8230; ehh&#8230; hola, hola, ¿oyes como resuena mi voz? Ahora continúa, y perdona esta intromisión ilícita en tu cabeza).</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Algunos libros que buscan la felicidad y, tal vez, nos enseñan a encontrarla]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/algunos-libros-que-buscan-la-felicidad-y-tal-vez-nos-ensenan-a-encontrarla</link>
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      <pubDate>Thu, 24 Nov 2011 10:53:02 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/munchkins.jpg" alt="" />Si hemos de hablar de libros que pretenden enseñarnos a ser más felices (o simplemente a reflexionar qué es la felicidad), sin duda aparecen en la cabeza de lista <strong>toda la sección de autoconocimiento y autoayuda que figura en cualquier librería</strong>. Pero eso es muy fácil. Vamos a buscar libros un poco diferentes, que enfocan el problema de la felicidad de una manera más oblicua, y, a mi juicio, certera.</p>

	<p>Un buen libro para tener una perspectiva genera quizá sea <em>El viaje a la felicidad</em>, de <strong>Eduardo Punset</strong>, por ser muy básico y divulgativo y tener ciertos cimientos en lo último en investigación neurocientífica.</p>

	<p>Por ejemplo, uno de esos pilares básicos lo constituye nuestro lugar de nacimiento y, sobre todo, <strong>la información que poseemos sobre el resto del mundo</strong>. Un chadiano puede llegar a ser feliz en muchas ocasiones ignorando cómo es el Primer Mundo, como lo eran las clases bajas de la gleba durante la Edad Media, que no llegaban a imaginar cuán lujoso era el estilo de vida de sus reyes. Sencillamente <strong>asume su clase social y sabe que, haga lo que haga, nunca podrá escalar a otra clase superior</strong>. </p>

	<p>Pero basta que exista una posibilidad, basta que el chadiano ponga una radio o una televisión para <strong>que aparezca la insatisfacción de anhelar lo ajeno</strong>, tal y como explica brillantemente el filósofo Alain de Botton en otro libro indispensable para buscar la felicidad: <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/aansiedad-por-el-estatusa-de-alain-de-botton">Ansiedad por el estatus</a>. Ésta es, sin duda, una de las causas de la inmigración masiva: el Primer Mundo que aparece en los medios de comunicación se parece bastante al <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Munchkin">País de los Munchkins</a>. Y todos quieren, queremos mudarnos al País de los Munchkins. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>Robert Lane</strong>, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale, señala que el sentimiento de felicidad está generado por <strong>un aflujo de dopamina del cerebro</strong>, en el núcleo <em>accumbens</em> cerebral, una región relacionada también con las respuestas placenteras de las drogas. </p>

<blockquote>La evolución ha equipado a los humanos con una variedad de deseos que les hace felices. Las diversas culturas enfatizan diferentes deseos en épocas distintas, que permiten así la continuidad y el cambio histórico.</blockquote>

	<p>Lane cuestiona el tópico de que<strong> la prosperidad acarrea siempre una mayor dosis de felicidad</strong>. Una vez cubiertas las necesidades básicas, no es el dinero el factor de aumento de bienestar, sino otros menos evidentes. Desde 1948 hasta 1970, los sueldos de los norteamericanos se duplicaron, pero ello no repercutió en un mayor índice de felicidad si nos basamos en los estudios realizados. Los japoneses, que quintuplicaron sus sueldos entre 1958 y 1987, se encuentran en la misma situación, según un artículo publicado en la revista Science. Porque ganar el premio gordo de la lotería produce un subidón efímero, pero luego la felicidad regresa a los niveles anteriores, según un estudio de la revista <em>Journal of Health Economics</em> liderado por el profesor Andrew Oswald, de la británica Universidad de Warwick. </p>

	<p>Lo que hace feliz a un habitante de un país próspero parece que son aquellos rasgos que se han empobrecido, como las relaciones sociales o familiares. Para la historiadora <strong>Jennifer Michael Hecht</strong>, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, &#8220;las cosas que nos hacen ahora felices no son las mismas que en el pasado, y cambiarán en el futuro&#8221;. ¿Explicaría eso por qué Bután, ese pequeño país de la región del Himalaya, está en el octavo puesto del <strong>ranking elaborado por la Universidad de Leicester sobre los países más felices</strong> a pesar de tener una renta per cápita de 1.200 dólares y una esperanza de vida de 55 años? </p>

	<p><img class="izquierda" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/hapiness.jpg" alt="" />La cosa se complica cuando añadimos otro factor de índole biológica: <strong>que la felicidad de cada uno está ampliamente determinada por la herencia genética y que el entorno sólo influye tangencialmente</strong>. </p>

	<p>Y para acabar de liar toda la madeja, ¿acaso la felicidad es lo más deseable o sólo el deseo de alcanzarla en lo gratificante, después de todo? La felicidad en exceso es paralizante, pareja a la muerte. Experimentos con ratas que disponen de un pulsador para transmitirse, vía neuroquímica, un subidón de endorfinas arrojan un poco de luz sobre esto. Al poco de que la rata descubre la felicidad sintética que le suministra el pulsador, <strong>comienza a perder el interés por efectuar otro tipo de tareas</strong>, incluso las más básicas como comer, hasta el punto de que muere de inanición. </p>

	<p>En la misma línea de razonamiento, una divertidísima novela de <strong>Will Ferguson</strong>, <a href="http://www.papelenblanco.com/novela/ahappinessa-de-will-ferguson">Happiness</a>, presenta una sociedad que ha obtenido la felicidad absoluta gracias a un libro de autoayuda que realmente funciona. El libro de marras, titulado <em>Lo que aprendí en la montaña</em>, de <strong>Tupak Soiree</strong>, provoca que la gente esté tan contenta que consigue que simplifique su forma de vestir, que prescinda de vehículos y <strong>que hasta abandone sus respectivos empleos dejando un cartel tipo</strong>: <em>Estoy pescando</em>. Los editores del libro se ven obligados, pues, a buscar la ayuda de un misántropo contumaz para que redacte la réplica de este libro beatífico que suministra un nirvana extático. Sólo así todo volverá a ser cómo era.</p>

	<p>La felicidad, entonces, no parece algo que debamos poseer en esencia, <strong>sino simplemente necesitar, anhelar</strong>. Es en el proceso de búsqueda de la felicidad cuando, por el camino, vamos recibiendo, a trompicones, pequeñas dosis de bienestar. Lo que nos acelera el corazón es imaginar todo lo que podremos conseguir, pero una vez conseguido, aunque la dosis de felicidad suba muchos enteros, al ser ésta elástica, volveremos a la posición inicial y necesitaremos plantearnos otro reto aún mayor para conseguir el mismo efecto (esta dinámica se parece mucho a la que se establece con el consumo de drogas: el mono provoca movimiento; la dosis, una eufórica muerte feliz).</p>

	<p>Resulta un poco desazonante el asumir estos parámetros vitales en los que nuestro bienestar parece que <strong>pende del hilo de un hambre infinita que nunca podemos ni debemos saciar del todo</strong>. A nivel evolutivo, este mecanismo tiene mucho sentido: sólo los que sientan que algo falta, que hay huecos que rellenar, que hay cumbres que escalar, se las ingeniarán para mejorar las condiciones que les rodean. A nivel personal, quizá consuelen estas palabras de <em>Happiness</em> que asumen la infelicidad como parte de la vida:</p>

<blockquote>¿Qué somos, Jack? ¿Quiénes somos? No somos nuestros cuerpos. No somos nuestras posesiones, ni nuestro dinero ni nuestra posición social. Somos nuestras personalidades. Nuestras flaquezas, nuestras manías, nuestras excentricidades, nuestras frustraciones y nuestras fobias. Si quitamos todo eso, ¿qué nos queda? Nada. Sólo caparazones humanos felices y estúpidos. Miradas vacías y expresiones insípidas, Jack (…) Pronto todo el mundo hablará igual, sonreirá igual, pensará igual. Las personalidades se diferencian cada día menos. Las personas están desapareciendo. Y usted es el culpable, Jack. Es un asesino.</blockquote>

	<p>Sea como fuere, qué remedio, habremos de caminar cual funambulistas por la delgada línea que separa la felicidad paralizante de la depresión paralizante, aunque, como seres advenedizos que todavía somos, nos permitamos apoyarnos con un pie en uno u otro lado… no demasiado, lo prometemos.</p>

	<p>Pero como dije más arriba, también es determinante escoger bien dónde queremos vivir para alimentar nuestra felicidad. Y sobre ese tema hay muchos libros, y también estadísticas. <strong>Algunas estadísticas nos señalan que el lugar más feliz de la tierra está en Vanuatu. Otras, que está en Dinamarca</strong>. Así pues, ¿dónde está el lugar más feliz del mundo? Mi elección personalísima es una ciudad poco conocida y que no figura en ninguno de estos índices de felicidad, y que el escritor de libros de viajes <strong>Bill Bryson</strong> me descubrió en su obra <a href="http://www.papelenblanco.com/viajes/aen-las-antipodasa-de-bill-bryson">En las antípodas</a>. Esa ciudad es <strong>Perth</strong> y está en Australia. Perth es una metrópoli bastante aislada del mundo y Bryson la describe así:</p>

<blockquote>Tras de ti hay 2.700 km de inmóvil y rojiza desolación hasta Adelaida; anti ti no hay nada más que 5.000 millas de un mar azul y uniforme hasta África. La razón de que 1,3 millones de miembros de una sociedad libre elijan vivir en un lugar tan solitario y fronterizo es algo que vale la pena considerar, pero el clima ya lo explica en parte. Perth tiene un clima estupendo, agradable, de esos que hace silbar a los carteros y que carga de energía a los repartidores. (…) Pero lo que caracteriza a Perth es que cuenta con uno de los parques más grandes y hermosos del mundo, Kings Park. Ocupa unas cuatrocientas cinco hectáreas en un risco sobre la amplia cuenca del río Swan, y es todo lo que debería ser un parque urbano: lugar de recreo, santuario, paseo, jardín botánico, mirador, monumento.</blockquote>

	<p>En cuanto a vosotros, probad alguno de los lugares de las diferentes listas ordenadas por el grado de felicidad, el que más conecte con vuestras disposiciones naturales. Si escogéis Vanuatu, estoy convencido de que muchos de vosotros, tras una temporada, acabaríais echando de menos la contaminación, los ruidos y los tubos de escape; las cañas de bambú os deprimirían, el océano reluciente os acabaría resultando molesto para la vista, los canturreos de los pájaros os producirían migraña, los aromas de las flores os recordarían al ambientador químico de un taxi, la sobreexposición a un sol brillantísimo os acabaría produciendo cáncer de piel; en definitiva, os sentiríais encerrados en una cárcel de cristal de Bohemia. Y como dice el escritor <strong>David Foster Wallace</strong> en su ensayo periodístico sobre sus vacaciones en un crucero de lujo <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/aalgo-supuestamente-divertido-que-nunca-volvere-a-hacera-de-david-foster-wallace">Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer</a>, finalmente os aburriréis de ver todo el día a hombres y mujeres en bañador:</p>

<blockquote>…he visto y registrado todas las modalidades de eritema, queratosis, lesiones premelanómicas, machas de la vejez, eccemas, verrugas, quistes populares, panzas, celulitis femoral, varices (…) Es decir, he visto casi desnuda a un montón de gente a quien habría preferido no ver en ningún estado parecido a la desnudez.</blockquote>

	<p>Si escogéis Dinamarca, entonces más pronto que tarde t<strong>erminaríais odiando justo lo contrario que anhelabais en Vanuatu</strong>. Porque vayáis donde vayáis, no tardaréis en toparos con alguien que os diga: &#8220;perdona, estoy buscando mi cápsula de cianuro para suicidarme, ¿la has visto?&#8221; </p>

	<p>Porque, qué gran verdad, con el tiempo de todo se cansa uno, por eso Adán y Eva renunciaron inconscientemente al Edén. Lo que sí os puedo garantizar sin ningún género de dudas es que el lugar más feliz del mundo no se halla en el País de los Munchkins, <em>over the rainbow</em>, con todos esos agolosinados colores infringiendo las leyes más elementales del buen gusto, sino aquí mismo. Abrid los ojos y lo veréis.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los libros no son tan interesantes como la realidad]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuando-los-libros-no-son-tan-interesantes-como-la-realidad</link>
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      <pubDate>Sat, 12 Nov 2011 22:21:30 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image9856" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/4526172814_7b1c10a8d5.jpg" class="centro" alt="4526172814_7b1c10a8d5.jpg" />Sí, los libros son importantes. Pero a menudo los grandes lectores confunden la función de los libros. Porque los libros no son más interesantes que la realidad sino que <strong>nos enseñan a registrar mejor la realidad</strong>, como ya esbocé en <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-libros-que-me-ensenaron-a-mirar">Los libros que me enseñaron a mirar</a>. </p>

	<p>Por ejemplo, nos podemos dejar hipnotizar por los eufónicos y sugerentes nombres de los lugares descritos en las novelas de fantasía, <strong>como la Tierra Media de Tolkien</strong>. Pero si aprendéis a mirar un atlas sobre nuestro mundo,  descubriréis lugares como Wee Waa, Burrumbuttock, Boomahnoomoonah, Mullumbimby, Ewlyamartup, Jiggalong. Unos nombres extrañísimos que, sin embargo, existen en un país tan &#8220;normal&#8221; como Australia.</p>

	<p>Y en <strong>Estados Unidos hallé calles con nombres tan fantásticos </strong>como Road to Happiness (Camino a la felicidad), None Such Place (No hay Tal Lugar), Hell For Certain (El Infierno para algunos) o Shades of Death Road (Las tonalidades de la Muerte), y en Inglaterra: Whip Ma Whop Ma Gate. Y me dejo muchos en el tintero.</p>

	<p>Cuando al fin me di por convencido de que el mundo era más grande y exótico de lo que yo había imaginado (o de lo que las agencias de viajes me sugerían con sus ofertas turísticas) fue justo en el momento en que leí<strong> acerca de cómo se forman los tsunamis en el Mediterráneo</strong>. En el artículo que consulté se hablaba de diversos proyectos científicos para impulsar una red de perforaciones marinas con objeto de prever los tsunamis. Al final del artículo aparecía un dibujo del Mar Mediterráneo con los puntos de perforación en zonas de posibles corrimientos de tierra. Los nombres de estos puntos me parecieron propios de otro planeta: Llanura abisal iónica, Llanura abisal de heródoto, Talud de Israel. Nombres tan sonoros y sugerentes que podrían figurar en cualquier novela de ciencia ficción. </p>

	<p>A partir de entonces, empecé a mirar, en vez de ver. Tal y como lo expresa <strong>Patricia Schultz</strong> es su libro con hechuras de Biblia <em>1.000 sitios que ver antes de morir</em>:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Para mí todo se reduce a una cuestión de punto de vista: como le dijo el sherpa a Edmund Hillary en las laderas del monte Everest, algunas personas viajan sólo para mirar, mientras que otros lo hacen para ver. Algunos guerreros de la carretera pueden ir de Nueva York a Los Ángeles a toda mecha sin guardar ni un detalle del recorrido en su memoria; yo puedo pasear por una manzana en el centro de Manhattan y volver a casa con un cartón de leche y varias historias que contar. Al final, la cantidad de kilómetros recorridos no guarda relación con el placer real que nos proporciona un viaje; la belleza inherente del mundo y la promesa de todos los tesoros aún por descubrir nos rodea en todo momento.</blockquote>

	<p><img class="centro" id="image9857" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/cheshire-cat-tim-burton.jpg" class="centro" alt="cheshire-cat-tim-burton.jpg" />Y mirando con atención descubrí algo fabuloso. Que no sólo había sitios con nombres que parecían salidos de libros de ficción sino que también existían sitios que<strong> incluso eran más interesantes y extraños que los descritos por muchos escritores</strong>. Como si la expresión &#8220;la realidad siempre superá a la ficción&#8221; hubiera adquirido un mayor sentido para mí. ¿Cómo no había leído apenas nada de todos esos lugares verdaderos? ¿Por qué sabía más de los lugares imaginados por cineastas o escritores que de los lugares que me rodeaban? La respuesta era simple, además de sobrecogedora: <strong>los lugares de la realidad no habían sido tan bien publicitados como los lugares de la fantasía</strong>. </p>

	<p>Por eso sabíamos más acerca de la Atlántida que de Puntlandia. Lo real, lo próximo, estaba borroso para nuestros sentidos. Casi era invisible. Como si padeciéramos presbicia o cataratas. </p>

	<p>Leer mucho, pues, sólo es una medida para corregir nuestros defectos de visión para registrar la realidad con mayor definición, no para escapar de ella, tal y como siempre intentó el poeta <strong>S. T. Coleridge</strong> y que en su prólogo a <em>Poesía lakista</em> expresa así:</p>

<blockquote>Prestar el encanto de la novedad a las cosas cotidianas y suscitar un sentimiento análogo a lo sobrenatural, despertando la atención de la mente del letargo del hábito, y dirigiéndola hacia el encanto y las maravillas del mundo que se ofrece ante nosotros; un tesoro inagotable pero para el cual, en virtud del velo de familiaridad y de preocupaciones egoístas, tenemos ojos, pero no ven, oídos que no oyen, y corazones que ni sienten ni comprenden. </blockquote>

	<p>Porque con unas lentes bien enfocadas, podréis deleitaros de las cosas cotidianas tal y como lo hacía el poeta inglés <strong>William Wordsworth</strong>. (Aunque quizá no de forma tan entusiasta, casi lisérgica, como para escribir composiciones como las suyas: <em>Estrofas elegíacas a un cochinillo, Odas pindáricas al pastel de grosella o Un himno al día de la colada</em>).</p>

	<p>Todos estamos acostumbrados a dejarnos transportar por las geografías imaginarias que nos presentan las novelas. <strong>J. R. R. Tolkien</strong> ha conseguido con <em>El señor de los anillos</em> que muchos de nosotros sepamos más de la Tierra Media que de muchos países que existen de verdad. Y también que deseemos hacer turismo por la Tierra Media antes que por cualquier otro sitio real (a ser posible a lomos de un caballo blanco y con una espada milenaria en ristre). Porque Tolkien ha conseguido que aprendamos geografía narrándonos las batallas, las traiciones, los romances y las aventuras que en ella se han sucedido. </p>

	<p>Acostumbrándonos a consumir una versión amena y bestselleriana del mundo, donde no existen disquisiciones farragosas, tan aburridas como ese libro del colegio que nos explicaba cómo funcionaba la fotosíntesis. </p>

	<p><img class="centro" id="image9858" src="http://img.papelenblanco.com/2011/11/matrix_redpill.jpg" class="centro" alt="matrix_redpill.jpg" />Por esa razón, es natural que la mayoría de gente tienda a refugiarse en las leyendas, los mitos, el folclore, la ficción, la mentira inventada por otros. <strong>Las versiones liofilizadas de la realidad</strong>. Como esas novelas clásicas que están orientadas para principiantes en un idioma extranjero y cuya riqueza de vocabulario no excede las 300 palabras. Mitos menos interesantes que la realidad, porque el mito está limitado por las fronteras estéticas y epistemológicas del autor del mito. Y su inspiración para fundar ese mito ha sido la inabarcable realidad.</p>

	<p>Pero con este artículo no sólo espero demostrar que la realidad, aunque más difícil de abordar por su complejidad, termina siendo mucho más fascinante que la ficción digerible. También espero demostrar que<strong> las cosas verdaderamente interesantes están en los detalles</strong>, en la letra menuda de un contrato, bajo la superficie de lo que percibimos de un vistazo, de los rasguños que sólo percibimos después de haber leído mucho, y mucho. En todas esas cosas que no suelen figurar en una versión aviñetada a velocidad de <span class="caps">ADSL</span> que nos han ofrecido de los lugares turísticos y no turísticos. </p>

	<p>Un buen exponente son las pirámides egipcias, que a todos nos fascinan, de las que se han rodado documentales y películas y se han escrito toda clase de libros, incluidos esotéricos y de ciencia ficción.<strong> Pero casi nadie sabe de las pirámides chinas</strong>, aunque sean más raras y exóticas. Ni tampoco de las pirámides bosnias. O hablemos de viajes en sí mismos. Solemos invertir mucho tiempo en las aventuras de mentira, plasmadas en novelas o películas, olvidándonos de gestas que superan la ficción. Todos sabemos quién es <strong>Phileas Fogg</strong> y que dio la vuelta al mundo en 80 días de la mano de <strong>Julio Verne</strong>. Pero este viaje es exclusivamente literario. ¿Cuántos conocen el viaje real de una mujer que hacia las mismas fechas batió el récord de Fogg? <strong>Nellie Bly</strong>, una periodista americana que, en 1889, consiguió por primera vez <strong>dar la vuelta al mundo en 72 días</strong>. Incluso escribió un cuaderno de viaje sobre la experiencia titulado <em>Vuelta al mundo en 72 días</em>.</p>

	<p>Con este artículo pretendo que la próxima vez que hojeéis un atlas os parezca estar leyendo un libro de territorios inexplorados por el hombre. Aunque no aparezca Xanadú o Utopía, sabréis localizar sitios mucho más extraños. Y también mucho más reales. <strong>Tan reales que podréis visitarlos cuando os plazca</strong> (aunque no todas las demás personas sepan visitarlos). Y entonces os sentiréis como esos lectores que hace tres siglos se enfrentaron por primera vez a la lectura de <em>Viajes de Lemuel Gulliver a varias naciones remotas del mundo</em> de <strong>Jonathan Swift</strong>, creyéndose a pies juntillas que las islas de los gigantes y de los enanos allí descritas existían en realidad. Todo consiste en abandonar la <em>Lebenswelt</em> en la que estamos instalados. Porque el mapa de la Tierra Media sólo ocupa dos páginas de libro. Pero un atlas cartográfico verdaderamente detallado, lleno de esas cosas que la mayoría de nosotros ignoramos, debería tener el tamaño del propio mundo, tal y como refirió <strong>Borges</strong>:</p>

<blockquote>En aquel tiempo el arte de la cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba una ciudad, y el mapa de un imperio, toda una provincia. Con el tiempo, esos mapas desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.</blockquote>

	<p>Tras mucho leer os daréis cuenta. Ya no seréis como Dorothy que, tras recorrer el camino de baldosas amarillas, se enfrenta al <strong>Mago de Oz</strong>. Dorothy descubre que tras la cortina donde se esconde el verdadero Mago de Oz sólo hay un hombre que acciona palancas y manubrios para conseguir crear el efecto visual que cualquiera espera hallar si visita a un mago. Pero lo verdaderamente interesante no estaba en ese mago de mentira, ni en esa cortina, ni tampoco en ese pobre diablo que pulsaba botones y hablaba a través de un distorsionador de voz. Lo verdaderamente interesante es aquello que el autor del libro no explica y que la realidad correctamente visitada sí puede hacerlo. Es decir: <strong>la fabulosa tecnología que aquel hombre emplea para proyectar la efigie sobredimensionada y espectral del Mago de Oz</strong>. Un buen lector no se quedará en el truco de feria, sino en el funcionamiento del truco en sí. </p>

	<p>Tras la lectura, no os limitaréis a ver la espada de Arturo clavada en la roca, una espada tan bien clavada que por mucho que tiréis de ella no habrá forma de sacarla. Una espada que sólo lograréis sacar si estáis destinados a ello y que os convertirá en el rey de Inglaterra. Tras la lectura, no veréis sino que miraréis.<strong> Examinaréis esa espada que se obstina en permanecer clavada en la roca</strong>. Trataréis de entender las propiedades de los materiales de los que están conformados la roca y la hoja de la espada. Buscaréis precedentes. Una lógica interna. <em>Comprenderéis</em>. Y entonces, no importará si conseguís sacar la espada de la roca. Porque el que sabe mirar se convertierte inevitablemente en rey, y no sólo de Inglaterra.      </p>

	<p>Eso es al menos lo que creo que deben proporcionar los libros: no sólo puertas para escapar, sino telescopios, microscopios y estetoscopios para analizar de una forma totalmente nueva lo que nos rodea. De verdad. Al menos es el mejor piropo que pueden hacerle a una de mis novelas: <a href="http://lapastillaroja.net/libro/preambulo/">que es la pastilla roja, no la azul</a>.
 </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Los 50 libros que todos los niños deberían leer (o que todos nosotros deberíamos haber leído)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/infantil-juvenil/los-50-libros-que-todos-los-ninos-deberian-leer-o-que-todos-nosotros-deberiamos-haber-leido</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/infantil-juvenil/los-50-libros-que-todos-los-ninos-deberian-leer-o-que-todos-nosotros-deberiamos-haber-leido</guid>
      <pubDate>Fri, 12 Aug 2011 10:30:11 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image9443" src="http://img.papelenblanco.com/2011/08/kidsbooks.jpg" class="centro" alt="kidsbooks.jpg" /><strong>Michael Gove</strong>, secretario de Educación del Reino Unido, afirmó que los niños de 11 años deberían leer 50 libros al año para mejorar sus niveles de alfabetización. A ojo cubero, eso supone un libro por semana.</p>

	<p>Así que el periódico británico <em>The Independent </em>solicitaron a tres de los principales autores para niños del país y dos expertos más que seleccionaran individualmente <strong>10 títulos imprescindibles</strong>.</p>

	<p>La lista que quedó tras juntar la selección de los 5 seleccionados fue la siguiente:<br />
<!--more--></p>

	<p>“Alicia en el país de las maravillas” y “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí” de <strong>Lewis Carroll.</strong> <br />
“Pinocho” de <strong>Carlo Collodi</strong>.<br />
“Las joyas de la Castafiore” de <strong>Hergé</strong>. <br />
“Canción de Navidad o Un cuento de Navidad” de <strong>Charles Dickens</strong>.<br />
“El príncipe feliz” de <strong>Oscar Wilde</strong>.<br />
“La isla del tesoro” de <strong>R.L. Stevenson</strong>. <br />
“El viejo y el mar” de <strong>Ernest Hemingway</strong>.<br />
“El jardín secreto” de <strong>Frances Hodgson-Burnett</strong>.<br />
“El diario de Greg” de <strong>Jeff Kinney</strong>. <br />
“El Hobbit y El señor de los anillos” de <strong><span class="caps">JRR</span> Tolkein</strong>. <br />
“Imágenes en Acción” de <strong>Terry Pratchett</strong>. <br />
“Las aventuras de Sherlock Holmes” de <strong>Arthur Conan Doyle</strong>. <br />
“El curioso incidente del perro a medianoche” de <strong>Mark Haddon</strong>. <br />
“Rebelión en la granja” de <strong>George Orwell</strong>.</p>

	<p>Podéis leer el resto de la lista <a href="http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/books/news/the-50-books-every-child-should-read-2250138.html">aquí</a>.</p>

	<p>El artículo procede de un diario británico, así que la mayoría de recomendaciones son de autores ingleses. ¿Dónde está <em>El Principito</em>, por ejemplo?</p>

	<p>Si tiro del hilo de la memoria, las obras que más me impactaron fueron algunas del maestro <strong>Jordi Sierra i Fabra</strong>, sobre todo su <em>Ciclo de las Tierras</em>: la primera vez que leía ciencia ficción con trasfondo moral. Y no menos importantes fueron para mí aquellos librillos de Elige tu propia aventura. ¿Y vosotros? ¿Qué libro creéis que falta en la lista? </p>

	<p>Vía | <a href="http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/books/news/the-50-books-every-child-should-read-2250138.html">The Independent </a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Powering the Arts: una plataforma para que jóvenes talentos den a conocer sus obras]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/powering-the-arts-una-plataforma-para-que-jovenes-talentos-den-a-conocer-sus-obras</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/powering-the-arts-una-plataforma-para-que-jovenes-talentos-den-a-conocer-sus-obras</guid>
      <pubDate>Tue, 28 Jun 2011 18:39:30 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/c0.jpg" alt="" />El portal cultural <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a> ofrece la posibilidad de dar a conocer tu obra, demostrando que Internet es una herramienta fundamental para democratizar la cultura, tanto su creación como su difusión y exhibición.</p>

	<p>Desde <strong>Powering the Arts</strong> se dedican a crear convocatorias para que los artistas suban sus obra y los amates de la cultura las valoren. En el ambito literario tienen convocatorias de Novela, Relatos Cortos y Poesía. Esto se completa con cortometrajes y música. </p>

	<p><strong>Hay convocatorias gratuitas y otras Premium</strong>.</p>

	<p>El mecanismo consta de tres modalidades de registro dentro del portal, como <strong>creador,</strong> como <strong>amante de la cultura</strong> o como <strong>trabajador en la industria cultural</strong>.</p>

	<p>En el caso de los creadores les permite subir sus obras y controlar las descargas y votos.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La extraña costumbre de dedicar libros]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/la-extrana-costumbre-de-dedicar-libros</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/la-extrana-costumbre-de-dedicar-libros</guid>
      <pubDate>Sun, 26 Jun 2011 08:48:39 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image9202" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/1342516434_b88b4d3278_o.jpg" class="centro" alt="1342516434_b88b4d3278_o.jpg" />A ti, con mucho afecto, de mí. Con ligeras variaciones, <strong>la mayoría de las dedicatorias de los libros tienen esta estructura básica</strong>. También hay autores muy originales, que se lo curran en cada dedicatoria, pero son los menos.</p>

	<p>Admito que yo he dedicado muy pocos libros en mi vida, y cuando lo he hecho me he sentido tremendamente incómodo. <strong>La primera vez que lo hice fue la mejor</strong>: estaba tan nervioso que escribí algo sin sentido, y luego estuve unos segundos valorando la idea de tacharlo o seguir adelante, en plan excéntrico. Al final lo taché: imaginaos el pastel. La segunda vez también fue memorable: lo escribí todo en mayúsculas por miedo a que fuera ilegible. Ya os podéis imaginar cómo me iba el pulso.</p>

	<p><strong>¿De dónde surgió la costumbre de dedicar libros?</strong> Lo cierto es que se ignora, pero durante siglos fue una práctica restringida al ámbito familiar o al círculo más íntimo de amigos. Como debería ser. <br />
<!--more--></p>

	<p>Hasta hace poco, incluso, la gente no tenía posibilidad de hacer cola para conseguir una firmita del autor, encerrado en una caseta de feria, <strong>dándole a la pluma como si estuviera trabajando en una cadena de montaje</strong>: la única forma de conseguir una dedicatoria del autor era ser su amigo o bien hacerle llegar un ejemplar confiando en que lo devolvería firmado. Aunque había autores que eran muy poco generosos en ese sentido, tal y como señala <strong>Jesús Marchamalo</strong>:</p>

<blockquote>Se cuenta una divertida anécdota de Yeats quien, invitado en casa de Thomas Hardy, mostró su curiosidad respecto a cómo dedicaba los libros a las personas a las que no conocía. Hardy le invitó a seguirle al piso de arriba, donde, sin decir palabra, le mostró una habitación abarrotada con decenas, tal vez centenares de sus propios libros que había ido recibiendo a lo largo de los años y que, evidentemente, no se había preocupado siquiera de devolver.</blockquote>

	<p><strong>Ramón Gómez de la Serna</strong> dedicaba sus libros con letras grandes y tinta roja. <strong>Pío Baroja</strong> lo hacía con caligrafía pequeña y discreta. </p>

<blockquote>En todo caso, las dedicatorias siempre suponen un valor añadido que incrementa el precio del libro. Aunque todavía no ocurre como en otros países, donde existen librerías especializadas en manuscritos y libros dedicados, en España es un mercado que empieza a ser valorado por los bibliófilos o los simples curiosos, a veces por encima de la rareza, la encuadernación o la conservación del ejemplar.</blockquote>

	<p>A pesar de que hoy en día lo de dedicar libros se ha convertido en un acto en serie y repetitivo que el autor debe incluir en su trabajo de promoción, hay autores que, como dije, todavía le ponen empeño, o al menos se preocupan de no poner siempre lo mismo, como uno de mis escritores favoritos (del que, por cierto, no tengo ni un solo libro firmado, aunque los tenga todos y los relea con devoción): <strong>Luis Landero</strong>:</p>

<blockquote>A mí me resulta muy difícil dedicar libros, porque me gustaría personalizar cada dedicatoria y eso es imposible. En todo caso, prefiero lo previsible a lo ingenioso porque no soy especialmente ocurrente. Así que la mayor parte de las veces termino por preguntar el nombre y recurro a alguna fórmula convencional, algo del estilo: con la gratitud de escritor y la solidaridad del lector, por ejemplo. A veces también hago un dibujo que inventé hace años: un cronopio, o un ratón, cosas así. Y escribo: para fulanito, una nube, tres pájaros y un lobo.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Las bibliotecas perdidas</em> de Jesús Marchamalo</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo se titula un libro?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/como-se-titula-un-libro</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/como-se-titula-un-libro</guid>
      <pubDate>Sat, 04 Jun 2011 10:47:11 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/yegua-lesbiana-libro.jpg" alt="" />Lo de <strong>ponerle el título a un libro</strong> se parece a lo de ponerle un nombre a un hijo. Pero en el caso del libro es todavía una cuestión más peliaguda. ¿Gustará? ¿Sintetiza el espíritu de la obra? ¿Es original? ¿Demasiado pedante? ¿Escribo la novela sin título y espero que me llegue por inspiración al rematar la última página? ¿Pongo primero el título y, de ahí, intento que surja toda la historia?</p>

	<p>Hay autores que, para acotar un poco estos dilemas, siguen a menudo un estilo semejante. Por ejemplo, <strong>Vargas Llosa</strong> acostumbra a titular sus obras mencionando dos cosas: <em>La tía Julia y el escribidor, Pantaleón y las visitadoras, La ciudad y los perros</em>… <strong>Juan Carlos Onetti</strong> se inspiraba en nombres de óperas o canciones: <em>El caballero de la rosa, La vida breve, La muerte y la doncella</em>… Algunos autores podían llegar hasta límites insospechados, como el escritor argentino <strong>Abelardo Arias</strong>, que ponía siempre títulos construidos con 13 letras: <em>De tales cuales, Polvo y espanto, Álamos talados</em>…</p>

	<p>Cada autor puede confeccionarse sus propias normas a la hora de titular. Algunos, como <strong>Andrés Trapiello</strong>, son más sistemáticos y atesora títulos para posibles libros y artículos en un cuaderno. Tiene tantos que incluso regala títulos a los amigos que le llaman para consultarle. </p>

	<p>Pero también hay autores que no le dan demasiadas vueltas al asunto. Se dejan inspirar por los elementos que tengan más a mano o simplemente ponen lo primero que se les viene a la cabeza. Por ejemplo, <strong>Jean Cocteau</strong>, tras observar la marca de ascensores de su casa, decidió poner el título <em>El ángel de Heurtevise</em>. <strong>Witold Gombrowicz</strong> tituló <em>Bakalay</em> copiando la palabra de una calle de Buenos Aires. Más poética es la forma en la que <strong>Antonio Soler</strong> tituló <em>El camino de los ingleses</em>:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Lo escribí en Flandes, en una residencia en la que vivió Marguerite Yourcenar, y se llamaba originariamente Sacramento, pero un día que salí a dar un paseo encontré una desviación con ese nombre, El camino de los ingleses, que conducía a un pequeño cementerio militar donde estaban enterrados soldados ingleses muertos durante la Primera Guerra Mundial, y como la novela tiene que ver con las tragedias anónimas, me decidí a cambiarlos.</blockquote>

	<p>También es un buen recurso usar una de las frases del libro como título. La frase con la que concluye la obra, la frase con la que se inicia, alguna frase que se repite machaconamente… incluso la frase más banal de todas.</p>

	<p>Mención especial merecen los títulos que son palabras inventadas o muy poco comunes. <em>Moriencia</em>, de <strong>Roa Bastos</strong>. <em>Extravagario</em>, de <strong>Neruda</strong>. <em>Trilce</em>, de <strong>Vallejo</strong> (una mezcla de triste y dulce). En mi caso, si echo la vista atrás, me doy cuenta de que he tirado mucho de la palabra rara o inventada para los títulos de mis novelas: <em>Tanatomanía, Jitanjáfora, Bitis</em>…</p>

	<p>Dice <strong>Jesús Marchamalo</strong> en <em>Las bibliotecas perdidas</em>:</p>

<blockquote>Hay títulos, también, que pueden generar curiosos malentendidos. No es fácil dudar con Pedro Páramo-Juan Rulfo respecto a quién es el autor y cuál el título, pero se preguntaba en un artículo el escritor y crítico Ricardo Bada acerca de otros emparejamientos en los lomos de los libros, algunos fáciles: Hector Servadac-Julio Verne, Anna Karenina-León Tolstói; y otros algo más difíciles: Gonzalo Guerrero-Eugenio Aguirre, Felipe Delgado-Jaime Sáenz; y el definitivo Multatuli-Max Havelaar. Siguiendo con la broma, recuerdo que Héctor Yánover, en su libro Memorias de un librero, contaba la anécdota de aquella señora que entró en la librería preguntando por Dostoievsky y Mr. Hyde.</blockquote>

	<p>Luego están los títulos más divertidos, extravagantes o concebidos para epatar al personal. Incluso hay la revista británica <em>Bookseller</em> <strong>concede el premio a los títulos de libros más raros de la literatura</strong>.</p>

	<p>El premio <strong>al título de libro más raro de los últimos 30 años</strong> ha sido concedido a una obra que parece anodina: <em>Greek Rural Postmen and Their Cancellation Numbers</em> (Los carteros rurales griegos y los números de cancelación [de los sellos]). Consiguió el 13% de los votos en el sitio web de Bookseller</p>

	<p>El argumento del libro es incluso más curioso que el título: la curiosa historia de más de 17 sacas de cartas no entregadas a sus destinatarios en Elasona, al norte de Tesalónica, y que fue publicado en 1994 por la Organización Filatélica Helénica de Gran Bretaña.</p>

	<p>Otros de los finalistas son: </p>

	<p><em>If You Want Closure In Your Relationship, Start With Your Legs</em> (Si quieres acabar con tu relación, empieza cerrando las piernas).</p>

	<p><em>¿Cuán verdes eran los Nazis?</em>, editado por Franz Josef Bruggeimer, Mark Cioc y Thomas Zeller</p>

	<p><em>El delicioso helado de D. Di Mascio: D. Di Mascio de Coventry: Una compañía de helados de buena reputación, con una flota interesante y variada de furgonetas de venta de helado</em>, por Roger De Boer, Harvey Francis Pitcher y Alan Wilkinson </p>

	<p>Vía | <em>Las bibliotecas perdidas</em> de Jesús Marchamalo</p>      ]]></description>
      </item>
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