La Feria del Libro de Frankfurt, una de las más prestigiosas del viejo continente, está dedicada este año a la cultura catalana. Para quienes no estén a la última de la (repetitiva y chillona) política en España, este honor ha estado cargado de polémica al acudir al evento sólo autores que escriben en catalán, dejando de lado a otros igualmente catalanes que lo hacen en castellano como Eduardo Mendoza o Juan Marsé (que despachó el asunto con un sonoro que les siente bien).
La decisión en sí es sorprendente y difícilmente justificable, porque parece del todo intencionada para transformar un evento cultural en un acto político. Sino: ¿Me queréis decir qué pinta esto en un acto literario? La prueba más desoladora y evidente de lo que estoy hablando es que el primer día de la Feria ha sido copado enteramente por personalidades públicas de las regiones homenajeadas.

El deporte, y especialmente el fútbol, tiene una relación muy particular con la literatura, a pesar de que se trata de actividades aparentemente inconexas, existen, por ejemplo, unas cuantas antologías literarias que tienen a este deporte como excusa o tema central. 