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03 noviembre 2008
'Hoy, Júpiter' de Luis Landero
Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948), trabajó de muy joven en toda clase de oficios para pagarse los estudios, en especial como profesor de guitarra clásica desde los dieciséis hasta los diecinueve años (experiencia que trasladaría de algún modo a su novela El guitarrista). Fue profesor de Lengua y Literatura españolas en un instituto de bachillerato de Madrid y actualmente imparte clases en la Escuela de Arte Dramático de esta misma ciudad. Con su ópera prima, Juegos de la edad tardía, que fue rechazada en principio por todas las editoriales a las que presentó el manuscrito, fue Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa en 1990.
Como sucede siempre con Luis Landero, la que es su última novela no me ha decepcionado en absoluto. Más al contrario: parece que con los años, Landero ha conseguido perfilar todavía más su estilo. Lástima que sea un escritor poco prolífico, pero, teniendo en cuenta que sus textos destilan una perfección estilística y una capacidad evocadora que roza la hiperestesia, comprendo la demora entre libro y libro. A Landero no puedo evitar imaginármelo dedicándose en cuerpo y alma a cada página, a cada frase, a cada palabra, con una minuciosidad de cirujano.
La historia es aparentemente sencilla y hierática, como la mayoría de historias de Landero, pero no importa, resulta tan apasionante y adictiva como el mejor folletín: de hecho, tuve que leerme dos veces el libro, uno para resolver la trama, que me tenía en vilo; otra para paladear la musicalidad de las palabras.
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23 octubre 2008
'Juegos de la edad tardía', de Luis Landero
Juegos de la edad tardía fue la primera novela que publicó, en 1989, Luis Landero. Un año después obtuvo el Premio de la Crítica y el Nacional de Literatura, convirtiéndose en uno de los referentes de la narrativa española actual. La originalidad de sus temas, que parten de hechos cotidianos, casi vulgares, para erigirse en laberintos desbordantes de imaginación, junto con la pulcritud de su prosa y un sentido del humor entre la ternura y la fechoría, hacen de Landero un escritor personalísimo y que, a mi modo de ver, tiende puentes con parte de la literatura hispanoamericana.
No sabría decir si es la historia de una mentira o de una fabulación, quizás de un sueño perseguido y que comienza a hacerse realidad a partir de las palabras. Porque, en el fondo, todo este inmenso desvarío comienza con las palabras, nombrando cada cosa con un nombre distinto.
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09 abril 2007
Luis Landero presenta 'Hoy, Júpiter'
El último libro de Luis Landero, Hoy, Júpiter (Tusquets), llega mañana a las librerías. El que fuera Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa en 1990 con Juegos de la edad tardía, su ópera prima, regresa con una historia centrada en el odio. Un tópico poco habitual, o por lo menos de trato indócil, del que nos dice el autor que es una pasión más interesante aún que el amor.
Así, Landero se desdobla en dos alter-ego literarios. El primero, Dámaso Méndez, alimenta un odio vengativo de tintes kafkianos hacia su padre. El segundo, Tomás Montejo, es un solitario refugiado en los libros al que el amor trastoca su existencia. Ambas historias son reconstrucciones sentimentales de la biografía del propio Landero, víctima de un padre que le hizo sentir de niño que prefería a otros antes que a él y de su primer desengaño amoroso en su adolescencia, que le arrancó un poema. Lo demás, aclara, es imaginación.
Hablar del odio exige en mi opinión un temperamento muy afinado, de una sensibilidad aguzada y elástica. Hablar del odio sin salir de las vísceras es difícil: ahí está Sartre, gran teórico del odio moderno cuyos personajes, por muy odiadores, tienen más de autómatas o de pit-bulls pavlovianos que reaccionan mecánicamente ante un estímulo. Se me ocurren Dostoievsky o el mencionado Kafka como buenos pulsores del odio: sin prejuicios, sin justificaciones, sin odio hacia el odio (valga el retruécano). Creo que es de este odio templado, iniciático, del que habla Landero cuando sentencia:
¿Qué certezas podemos esperar de la vida, aparte de algún momento de plenitud? A la vida no debemos pedirle más de lo que puede dar, y eso es, en buena parte, la sabiduría de vivir. Somos mecánica de soñar y de desear; nos definen más los sueños que la vigilia.
Vía | Yahoo! Noticias
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