Me gusta la autora de Cuestión de sexos. Sí, creo que me gusta en todos los sentidos: cómo escribe, cómo razona, cómo piensa, cómo bromea… incluso su voz ligeramente temblorosa y su pose a lo Jodie Foster en la película Contact. Me gusta como me gusta Natalie Angier o Bill Bryson.
Pero sobre todo me gusta porque su libro, Cuestión de sexos, habla acerca de la discriminación de la mujer. Bien, seamos justos: los libros sobre la discriminación de la mujer no suelen atraerme: la mayoría focalizan sus esfuerzos en lugares comunes muy poco fructíferos (en el mejor de los casos) o en cuestiones sensacionalistas y mal interpretadas (en el peor), como por ejemplo la cifra anual de mujeres muertas a manos de sus cónyuges (podéis profundizar en este tema tabú en el análisis que llevé a cabo en El miedo infundado al terrorismo, los accidentes de tráfico, la violencia de género y otros hechos matemáticamente improbables).
Pero Fine es diferente. Fine, incluso, dedica buena parte de su libro a poner en evidencia a Louanne Brizedine, autora de El cerebro femenino, por presentar torticeramente la investigación neurocientífica sobre la mujer (Brizedinne no sólo me cae mal y se disfraza de mujer intelectualoide, modernilla y gafapasta, sino que miente flagrantemente en sus libros, tal y como ha sido demostrado en revisiones de su bibliografía). Es decir, Fine no sacraliza a las mujeres ni tampoco a las feministas, por muy científicas que sean. Fine ataca a todos.
Porque Fine no persigue adherirse al colectivo femenino (“somos las mejores, chicas, a por ellos”), ni tampoco odia a los hombres, ni mucho menos aspira a convertirse en adalid de una rebelión sexual. Fine sencillamente quiere que hombres y mujeres sean equivalentes a nivel social. Y para ello no duda en tocar lo intocable.



Dicen que esta clase de libros son peligrosos, nocivos para la sociedad bienpensante. Y sin duda, Putas es poco es un libro con contenido de alto voltaje, pero también de alto octanaje: el asunto que trata es peliagudo pero lo hace con maestría y honestidad. Putas es poco es la segunda parte de Todas putas, volumen que fue censurado en numerosas librerías, siendo acusado de misógino, machista y apologeta de la violación. Putas es poco no ha disminuido ni un punto el alto voltaje de la primera parte, pero tampoco el octanaje.