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‘Cuestión de sexos’ de Cordelia Fine: ni las mujeres son de Venus ni los hombres de Marte

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9788499183152.jpgMe gusta la autora de Cuestión de sexos. Sí, creo que me gusta en todos los sentidos: cómo escribe, cómo razona, cómo piensa, cómo bromea… incluso su voz ligeramente temblorosa y su pose a lo Jodie Foster en la película Contact. Me gusta como me gusta Natalie Angier o Bill Bryson.

Pero sobre todo me gusta porque su libro, Cuestión de sexos, habla acerca de la discriminación de la mujer. Bien, seamos justos: los libros sobre la discriminación de la mujer no suelen atraerme: la mayoría focalizan sus esfuerzos en lugares comunes muy poco fructíferos (en el mejor de los casos) o en cuestiones sensacionalistas y mal interpretadas (en el peor), como por ejemplo la cifra anual de mujeres muertas a manos de sus cónyuges (podéis profundizar en este tema tabú en el análisis que llevé a cabo en El miedo infundado al terrorismo, los accidentes de tráfico, la violencia de género y otros hechos matemáticamente improbables).

Pero Fine es diferente. Fine, incluso, dedica buena parte de su libro a poner en evidencia a Louanne Brizedine, autora de El cerebro femenino, por presentar torticeramente la investigación neurocientífica sobre la mujer (Brizedinne no sólo me cae mal y se disfraza de mujer intelectualoide, modernilla y gafapasta, sino que miente flagrantemente en sus libros, tal y como ha sido demostrado en revisiones de su bibliografía). Es decir, Fine no sacraliza a las mujeres ni tampoco a las feministas, por muy científicas que sean. Fine ataca a todos.

Porque Fine no persigue adherirse al colectivo femenino (“somos las mejores, chicas, a por ellos”), ni tampoco odia a los hombres, ni mucho menos aspira a convertirse en adalid de una rebelión sexual. Fine sencillamente quiere que hombres y mujeres sean equivalentes a nivel social. Y para ello no duda en tocar lo intocable.

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Isabel Allende arremete contra el machismo en el mundo literario

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Isabel Allende

Después de haber sido finalista para el Premio Cervantes, Isabel Allende ha saltado a la palestra con unas declaraciones sobre el machismo que inunda el mundo literario. Según ella, esto puede palparse en el acaparamiento de los premios y los puestos como jurados por parte de los hombres. De esta manera, es una especie de circulo vicioso, ya que los jurados los suelen conformar ganadores anteriores…

Isabel Allende denuncia que el mundo literario aún esté en manos de los hombres, y declara que para una mujer es muy difícil que la reconozcan en el plano literario.

(Una mujer) tiene que hacer el doble o el triple de esfuerzo para obtener la mitad del reconocimiento que un hombre.

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Nushu: el idioma secreto de las mujeres

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Ha muerto la última hablante de una lengua, Yang Huanyi, de 98 años, se ha llevado una tradición milenaria. El Nushu.

El nushu se traduce literalmente como “escritura de mujeres”, y es un sistema de escritura silábico que fue usado entre mujeres en la región de Jiangyong en Hunan, provincia del sur de China. A diferencia del chino escrito, el cual es logográfico (cada carácter representa una palabra o parte de una palabra), el Nushu es fonético, con aproximadamente 2000 caracteres que representan una sílaba en los lenguajes locales yao y yi.

A persar de que la lengua nushu existía desde el siglo III de nuestra era, no fue conocido al mundo hasta 1983, debido al intenso secretismo que siempre ha rodeado a esta lengua.

Pero lo verdaderamente fascinante es que esta lengua surgió como sistema para escamotear una sociedad fuertemente machista. Tal era la discriminación de las mujeres en la China antigua que no sólo se les estaba prohibida la educación, sino que además debían vivir encerradas en las casas de sus padres o maridos. De modo que, progresivamente, se fue inventando un idioma al que los hombres no tuvieran acceso. Ellas aprendían el idioma transmitido de madres a hijas o entre cuñadas. Algunas veces los caracteres sirvieron como marcos decorativos o en artesanía, dada su forma más estilizada y estética que la forma “masculina”, y así los mensajes también pasaban desapercibidos ante los hombres. También el Nushu era utilizado en abanicos y bordados, en los cuales se han encontrado, a modo de diarios íntimos, reflexiones y miedos o descripciones de hechos cotidianos.

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[Lectura para el Verano] ‘Putas es poco’, de Hernán Migoya

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Dicen que esta clase de libros son peligrosos, nocivos para la sociedad bienpensante. Y sin duda, Putas es poco es un libro con contenido de alto voltaje, pero también de alto octanaje: el asunto que trata es peliagudo pero lo hace con maestría y honestidad. Putas es poco es la segunda parte de Todas putas, volumen que fue censurado en numerosas librerías, siendo acusado de misógino, machista y apologeta de la violación. Putas es poco no ha disminuido ni un punto el alto voltaje de la primera parte, pero tampoco el octanaje.

Porque ¿la ficción debe evangelizar? ¿El arte debe de plegarse a las exigencias morales de la sociedad en el que se manifiesta? ¿Dónde, pues, trazar la línea? ¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién decide si es más peligroso o irrespetuoso Todas putas que un pase de modelos de alta costura? Dicen que si no molestas a nadie, es que no has dicho nada. ¿Es más peligroso que de la lectura de Putas es poco nazca un violador o un machista (si es que eso es posible) o que de la lectura del último bestseller borderline nazcan mil idiotas? ¿Para cuándo una encuesta para decidir de una vez por todas sobre qué se puede o no se puede escribir para evitar que unas cosas se condenen caprichosamente y otras pasen inadvertidas? ¿El resultado de la encuesta sería que hay que censurarlo absolutamente todo?

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