Hace varios meses (quizá un poco más) leí una entrevista a Paul Auster en El País creo recordar, y decía algo como que todo lo que tenía que decir en literatura ya lo había dicho. Estuve de acuerdo inmediatamente. Pero ha pasado el tiempo y, ahora, tengo que quitarle la razón. A Auster, por el momento, le faltaba mucho que decir, le faltaba Un Hombre en la Oscuridad.
Hay quien critica mucho a Auster, y no seré yo quien defienda aquí a sus detractores porque me considero uno de esos rara avis a los que les gusta todo lo que ha publicado el neoyorquino (y creo que no soy el único de los editores de Papel en Blanco). Pero tampoco me dejo llevar por una pasión fanática lo suficiente como para no ver los defectos, que los tiene, pero las virtudes son tantas y tan grandes que casi pasan desapercibidos.
El argumento de Un Hombre en la Oscuridad ya lo conocemos más o menos: August Brill es una persona mayor que vive en el piso de arriba de la casa de su hija para recuperarse de un accidente. No puede dormir y aprovecha la oscuridad para escribir. Y escribe una historia sobre Owen Brick, una persona que se despierta en un agujero y descubre que es un soldado cuya misión es matar a una persona.
Atención: a partir de aquí es posible que esta crítica incluya algunos SPOILERS


Paul Auster es sinónimo de éxito en nuestro país. Desde que logró el Premio Príncipe de Asturias en 2006, el escritor neoyorquino tiene multitud de best-sellers en España. No es raro ir por la calle y ver ejemplares de El Libro de las Ilusiones o La Trilogía de Nueva York bajo el brazo de los transeúntes. Tras su última experiencia en el cine, donde ciertamente ha pasado con más pena que gloria (estrenó La vida interior de Martin Frost en el Festival de San Sebastián), Auster verá publicada otra novela en agosto, titulada Man in the Dark.