
Finalizamos el análisis del Manifiesto de la literatura futurista recorriendo sus puntos finales y conclusiones, haciendo hincapié en la importancia que para el posterior desarrollo del Vanguardismo tuvo esta exposición de intenciones.
Lo cierto es que a la hora de poner en práctica todos estos puntos, las obras resultantes no son fáciles de disfrutar, excepto cuando se alejan de sus propias declaraciones de intenciones.
Aun así, formaba parte de la razón de ser del Futurismo, como lo será del resto de Vanguardias, esta ruptura total con la tradición formal y semántica anterior, y creo que por esa bocanada de novedad es por lo que tanto me atraen estos movimientos.
Veamos esos últimos apartados que trató Marinetti en el Manifiesto de 1912:
5.- “CADA SUSTANTIVO HA DE TENER SU DOBLE, o sea, cada sustantivo debe preceder, sin conjunción, al sustantivo con el que está ligado por analogía. Ejemplo: hombre-torpedero, mujer-golfo, muchedumbre-resaca, plaza-embudo, puerta-grifo”.
Es decir, “hay que fundir directamente el objeto con la imagen que evoca dando la imagen de escorzo mediante una sola palabra esencial”:
La analogía no es otra cosa que el amor profundo que enlaza las cosas distantes, aparentemente diversas y hostiles. Sólo por medio de extensísimas analogías un estilo orquestal, y a la vez polícromo, polifónico y polimorfo, puede abarcar la vida de la materia


Seguimos acercándonos a las bases de la teoría futurista antes de adentrarnos en su Manifiesto de la Literatura. ¿Recordamos 


