<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">

	<channel>
		<title>Papelenblanco</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 10:50:10 +0000</pubDate>

		<generator>http://www.papelenblanco.com</generator>
                    <item>
      <title><![CDATA[Los clichés en literatura (y II)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-cliches-en-literatura-y-ii</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-cliches-en-literatura-y-ii</guid>
      <pubDate>Wed, 25 Feb 2009 10:35:00 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.papelenblanco.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/02/Berkeley_Rep_literary_lr.jpg" alt="" />“El cielo parece estar en llamas a la puesta del sol.”</p>

	<p>Esa imagen, aunque empleada con frecuencia, es totalmente acertada. ¿No son los clichés buenas ideas que han terminado por ser lógicamente populares? El problema estriba en que si ésta es la imagen que siempre escribimos o leemos sobre el atardecer, da la impresión de que ya nada nuevo se pueda decir sobre el atardecer. Si la literatura se conformara con adoptar una buena idea para siempre, entonces la literatura se estancaría. Y el arte paralizado o repetitivo no es arte sino la cadena de montaje de una fábrica. </p>

	<p>Cualquier cosa que se exprese nunca debe ser la última cosa que se pueda decir, agotando así para siempre los infinitos cauces de la originalidad.</p>

	<p>Un símil nuevo y original tendrá sus virtudes y defectos, pero será una genuina impresión del autor, una forma más honda y honesta de transmitir lo que verdaderamente siente. Mejorar las imágenes ya dichas (hasta que la nuestra, paradójicamente, se acabe convirtiendo en cliché) constituye una de las misiones del que quiere escribir, huyendo en lo posible de las convenciones. Porque las convenciones ya existen, no es necesario que las volvamos a escribir. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Aunque el deseo de expresarse como los demás es tan tentador… ahorra trabajo, por lo pronto. Y permite, claro, que te lea más gente. Más gente aquejada de la misma pereza que tú. </p>

	<p><strong>Marcel Proust</strong> lo expresaba así:</p>

	<p><blockquote><p>Todo escritor está obligado a crear su propio lenguaje, tal como todo violinista está obligado a crear su propia “tonalidad” (…). No quiero decir con esto que me agraden los escritores originales que escriben con incorrecciones. Prefiero, y puede que sea una debilidad, a los que escriben bien. Sin embargo, comienzan a escribir bien solamente con la condición de que sean originales, de que sepan crear su propio lenguaje. La corrección, la perfección de estilo no existen si no es al lado contrario de la originalidad, después de haber pasado por todas las faltas, y no a su lado. A este lado –“discreta emoción”, “bondad natura sonriente”, “el más abominable de los años pasados”- no existen. La única forma de defender el lenguaje, madame Straus, es atacarlo.</p></blockquote></p>

	<p>Pero en fin, que cada palo aguante su vela (ahí va otro cliché), Pablo Cohelo puede seguir escribiendo descafeinado y soso y cogiéndosela con papel de fumar, como también puede seguir apareciendo en la tele, vocinglera y rural, Belén Esteban. El abajo firmante (y ahí va otro), sin embargo, seguirá aplaudiendo a quienes transitan caminos que aún no conocía. Porque les leen menos personas. Porque lo que lea mucha gente yo ya lo he leído, probablemente. Y lo que a la mayoría de gente le gustaría leer de mí ya lo he escrito, cuando tenía veinte tacos de almanaque. </p>

	<p>¿Por qué no te haces ladrón de bancos? Ganarías más dinero, tronco.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_297">La guerra contra el cliché, de Martin Amis</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuanto más aburrido, más interesante?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuanto-mas-aburrido-mas-interesante</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuanto-mas-aburrido-mas-interesante</guid>
      <pubDate>Fri, 09 Jan 2009 10:39:32 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.papelenblanco.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/old_book02.jpg" alt="" />De todos es conocida esa ecuación que postula que cuanto más soporífero y enrevesado es un libro mayor es su grado de profundidad. También ocurre a la inversa: cuanto más entretenida y adictiva es una lectura, mayor es su grado de superficialidad. La mayoría de nosotros estamos en contra de esta idea, sabemos que diversión o frivolidad no son sinónimos de superficialidad, y que ampulosidad tampoco es sinónimo de pensamiento más potente, como ya demostró genialmente Alan Sokal y Jean Bricmont en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Imposturas_intelectuales">Imposturas intelectuales</a>. Sin embargo, pese a que todos lo repetimos una y otra vez, seguimos sintiéndonos succionados por la afectación de un libro y no por su contenido. La cáscara es la que sirve para llamar la atención, no el fruto.</p>

	<p>Valga esta reflexión como un grano de arena más en esa montaña que todo el mundo conoce pero que, en la práctica, se obstina en no mirar. Un grano de arena, espero, que moleste como un guijarro en el zapato. </p>

	<p>A pesar de que escaseen los ejemplos, la sabiduría y la erudición no precisan de un vocabulario o una sintaxis especializados. Todo se puede explicar con palabras llanas y construcciones asequibles, aunque ello necesite de mayor inversión de energía y conocimiento por parte del autor. Energía que no se ve recompensada, pues es más fácil alcanzar la gloria escribiendo raro y difícil que haciéndolo digerible para la mayoría. Luego está el esnobismo de sentir que uno puede entender lo que la mayoría no entiende, claro. Y por último, tampoco debemos olvidarlo, existen personas que disfrutan de lo críptico, se solazan en la búsqueda del sentido, en la confusión, en la poética de lo inexpugnable. Aunque son menos personas de lo que parece.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Tampoco hay que considerar meritoria la impaciencia del lector: sería aburrido escribir sólo papilla digerible por toda clase de estómagos. Lo que hay que recordar es que, en muchas ocasiones, en muchas más de lo que creemos, el aburrimiento que nos suscita un libro puede servir de indicador del mérito del propio libro. No perder la paciencia jamás en determinada lectura, por muchos parabienes que haya recibido por parte de la crítica oficial, constituye un sufrimiento parejo al de buscar el dolor en la enfermedad. Todo autor puede inyectarle al texto unos miligramos de novocaína o cualquier otro anestésico local, así que exijámoslo.</p>

	<p>Pero si nos topamos con un libro aburrido o complicado, ¿quién tiene la culpa? ¿El autor, por su falta de claridad expositiva o aires de grandeza, o nosotros, por ser poco cultos? Es una disyuntiva difícil. La inercia nos hace pensar que nosotros somos los ineptos. <strong>Montaigne</strong> decía que, por norma, deberíamos echar la culpa al autor: una prosa incomprensible suele ser fruto de la pereza antes que de la inteligencia, y que lo que se lee con facilidad pocas veces ha sido fácil de escribir. </p>

	<p><blockquote><p>La dificultad es una moneda que emplean los sabios, como los prestidigitadores, para no descubrir la vanidad de su arte, y con la cual la necedad humana se deja engañar fácilmente.</p></blockquote></p>

	<p>Si un libro intimida, parece que entonces haya que profesarle cierta reverencia. Si recelamos de él, entonces se pone en entredicho nuestra inteligencia, como si evitar el invertir nuestro precioso tiempo en textos ininteligibles (como <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/04-la-frase-mas-larga-de-marcel-proust">la frase más larga de Proust</a>) fuera signo de estupidez. Quizá la verdadera inteligencia resida en tomarse en serio, a priori, cualquier libro, independientemente de su índice ventas, su complejidad o su aceptación popular o académica.</p>

	<p>Esta pretensión, lo sé, resulta utópica. Seguiremos siendo succionados por el poder irresistible de los adjetivos altisonantes, del polvo que acumulan las páginas, del inextricable sentido de oraciones sin freno, de las ideas poco claras, de los marchamos que indiquen academicismo y esnobismo, de los análisis meta-metatextuales, de los latinajos, de las citas de citas, de los intocables so pena de parecer poco leído, etcétera. Seguiremos así, yo incluido, pedante entre los pedantes, porque forma parte de nuestra naturaleza ser así. Pero es divertido y sano, y frívolo (que no superficial), reírse un poco de ello, aunque poco o nada se pueda cambiar.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/09-acomo-cambiar-tu-vida-con-prousta-de-alain-de-botton">Cómo cambiar tu vida con Proust</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La frase más larga de Marcel Proust]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/novela/la-frase-mas-larga-de-marcel-proust</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/novela/la-frase-mas-larga-de-marcel-proust</guid>
      <pubDate>Thu, 04 Dec 2008 08:34:50 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
<img src="http://secure-uk.imrworldwide.com/cgi-bin/m?ci=es-rssweblogs&amp;cg=0&amp;si=http://www.papelenblanco.com/index.xml" alt=""/> 
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/Proust1.jpg" alt="" /><strong>En busca del tiempo perdido</strong> de <strong>Marcel Proust</strong> crea adhesiones incondicionales o profundos bostezos, lo que todos estamos más o menos de acuerdo es que su extensión, al menos a priori, resulta intimidante. Recordamos que son 7 volúmenes con un buen número de páginas, y como ya decía el director de la editorial que a comienzos de 1913 recibió la petición de publicar su obra, encontramos, por ejemplo, que Proust necesita 30 páginas para describir cómo da vueltas en la cama antes de quedarse dormido.</p>

	<p>Pero quizá lo más mareante entre este texto oceánico sea la extensión de muchas de sus frases, llenas de subordinadas sin ningún punto en el que podamos recuperar el aliento. La más larga de todas ellas se encuentra concretamente en el quinto volumen. Tiene una longitud de casi cuatro metros. </p>

	<p>Y es que para leer a Proust hay que tomárselo con calma. Como decía el hermano del digresivo autor, &#8220;lo triste es que las personas tengan que estar muy enfermas o tengan que haberse roto una pierna para disfrutar de la ocasión de leer <em>En busca del tiempo perdido</em>&#8221;.</p>

	<p>Pues coged aire, que ahí va la frase de marras:</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><blockquote><p>Sofá surgido del sueño entre los sillones nuevos y muy reales, unas sillas pequeñas tapizadas de seda rosa, tapete brochado a juego elevado a la dignidad de persona desde el momento en que, como una persona, tenía un pasado, una memoria, conservando en la sombra fría del salón del Quai Conti el halo de los rayos de sol que entraban por las ventanas de la Rue Motalivet (a la hora que él conocía tan bien como la propia madame Verdurin) y por las encristaldas puertas de La Raspèhere, adonde la habían llevado y desde donde miraba todo el día, más allá del florido jardín, el profundo valle de la mientras llegaba la hora de que Cottard y el violinista jugaran su partida; ramo de violetas y de pensamientos al pastel, regalo de un gran amigo va muerto, único fragmento superviviente de una vida desaparecida sin dejar huella, resumen de un gran talento y de una larga amistad, recuerdo de su mirada atenta y dulce, de su bella mano llena y triste cuando pintaba; un arsenal bonito, desorden de los regalos de los fieles que siguió por doquier a la dueña de la casa y que acabó por adquirir la marca y la fijeza de un rasgo de carácter, de una línea del destino; profusión de ramos de flores, de cajas de bombones que, aquí como allí, sistematizada su expansión con arreglo a un modo de floración idéntico: curiosa interpolación de los objetos singulares y superfluos que aún parece salir de la caja en la que fueron ofrecidos y que siguen siendo toda la vida lo que en su origen fueron, regalos de Año Nuevo, en fin, todos esos objetos que no sabríamos diferenciar de los demás, pero que para Brichot, veterano de las fiestas de los Verdurin, tenían esa pátina, ese aterciopelado de las cosas a las que añade su doble espiritual, dándoles así una especie de profundidad; todo esto, disperso, hacía cantar para él, como teclas sonoras que despertaran en su corazón semejanzas amadas, reminiscencias confusas y que en el salón mismo, muy actual, donde ponían su toque acá y allá, defininían, delimitaban muebles y tapices, como lo hace en un día claro un cuadrado de sol seccionando la atmósfera, los tapices y de un cojín a un jarrón, de un taburete al rastro de un perfume, perseguían con un modo de iluminación en el que predominaban los colores, esculpían, evocaban, espiritualizaban, daban vida a una forma que era como la figura ideal, inmanente en sus viviendas sucesivas, del salón de los Verdurin.</p></blockquote></p>

	<p>Uf.</p>

	<p>Vía | Cómo cambiar tu vida con Proust, de Alain de Botton</p>      ]]></description>
      </item>
        	  <atom:link href="http://www.papelenblanco.com/tag/marcel-proust/rss2.xml" rel="self" type="application/rss+xml" />
	</channel>

</rss>


