No descubriré nada nuevo si recuerdo al avezado lector los turbios trasuntos que se mecen en la trastienda de los premios literarios, especialmente cuando dichos certámenes pretenden repartir una cantidad sustanciosa o vienen convocados por editoriales de prestigio que, raramente, abren una puerta a algún autor ajeno a su catálogo de escritores.
Sin embargo, debo reconocer que me ha sorprendido la “franqueza” de Bruguera. Desconocía que el jurado encargado de adjudicar el premio de novela que lleva su nombre fuese unipersonal. Y también me sorprendería descubrir que el señor Caballero Bonald haya recibido entre tres y cinco novelas finalistas y, como sería de suponer, leído las mismas o, cuanto menos, aquellas que no fuesen origen para él de sopor profundo.
¿Por qué mis dudas al respecto? Bueno, cualquiera que dedique parte de su tiempo a estar medianamente atento a las convocatorias y fallos de concursos sabe que don Manuel Caballero Bonald, de un tiempo a esta parte, es invitado frecuentemente a componer y/o presidir jurados, una actividad que no suele desempeñarse sin contraprestación económica.

