Continuando con el análisis que hacíamos ayer de Qué se puede esperar cuando se está esperando, y recordando antes que me parece una guía bastante completa, esto no significa que no haya encontrado otros puntos que me han chocado negativamente.
Las autoras son estadounidenses, y en varias ocasiones, sobre todo en lo referido a las dietas, a las cuales otorgan un capítulo exclusivo, he visto consejos que suenan algo lejanos… Hablar de crema de cacahuete o de algunos cereales o legumbres cuyo nombre he visto por primera vez en este libro, me aleja de los consejos al respecto.
Del mismo modo, el apartado de recetas para calmar los antojos de la embarazada lo he pasado por alto. Personalmente, tanto la falta de tiempo (sorprendentemente las autoras dicen en varios momentos de la obra que las embarazadas se dediquen a confeccionar sus propios dulces), como lo poco apetitoso de los platos (harina de avena cocida, magdalenas de salvado, falso daiquiri de fresas, patatas fritas al horno…) me han alejado de esta vertiente cocinera.


