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		<title>Magazine - medicina</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 07:08:46</pubDate>

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      <title><![CDATA['Escucha tu cuerpo’ de Joan Liebmann-Smith y Jacqueline Nardi Egan]]></title>
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      <pubDate>Mon, 30 Jan 2012 21:22:26 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2012/01/9788425343063.jpg" alt="" /><strong>El cuerpo humano es una sinfonía de ruidos</strong>. Los borborigmos de las tripas, los regüeldos, el ligero clic como de ala de mosquito al pestañear, el sorber por la nariz la destilación nasal como un cocainómano esnifando oxígeno, el chupar la comida con restallidos de la lengua, la sibilación quejumbrosa que recorre el ramaje de los bronquios, el chasquido de rama mojada de los metacarpianos, el gorgoteo de una flema profunda, el silbato que se origina en el tabique nasal como consecuencia de la cristalización de la mucosidad.</p>

	<p>Gracias a este libro, llamado muy acertadamente <strong>Escucha tu cuerpo</strong>, de<strong> Joan Liebmann-Smith</strong> y <strong>Jacqueline Nardi Egan</strong>, sin embargo, podréis indagar sobre el origen de todos esos ruidos, la sinfonía horrísona del cuerpo humano, así como la razón de muchas otras cosas que le pasan al cuerpo, como que puede perder pelo (o ganarlo), que de repente puede oír voces, que pierde el sentido del gusto, que empieza a ver las cosas de otros colores, que se duerme en cualquier sitio, etc.</p>

	<p>El libro está sistemáticamente organizado para explorar el cuerpo a través de sus peculiaridades y síntomas que llevan aparejados enfermedades. <strong>Y todo ello con un lenguaje muy asequible y pequeños recuadros de curiosidades históricas que hacen muy amena la lectura</strong>. </p>

	<p>Por ejemplo, <strong>¿alguna vez habéis estornudado cuando el sol os toca en la cara?</strong> No es nada extraño. Alrededor de una cuarta parte de las personas experimentan este fenómeno, que se conoce de diversas maneras: reflejo del estornudo fólico, reflejo de estornudo solar, reflejo de estornudo por luz brillante o, agarraos, síndrome de estornudos heliooftálmicos incoercibles autosómico dominante. Tal y como se señala en el libro: “<em>Aunque la causa exacta de este fenómeno no se conoce, puede deberse a un cruce en el cerebro de señales reflejas de la vista y el olfato</em>&#8220;.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>A veces, uno de nuestros párpados empieza a moverse espasmódicamente, como si intentara guiñar un ojo a todo aquel que se ponga a tiro o como si temblara de frío. Si sufrís este temblor seguramente estáis padeciendo lo que se llama <strong>mioquimia palpebral</strong>, un espasmo involuntario del párpado que es inofensivo, aunque normalmente está desencadenado con la fatiga, el estrés o el exceso de cafeína. Para solucionarlo basta, pues, con relajarse o echarse una buena siesta. Durante mucho tiempo, sin embargo, <strong>la quinina</strong> (en forma de agua tónica) se ha empleado para eliminar estos temblores de los ojos. Pero si no os gusta la tónica, <strong>también sirve apretar suavemente e punto del temblor durante unos segundos</strong>, lo cual ayuda a pararlo temporalmente. </p>

	<p>Pero cuidado, hay un caso de temblor de ojos más preocupante, tal y como señala <strong>Joan Liebmann-Smith</strong>:</p>


<blockquote>Aunque normalmente es benigna, la mioquimia palpebral puede ser un signo que nos avisa de la posibilidad de que padezcamos el síndrome de Meige o blefarospasmo, con el que a menudo se confunde. En el caso del blefarospasmo, los párpados se cierran del todo repetidamente en lugar de temblar; los ojos se suelen irritar y son muy sensibles a la luz. Y, a diferencia de la mioquimia, el blefarospasmo, si no se trata, puede producir daños en la visión.</blockquote>

	<p>En definitiva, <strong>Escucha tu cuerpo</strong> es una gozada. Una guía para indagar sobre tu cuerpo con una lupa holmesiana. El problema, sin duda, es que tanto leer sobre enfermedades puede hacerte proclive a creer que las padeces, <strong>incluso puedes llegar a somatizarlas</strong>. Así que este libro no está recomendado para hipocondríacos&#8230; o la próxima vez que estornudéis tres veces seguidas, <em>achís, achís, achís</em>, creeréis que estáis siendo víctimas de un derrame cerebral.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Mala ciencia’ de Ben Goldacre: no te dejes engañar por curanderos, charlatantes y otros farsantes]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/mala-ciencia-de-ben-goldacre-no-te-dejes-enganar-por-curanderos-charlatantes-y-otros-farsantes</link>
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      <pubDate>Tue, 05 Jul 2011 18:57:57 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/07/5395460760_d8b902def7.jpg" alt="" />Cuando la <strong>Editorial Paidós</strong> me hizo llegar <strong>Mala ciencia</strong>, de <strong>Ben Goldacre</strong>, a sabiendas de que me fascina leer ensayos de divulgación científica, no pude reprimir mi entusiasmo. No sólo se había traducido por fin el recomendadísimo Bad Science, sino que lo tenía en mi casa, dispuesto para ser devorado.</p>

	<p>Lo que no esperaba es que me gustara tanto. A pesar de que es un poco denso en algunos pasajes, <strong>Mala ciencia</strong> es uno de los mejores libros que he leído para comprender en qué consiste la investigación médica y por qué no debo tomarme en serio la actividad de curanderos o defensores de las terapias naturales (por ser naturales y no por pruebas de que realmente sean mejores).</p>

	<p><strong>Mala ciencia</strong> es como el grueso manual técnico de un <em>Boeing 747</em> aplicado al mundo de la medicina. No en el sentido de que sea un manual sobre todo lo que debería saberse sobre medicina sino porque <strong>Mala Ciencia</strong> es una visión panorámica de los entresijos de cómo se hace medicina de verdad a fin de que el ciudadano lego advierta de una vez por todas que no sabe nada. Nada de nada. </p>

	<p>Y que <strong>vive el mundo de la medicina como un niño frente a los mandos imponentes de un Boeing 747</strong>, con ristras de botoneras y rosarios de lucecitas que no sabe para que funcionan.</p>

	<p><strong>Mala ciencia</strong> es de obligada lectura precisamente porque son los legos los que se obcecan en asegurar que saben tal o cual cosa. Dietas, complementos vitamínicos, aceite de pescado, homeopatía, terapias alternativas… todos, en el bar, <strong>hablamos de ello con un grado tal de ignorancia que sólo así se explica nuestro atrevimiento</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>Ben Goldacre</strong>, pues, no trata de explicar qué son esas cosas y por qué funcionan o no (o sí lo hace, pero no es su objetivo principal). Lo que intenta con <strong>Mala ciencia</strong> es poner en evidencia que esas cosas son tan complejas y se sustentan en bases tan intrincadas y poco divulgadas entre el público que <strong>resulta de todo punto improcedente verter una opinión personal al respecto</strong>.</p>

	<p>Para aterrizar un gigantesco <em>Boeing 747</em> no caben opiniones. Uno sigue los pasos del manual, sin más, porque éste ha sido diseñado, verificado y probado mil veces, y otras mil veces más. Si acaso otros expertos propondrán una mejora X, <strong>que se someterá a un exhaustivo análisis antes de incorporarse definitivamente en el manual</strong>. Así es como se construye el conocimiento acumulativo y pragmático, así se ha conseguido que los aviones no se caigan, o que en el último siglo se haya diseñado una medicina eficaz (y no sólo eficaz sino que sabemos la razón de que sea eficaz en contraste con otras terapias aparentemente eficaces).</p>

	<p>El Manual es la comunidad médica y los investigadores científicos. El niño ante los mandos del imponente avión somos todos nosotros. La diferencia entre certidumbre y creencia, anécdota y causalidad.</p>

	<p>Quizás para entender esto un poco mejor habría que buscar otra metáfora: gracias a los nuevos avances en neurociencia, <strong>hemos descubierto que nuestro cerebro es un órgano mayormente falible</strong>, construido a base de chapuzas evolutivas, que se inclina peligrosamente a reinterpretar los hechos según sus prejuicios y otros errores de lógica que vienen de serie cuando nacemos.</p>

	<p>El Manual es el control externo y artificial que hemos inventado para paliar estos defectos del cerebro. La ciencia, el método científico, el ensayo clínico, el doble ciego, la carga de la prueba, la aleatorización, los miles de ojos de millones de científicos examinando minuciosamente los experimentos realizados en todo el mundo en busca de errores. Todo ello es lo que permite que el conocimiento médico y empírico progrese. Sin ello, seguiríamos chapoteando en el lodazal de la ignorancia, de la teoría de salón, del “yo creo y respeta mi creencia”, <strong>cada uno tirando hacia un lado diferente según la tara mental que se tenga más desarrollada</strong>. </p>

	<p>O como diría <strong>Clovis Anderson</strong>, “<em>uno no sabe nada hasta que no sabe por qué lo sabe.</em>”</p>

	<p>Por esa razón no deberíamos perder ni un segundo en escuchar lo que dice el vecino del quinto sobre que a él le ha funcionado lo de la homeopatía. Ni siquiera deberíamos creer de buenas a primeras a nuestro cerebro si la homeopatía funciona presuntamente con nosotros. Porque hace pocas décadas que la ciencia ya no hace caso de lo que digan las personas (falibles y mentirosas por naturaleza) <strong>sino de las pruebas contrastadas</strong> (más difíciles de falsear).</p>

	<p><strong>Así es como se escriben los manuales técnicos para volar</strong>. El resto os estrellaréis o ni siquiera habréis levantado nunca el vuelo para contemplar el bosque en perspectiva: siempre con el mismo y condenado árbol tapando la visión. Como un burro con orejeras. </p>

	<p>Reconozco que <strong>Mala ciencia</strong> tiene algunos capítulos aburridos. Son los dedicados a desmontar los chiringuitos del equivalente <em>british</em> de <strong>Txumari Alfaro</strong> o de los <strong>laboratorios Boiron</strong>. Eso ocurre porque sus referencias nos quedan un poco lejanas, y el autor dedica demasiadas páginas a asuntos que no hemos vivido en los medios de comunicación.</p>

	<p>Pero dejando a un lado estos espacios muertos, <strong>Mala ciencia contiene uno de los mejores capítulos que nunca he leído sobre cómo funciona la investigación médica</strong> y la razón de que la conspiranoia hacia la mala praxis de las farmacéuticas (como si la homeopatía y otros remedios naturales no lucraran de igual modo o más aún a otras farmacéuticas) no tiene relevancia para lo importante del tema: nadie puede sobornar o acallar la voz de miles de investigadores de todo los países del mundo, capacitados para acceder a los detalles metodológicos de cualquier ensayo clínico (los ensayos que no muestras estos detalles directamente se consideran sospechosos). Bueno, nadie no. Sólo la ignorancia y la falta de espíritu crítico lo permite: <strong>el de periodistas, y también el de lectores</strong>.</p>

	<p>Porque no hay medicina alternativa: cuando la medicina alternativa funciona, entonces pasa a llamarse medicina.</p>

	<p>Afortunadamente las cosas parece que están cambiando.<strong> Mala ciencia</strong> tiene más de 250.000 copias vendidas en Reino Unido. Ha sido publicado en 18 países. “Libro del año” por el <em>Daily Telegraph, Observer</em> y <em>The Times</em>.</p>

	<p>Pero como el propio Goldacre sostiene: </p>

<blockquote>No creo que ganemos nunca [la guerra contra la mala ciencia] y tampoco estoy deseando ganar. No me importa que a alguien le timen o que se gaste el dinero en pastillas, me divierte pensar que es una especie de impuesto voluntario sobre la ignorancia científica. Lo que hago lo hago porque considero que la pseudociencia es interesante, creo que dice mucho sobre el papel de la medicina y de la cultura científica de tu país que la gente sea entusiasta de las píldoras mágicas.</blockquote>

	<p>Editorial Paidós<br />
Colección Contextos<br />
400 páginas<br />
ISBN: 978-84-493-2496-3</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.planetadelibros.com/mala-ciencia-libro-49047.html">Planeta Libros</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘El club de los supervivientes’ de Ben Sherwood]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/el-club-de-los-supervivientes-de-ben-sherwood</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/el-club-de-los-supervivientes-de-ben-sherwood</guid>
      <pubDate>Sun, 06 Mar 2011 19:07:35 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/03/9788449323614.jpg" alt="" /><strong>Benjamin Berkley Sherwood</strong> es un conocido escritor, periodista y empresario estadounidense. Y además es un experto en supervivencia, como demuestra en su último ensayo, <em>best seller</em> en medio mundo, <strong>El club de los supervivientes</strong>: <em>los secretos y la ciencia que puede salvar tu vida</em>.</p>

	<p>El libro es tan entretenido que probablemente lo leáis sin apenas daros cuenta de que se mueven las agujas del reloj. Para mí, al menos, <strong>ha sido como ver un reportaje de National Geographic pasado por el tamiz de la MTV</strong>. Porque Sherwood nos permite conocer casos reales de todo tipo de personas que han logrado sobrevivir a accidentes increíbles, a la vez que se entrevista con expertos en diferentes áreas científicas para aportar una explicación sobre los detalles más insólitos de cada caso. </p>

	<p>Una mujer empapada en gasolina y quemada por su marido. <strong>Un ciclista que una mañana se estrelló contra un camión de más de veinte toneladas</strong>. Unos veteranos que sobrevivieron al ataque japonés de Pearl Harbor. Una joven bailarina que se vio obligada a bailar ante Josef Mengele para conservar la vida en un campo de concentración de Auschwitz…</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Además de las fascinantes historias, por el camino iremos aprendiendo cuál es el asiento más seguro de un avión y por qué, qué lugar es el mejor del mundo para sufrir un ataque al corazón (que es en un casino de Las Vegas, por cierto) y <strong>cómo el número 3 puede manteneros con vida en un caso de aplastamiento</strong>. </p>

	<p>En definitiva, <strong>El club de los supervivientes</strong> está repleta de información práctica. </p>

	<p>Pero también de información teórica que deleitará a todo buen amante de la divulgación científica. Y, por supuesto, si lo que más os tira son las historias reales, los casos escabrosos y las anécdotas que hacen que uno recupere la fe en la humanidad, <strong>Ben Sherwood</strong> consigue complacer también a esa clase de lector. A veces, incluso, ofreciendo demasiados detalles que uno preferiría no haber leído nunca (impresionables, absteneos).</p>

	<p>Editorial Paidós<br />
Colección Contextos<br />
308 páginas<br />
ISBN: 978-84-493-2361-4</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.planetadelibros.com/el-club-de-los-supervivientes-libro-24189.html">Ficha en Editorial Paidós</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Las mentiras de la ciencia’ de Dan Agin]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/las-mentiras-de-la-ciencia-de-dan-agin</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/las-mentiras-de-la-ciencia-de-dan-agin</guid>
      <pubDate>Sun, 25 Jul 2010 10:19:24 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/07/44e4043bf37f97ee19dab3b49ab1b21bc9227596.jpg" alt="" />Qué duda cabe de que <strong>el método científico es el procedimiento más depurado</strong> para alcanzar cotas de conocimiento empírico difícilmente alcanzables por cualquier otro medio intelectual. Por ello el método científico sólo puede aplicarse a determinados aspectos de la realidad; el resto queda fuera de la ciencia y, por tanto, lejos de su verificación: flotan en el éter de lo que llamamos intuición, mitología, misticismo o pseudociencia. </p>

	<p>Sin embargo, la ciencia, aunque es la forma más objetiva y mejor calibrada para acercarnos lo máximo posible a la verdad (o al menos a una verdad lo suficientemente objetiva como para que nos resulte útil), no puede desarrollarse en toda su amplitud a causa de un lastre en forma de ser humano: <strong>el científico</strong>.</p>

	<p>De hecho, muchas personas (sobre todo los ignorantes científicos o los aquejados del síndrome de Frankenstein, ergo, del miedo irracional al progreso científico) <strong>suelen confundir la ciencia con el científico para así poder cargar las tintas contra el primero</strong>.</p>

	<p>Y así, afirmaciones del tipo la ciencia se equivoca muchas veces, la ciencia es capaz de producir males terribles, la ciencia comete muchos fraudes, la ciencia no resuelve problemas importantes o cotidianos no son de recibo, pues en todas ellas debe sustituirse la palabra “<em>ciencia</em>” por la palabra “<em>científico</em>”. O lo que es lo mismo: “ser humano”. Es decir, una criatura falible, arrastrada por intereses personales, a veces inmoral, imperfecta. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Confundir, pues, ciencia con científico es como confundir cuchillo jamonero con asesino en serie de arma blanca. </p>

	<p>Hechas estas advertencias, comprenderéis entonces que el ensayo de <strong>Dan Agin</strong>, <strong>Las mentiras de la ciencia</strong>, en realidad no dispara sus saetas contra la ciencia como disciplina sino contra muchos de sus practicantes, que, como en cualquier otra actividad humana, también son autores de fraudes, manipulaciones y creencias irracionales. </p>

	<p>Y así, el autor, un doctor en psicología biológica, que ha dedicado más de 30 años de su vida a la investigación neurobiológica, se dedica a denunciar, página a página, la corrupción en el mundo científico, sus efectos perniciosos y el peligro que todo ello supone para la sociedad.</p>

	<p>A diferencia de otros libros de similar estilo e intenciones, el libro de Agin <strong>profundiza más de lo habitual en los casos que expone</strong>: fraudes, mentiras, falsas creencias, alimentos transgénicos, el negocio de la medicina, la contaminación y sus intereses privados, el calentamiento global, la controversia sobre las células madre y otros. </p>

	<p>Sin embargo, el estilo de Agin se desvela como demasiado aséptico, lineal, poco carismático, casi ofreciendo un distanciamiento notarial que provocará el bostezo en el lector que no esté fuertemente motivado por el tema tratado. </p>

	<p>Así pues, <strong>Las mentiras de la ciencia</strong> es más bien una lectura ocasional del tema que más nos interese y no una lectura de principio a fin. </p>

	<p>Y recordad, muchos científicos deberían ir a la cárcel. Pero que la imagen icónica de <em>mad doctor</em> que se desprende de las películas no os ofusque: sin la ciencia aún estaríamos en las cavernas.</p>

	<p>Editorial Ma non troppo<br />
Colección Ciencia<br />
320 páginas<br />
ISBN: 978-84-96924-69-7</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.robinbook.com/libro/detalle/id/1673">Ficha en RobinBooks</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Musicofilia', de Oliver Sacks]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/musicofilia-de-oliver-sacks</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/musicofilia-de-oliver-sacks</guid>
      <pubDate>Mon, 06 Jul 2009 16:15:50 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image5479" class="derecha" alt=Musicofilia src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/musicofilia.JPG" />A lo largo de los años <strong>Oliver Sacks</strong> se ha convertido en un reputado neurólogo que, gracias a su forma de narrar historias clínicas, ha acercado al gran público esta rama de la ciencia tan intrincada y, en ocasiones, sorprendente. Cualquiera que lo haya leído sabe dónde reside su atractivo, lo que hace que alguien sin conocimientos médicos devore sus libros como si se tratara de cuentos o novelas. El doctor Sacks habla, más que de enfermedades o trastornos, de pacientes (mejor dicho, de personas) y de cómo esa dolencia afecta a una vida concreta. Como un Sherlock Holmes que ausculta la mente, analiza los sentidos y los observa a la luz de las acciones más cotidianas; lo que prima en sus textos es la experiencia de la enfermedad, su mano a mano con quien la vive a diario. </p>

	<p>Su última obra, <strong>Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro</strong>, aúna dos de sus grandes pasiones: la neurología y la música, que en estas páginas se entretejen en un intento de comprenderse mutuamente. Cómo el cerebro percibe e interpreta la música, cómo ésta es capaz de despertar zonas dañadas de nuestra mente. <!--more--></p>

	<p>En el prefacio, Sacks señala que la propensión humana hacia la música surge en la infancia y, yendo más atrás, en los comienzos mismos de la humanidad y las culturas. Si bien su origen no está claro, ni tampoco su utilidad biológica, está tan arraigada en nuestra naturaleza que podríamos considerarla prácticamente innata. </p>

<blockquote><p>Todos nosotros (con muy pocas excepciones) podemos percibir la música, los tonos, el timbre, los intervalos, los contornos melódicos, la armonía y (quizás de una manera sobre todo elemental) el ritmo. Integramos todas estas cosas y “construimos” la música en nuestras mentes utilizando muchas partes distintas del cerebro. Y a esta apreciación estructural en gran medida inconsciente de la música se añade una reacción emocional a menudo intensa y profunda.</p></blockquote>

	<p>La idea de escribir este libro nació en 1966, al descubrir los efectos que tenía la música en pacientes con Parkinson profundo (su experiencia con ellos fue narrada en <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks">Despertares</a>). A partir de entonces, Sacks fue recogiendo cada una de las historias personales de quienes, tras sufrir una lesión cerebral o una enfermedad, desarrollaron una particularidad hacia la música. </p>

	<p>‘Musicophilia’ se publicó en su lengua original en octubre de 2007, por lo que esta primera edición en castellano (marzo de 2009) recoge el texto revisado y aumentado que apareció un año después. Gracias a estos añadidos conocemos mejor la evolución de los pacientes, así como más casos o curiosidades sobre algunos de los fenómenos analizados, debido a las numerosas cartas que recibió Sacks tras la publicación del libro.</p>

	<p>Resulta difícil destacar sólo algunas de las historias que componen ‘Musicofilia’, pues casi todas nos revelan datos interesantes sobre la relación entre la música y el cerebro. Lo más llamativo de lo que nos cuenta el doctor Sacks (no sólo en esta obra, sino en todos sus libros anteriores), es la sorpresa del lector ante la “diferencia”. Tenemos tan asumidos los procesos biológicos, neurológicos, nerviosos, considerados “normales”, que nos resulta tremendamente chocante descubrir uno que funcione bajo otras premisas o, sin ir tan lejos, la mayoría de las veces no somos conscientes de lo más obvio. Cuando leí <strong>Un antropólogo en Marte</strong> quedé muy sorprendida con la historia de Virgil, un hombre que fue operado de cataratas tras vivir casi ciego desde los 6 años (la operación se produjo cuando rondaba los 50). Virgil tuvo que “aprender a ver”, a interpretar el mundo desde un sentido que hasta el momento había sido inexistente: conciliar lo que le mostraban los ojos con los sonidos, las formas, el espacio.</p>

	<p>De modo similar, en ‘Musicofilia’ aprendemos cómo hay personas que son incapaces de percibir la música como tal (amusia), que sufren de disarmonía o arritmia, mientras otras poseen oído absoluto (como siempre se dijo de Mozart). Hay quienes no pueden reconocer ninguna melodía, ni siquiera el &#8216;Cumpleaños feliz&#8217;, o como el neurólogo amigo de Sacks, François Lhermite, que afirma que identifica una única melodía en el mundo, ‘La Marsellesa’ (Ulysses S. Grant aseguraba que conocía dos canciones: <em>Una es ‘Yankee Doodle’ y la otra no</em>). En el lado opuesto nos encontramos con Martin, con retraso mental profundo, que sabe de memoria más de dos mil óperas completas; es lo que se conoce como “savant” musical. Acostumbrados desde niños a la presencia de la música, nos resulta increíble que para unas pocas personas ésta no sea más que un espantoso ruido desordenado, similar al de varias cacerolas estrellándose contra el suelo.</p>

	<p>Sin duda alguna, de todas las historias narradas en este libro la más dramática es la de Clive Wearing, un músico y musicólogo inglés que a los cuarenta y cinco años sufrió una devastadora infección cerebral que afectó gravemente a su memoria. Desde entonces, su rango de memoria es de siete segundos. Es espeluznante leer su diario, en el que escribe, una y otra vez, anotaciones del tipo: <em>2.10 pm: esta vez estoy perfectamente despierto (…) 2.14 pm: esta vez estoy por fin despierto  (…) 2.35 pm: esta vez absolutamente despierto…</em>; o ver imágenes grabadas en las que saluda a su esposa como si fuera la primera vez en el día, cuando en realidad hace tiempo que se encuentra en la habitación. Pero cuando Clive se sienta al piano, comienza su contacto con el mundo: todo su saber musical, su capacidad para tocar el piano y el órgano, para cantar o dirigir un coro se conservan intactas. </p>

	<p>Una vez más, Oliver Sacks me ha descubierto nuevos rincones de nuestro cerebro, su complejo funcionamiento y su adaptación en casos extremos. Admiro a este hombre apasionado de Bach y la botánica, que come lo mismo cada día de la semana y que puede presumir de darle nombre a un asteroide. Su forma de narrar cada historia, tan cercana al paciente, hace que sus libros no sólo resulten de fácil lectura “para los no iniciados”, sino que se conviertan en verdaderas guías sobre el comportamiento humano. </p>

	<p>Para terminar, hace poco el canal de televisión <span class="caps">PBS</span>, dentro de la serie científica <span class="caps">NOVA</span>, grabó un documental sobre cuatro de los casos estudiados en ‘Musicofilia’: <strong>Musical Minds</strong>. Aquí os dejo un pequeño fragmento de lo que ofrece:</p>

<p>
<object style="margin:0 auto;display:block" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.youtube.com/v/7MoJumRgD_E" width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/7MoJumRgD_E" /><p><a href="http://youtube.com/watch?v=7MoJumRgD_E">Ve el video en el sitio original.</a></p></object><br />
</p>

	<p>Editorial Anagrama<br />
ISBN: 978-84-339-6289-8<br />
464 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_394">Ficha en editorial Anagrama</a><br />
Más información | <a href="http://www.pbs.org/wgbh/nova/musicminds/">Musical Minds</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks">&#8216;Despertares&#8217;, de Oliver Sacks</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/los-neandertales-cantaban-rap-de-steven-mithen">&#8216;Los neandertales cantaban rap&#8217;, de Steven Mithen</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Despertares', de Oliver Sacks]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks</guid>
      <pubDate>Fri, 19 Dec 2008 15:57:47 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4638 alt=Sacks src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/oliversacks.jpg" />Desde la primera vez que leí a <strong>Oliver Sacks</strong>, con <strong>Un antropólogo en Marte</strong>, quedé absolutamente fascinada en dos sentidos: uno, por las extraordinarias historias que narraba sobre alteraciones neurológicas (un tema por el que siempre he sentido gran atracción) y, dos, y aquí reside el auténtico motivo de mi fascinación, por la perspectiva que defiende sobre la enfermedad y su tratamiento. Sus libros se centran en temas que, a priori, todos catalogaríamos como “científicos” y, por supuesto, lo son, ya que se trata de casos médicos. Pero lo que a Sacks le interesa no es realizar una exposición sobre la enfermedad en términos puramente científicos, mecánicos y químicos, sino dar una visión sobre <em>los paisajes existenciales en los que viven los pacientes</em>, las experiencias individuales de cada uno con su enfermedad.</p>

	<p>Aquí radica su éxito, no sólo el que cuantifica las ventas de sus libros, sino su calidad como científico y como persona. De ahí que, cuando en 2006, Dustin Hoffman presentó el premio ‘Music has power,’ que el <a href="http://www.bethabe.org/MUSIC_INSTITUTE55.html">Institute for Music and Neurologic Function</a> le concedió a Oliver Sacks, afirmó que lo que en esos momentos estaban celebrando era su <em>profunda humanidad</em>.<!--more--></p>

	<p><strong>Despertares </strong>fue el libro que hizo que su nombre se conociera a nivel internacional, y es precisamente en él en donde Sacks reflexiona, argumenta y defiende con mayor claridad su perspectiva; no porque no lo haga en el resto de sus obras, sino porque en ésta lo dice de forma explícita y reiterada. Motivo había. A mediados del siglo XX el estilo “romántico” en la medicina neurológica, es decir, la historia clínica profunda, no era visto con buenos ojos. Por el contrario, lo que predominaba era el análisis puro de las funciones neurales y psíquicas, sin tener en cuenta la individualidad de cada paciente. Por ello la publicación de &#8216;Despertares&#8217; en 1973 fue acogida con silencio y frialdad. Pero una década más tarde, cuando lo narrado por Sacks empezó a ser compartido por otros colegas de profesión que, por fin, lo veían con sus propios ojos, la reacción fue muy distinta. La tercera edición, de 1982, hizo de &#8216;Despertares&#8217; prácticamente un clásico.</p>

	<p>Como el propio autor comenta en el prefacio, el tema tratado en el libro son <em>las vidas y las reacciones de determinados pacientes que se hallan en una situación única, así como las implicaciones que tienen esas vidas y esas reacciones para la medicina y la ciencia en general</em>. En concreto, los pacientes a los que se refiere son los últimos supervivientes de la gran epidemia de la <strong>enfermedad del sueño (encefalitis letárgica)</strong> que tuvo lugar entre 1916 y 1927. Cincuenta años después, se encontraban dispersos por diferentes hospitales y tratados como enfermos crónicos por los que ya no podía hacerse nada. Uno de esos hospitales era el Monte Carmelo de Nueva York (en realidad, se cambió el nombre de los pacientes y el del hospital para preservar su confidencialidad), que albergaba a ochenta de estos pacientes en 1969, año en que Sacks llegó a la institución. </p>

	<p>Si bien la encefalitis letárgica ya había sido descrita medio siglo antes por Von Economo la bibliografía y, en general, el conocimiento sobre ella era casi nulo. De hecho, Sacks indica que después de 1935 prácticamente no se había escrito sobre el tema. La mayoría de los afectados se habían recuperado de la primera fase de la epidemia relativamente poco después, y durante décadas no habían experimentado nuevos síntomas, hasta que estos aparecieron de forma paulatina pero notable y tomaron sus vidas por completo. Von Economo los había descrito como “volcanes extinguidos”, pues eran personas que conservaban sus facultades mentales pero se hallaban prisioneras de sus cuerpos, estaban “congeladas” y todo apuntaba a que seguirían así para siempre.</p>

	<p>En 1967 el doctor Georges Cotzias había publicado esperanzadores resultados sobre un nuevo tratamiento del parkinsonismo, consistente en la administración de <strong>L-dopa </strong>que, a partir de entonces, empezó a ser considerada una “droga milagrosa”. Si bien la encefalitis letárgica tenía puntos de contacto con el parkinsonismo, eran muchas sus diferencias y, sobre todo, las reacciones en cada persona. Durante el verano de 1969, Sacks comenzó a administrar L-dopa a algunos de los pacientes del Monte Carmelo. Entonces ocurrió el “despertar” o, más exactamente, los “despertares”.</p>

	<p>El núcleo central del libro son las historias clínicas de algunos de los pacientes tratados por Sacks en el Monte Carmelo. Nos narra la vida de cada uno de ellos antes de la epidemia, la aparición progresiva de la enfermedad hasta el ingreso hospitalario y su tratamiento con L-dopa. De éste, se nos cuenta el comienzo, en el que el paciente se ve liberado de su enfermedad (“el despertar”), la recaída y aparición de múltiples y variados problemas (“angustia y desesperación”) y, por último, la fase final de “adaptación”, que no siempre se consigue.</p>

	<p><blockquote><p>No hay nada vivo que no sea individual: nuestra salud es nuestra, nuestras enfermedades son nuestras y nuestras reacciones son nuestras, del mismo modo que lo son nuestras mentes o nuestros rostros. Nuestra salud, nuestras enfermedades y nuestras reacciones no pueden ser comprendidas in vitro, por sí mismas; sólo pueden ser comprendidas con referencia a nosotros, como expresiones de nuestra naturaleza, de nuestra vida, de nuestro existir aquí (da-sein), en el mundo.</p></blockquote></p>

	<p>Éste es uno de los numerosos párrafos en donde Sacks explica su visión y explicación del libro, el motivo de que hayan sido “despertares” en plural. La enfermedad tenía rasgos particulares en cada paciente y la reacción a la L-dopa fue distinta en cada uno (es más, en ocasiones también lo fue al ser administrada en distintos momentos a una misma persona). Sus resultados eran imprevisibles, también su duración y, lo que es peor, la posibilidad de alcanzar un equilibrio.</p>

	<p>De repente, los volcanes entraron en erupción, en cuestión de semanas, a veces de días. Personas que habían estado cuarenta años casi sin poder moverse o hablar, sin ser capaces de expresar un gesto o iniciar un movimiento, ahora caminaban, corrían, cantaban y hablaban por los codos. Como si alguien hubiera apretado un botón.</p>

	<p>Pero en todos los casos la administración permanente de L-dopa supuso la aparición de nuevos males, variados en formas y en intensidad. La modificación de las dosis no lo solucionó y en la mayoría de los casos se interrumpió el tratamiento, con lo que los volcanes volvieron a extinguirse. A pesar de que años después se reintentó el tratamiento en muchos de ellos, la L-dopa nunca volvió a funcionar como aquella primera vez. Algunos, muy pocos, alcanzaron un equilibrio entre los beneficios y las limitaciones, pero la mayoría recayó en el estado en el que había estado sumido durante cincuenta años.</p>

	<p><blockquote><p>Así, pues, finalmente, llegamos a las únicas conclusiones posibles: que los pacientes tratados con L-dopa mejorarán siempre tanto como se lo permitan sus circunstancias personales, y que alterar su situación química puede ser el preludio de muchas otras alteraciones, aunque, por sí solo, no es causa suficiente para que se presenten. Las limitaciones de la L-dopa resultan tan claras como sus beneficios, y si deseamos reducir aquéllas y aumentar éstos, debemos ir más allá de este fármaco, más allá de todas las consideraciones puramente químicas, y preocuparnos de la persona y de su situación en el mundo. </p></blockquote></p>

	<p>Cada nuevo libro que leo de Oliver Sacks me insufla energía, me descubre nuevas perspectivas sobre el ser humano y sus capacidades y, sobre todo, me enseña lo cortos de vista que somos en ocasiones. En &#8216;Despertares&#8217; nos ofrece veinte historias únicas, veinte paisajes humanos que reflejan los rincones más oscuros y los más luminosos de la mente. Tras leerlo, no cabe duda de que la única forma posible de contar esta experiencia y de poder extraer una enseñanza era así, adentrándose en cada uno de esos veinte mundos. </p>

	<p>Sitio oficial | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_324">Ficha en Anagrama</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['El mapa fantasma', de Steven Johnson]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/salud/el-mapa-fantasma-de-steven-johnson</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/salud/el-mapa-fantasma-de-steven-johnson</guid>
      <pubDate>Fri, 29 Feb 2008 20:33:17 +0000</pubDate>

      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="izquierda" id=image2793 alt=elmapa_port.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/02/elmapa_port.jpg" />Resulta gratificante encontrarse con obras como <strong>El mapa fantasma</strong> del periodista científico y columnista de la revista Discovery <strong>Steven Johnson</strong>.  Se trata de un trabajo de investigación que desentraña uno de los episodios históricos más relevantes para el desarrollo de la sociedad occidental y a la vez uno de los más oscuros: el brote de cólera sufrido en el barrio londinense del Soho en 1854, que sólo en su primer día acabó con la vida de 500 personas; y cómo el médico <strong>John Snow </strong>y el pastor <strong>Henry Whitehead</strong> lograron ponerle fin mediante la observación directa y el método científico, salvando no sólo millares de vidas sino desterrando para siempre la superstición del ámbito de la medicina.</p>

	<p>Johnson es un investigador solvente y riguroso, pero ante todo un divulgador. Su obra no busca el morbo de asustar hablando de la &#8220;epidemia más mortífera del siglo&#8221;, aunque sí se le podría acusar de cierta indulgencia con el alarmismo en sus conclusiones. Pero su descripción de la vida en el Londres popular del siglo XIX, las condiciones sanitarias, las razones socioeconómicas que las justificaban y finalmente el desarrollo paso a paso (incluso hora a hora) de la epidemia y su investigación proceden con paso firme, con apego al dato probado y al mismo tiempo con voluntad de narrar. De los titulares del Times del día a las citas de Dickens, Johnson no se limita al caso médico sino que crea un verdadero relato de vida.</p>

	<p>Es sin duda el análisis sobre la epidemia lo que resulta más convincente y valioso de la obra de Johnson. El que dos personajes brillantes pero relativamente marginales fueran capaces de enfrentarse al <em>establishment </em>científico de la época, que consideraba el cólera una cuestión de <em>malos vientos </em>y poco más que se encogía de hombros, y realizaran un descubrimiento capital no sólo para la salud sino para el desarrollo urbano de la civilización, se desvela aquí con simplicidad y argumentos convincentes.<!--more--></p>

	<p>Sin embargo, el afán divulgativo de Johnson a veces se pasa de exhaustivo. Este es un libro pensado para personas sin excesiva preparación, con lo que el autor prefiere remachar cada concepto desde el principio, desde la genética a la teoría de la evolución. Y llega a pasarse, con afirmaciones tautológicas como el que &#8220;una ciudad y un hormiguero tienen características morfológicas comunes&#8221;. Asimismo, se le puede reprochar que su conclusión final, relacionando el cólera con las amenazas terroristas actuales y la guerra bacteriológica, peca de un punto de sensacionalista y no cuadra demasiado bien con el cuerpo de la obra. A pesar de ello, estamos ante un excelente y muy válido reportaje histórico. Lo edita <a href="http://www.ilustrae.com/">Ilustrae</a>.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://elmapafantasma.blogspot.com/">El mapa fantasma</a></p>      ]]></description>
      </item>
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