¿No queríais sopa? Pues hale, tres tazas. Es lo que está ocurriendo al otro lado del charco, en Estados Unidos, a propósito de la obsesión por proteger la industria cultural (que no la cultura). Es lo que ocurrirá el 24 de enero si se aprueba finalmente la ley SOPA (Stop Online Privacy Act, por sus siglas en inglés), a través de la cual se pretende defender los derechos de autor, regulando sitios que puedan publicar contenido sin los derechos de autor correspondientes.
La ley le cedería al Departamento de Justicia de Estados Unidos las herramientas para criminalizar a los sitios web que alojen contenidos ilegales, que no cuenten con los permisos de autor.
Vamos a simplificarlo mucho. Hasta el nacimiento de Internet, un grupo de gente ganaba mucho dinero con un modelo de negocio consistente en vender copias en serie de sus productos audiovisuales. Con la llegada de Internet, copiar se ha vuelto tan barato que seguir vendiendo copias resulta ineficaz (tal y como pasaría si alguien inventara una máquina para copiar jamones). ¿Para qué vamos a pagar (o pagar más de unos céntimos) por algo que podemos obtener de forma muchísimo más barata? Sería como obligar a la gente a seguir comprando ropa fabricada en telares manuales y no telares mecánicos. A comprar hielo traído de las montañas y no hielo concebido en nuestro frigorífico.

Como os señalaba en
Que si “okey”. Que si “cool”. Que si WTF (popular acrónimo que significa ¡qué diablos!, What The Fuck). Que si
Este es un libro de veras extraño y original. A pesar de su subtítulo, “el sorprende poder de las redes sociales y cómo nos afectan”, que acaso parece un gancho para jóvenes geeks, este libro no habla de Facebook o MySpace. Al menos no de la forma que podáis imaginar.
1)Enfoque tradicional. Los pasajeros miran por las ventanillas del coche y contemplan el paisaje. Esto es sólo un medio para llegar a los monumentos turísticos. Al finalizar el viaje, los pasajeros agradecen al conductor un itinerario tan placentero e incluso le piden su opinión al respecto.