Una de las grandes olvidadas cuando se trata el tema de la mente y de los pensamientos y conductas que emanan de ella son, indudablemente, los genes. Los genes parecen dictaminar de qué color tendremos los ojos, o si desarrollaremos tal y cual enfermedad. Pero generalmente no asociamos la genética a los pensamientos.
En El nacimiento de la mente, el profesor de psicología de la Universidad de Nueva York Gary Marcus subsana este olvido presentando todas las concomitancias que a su juicio existen entre mente y genes y cómo su conocimiento podría revolucionar lo que somos. Y además lo hace con un tono divulgativo muy accesible (bien que algunas páginas pudieran marear a los que nunca se han enfrentado a un libro de genética).
Si bien es cierto que queda mucho trecho por descubrir acerca de relación entre genes y conductas (desde luego, los genes no “controlan” en destino, sólo predisponen), nuestro ADN contribuye a formar nuestra personalidad, nuestro temperamento y las cualidades que nos hacen únicos a cada individuo.
La ciencia moderna ha demostrado, mediante quintales de estudios que Marcus detalla en las páginas de su libro, que los genes tienen un efecto demostrable en la vida mental. Ciertos estudios con animales, por ejemplo, han revelado que pueden transmitirse genéticamente aspectos de la conducta y la personalidad (como unos genetistas que produjeron roedores ansiosos y maniáticos).

El mayor escollo de Descubriendo el poder de la mente, Cómo el cerebro crea nuestro mundo mental, es que trata de hablar de demasiados temas, y ello resiente la profundidad otorgada a cada tema: casi epidérmica.
Ya no cabe ninguna duda de que estamos viviendo el siglo del cerebro. Cuando éste termine, os lo garantizo, se habrán dejado atrás tal cúmulo de mitos, prejuicios, malos entendidos e intuiciones que un hombre del siglo 