Carlos Monsiváis cumple hoy 70 años y sigue siendo, aún ahora, lo más cercano a un enfant terrible para la intelectualidad y la sociedad mejicana en general. Un adolescente eterno por su irreverencia intelectual y por estarse metiendo siempre en donde no lo han llamado. Estudioso obsesivo de las culturas populares, es el autor de libros sobre muchas de sus facetas, así como de muchos de los procesos socio políticos que han impactado a su país desde los años 60.
Nació en Ciudad de México donde estudió las carreras de Economía y Filosofía y Letras. Cuando le preguntan su profesión, sin embargo, dice que es periodismo. Y es que Monsiváis ha ejercido de periodista por pasión y muchas veces leyéndolo uno siente que está más cerca de la antropología, la sociología o la historia que de la economía o la literatura. Autor de crónicas insignes como Dias de guardar, Entrada Libre o Los mil y un velorios, es también autor de una novela y de múltiples libros de ensayos.
Ha ganado varios premios, los más importantes de los cuales son el Xavier Villaurrutia (1995) por Los rituales del caos, El Premio de ensayo de Editorial Anagrama (2000) por Lazos de Familia y el Premio Fil de Guadalajara (2006) (anteriormente Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe ‘Juan Rulfo’) por toda la obra.

Paco Ignacio Taibo llegó 1958 a las costas de México. Viajaba en compañia de su esposa, Maricarmen, y de su pequeño hijo Ignacín (al que conocemos hoy como
El sábado pasado, 19 de abril, se llevó a cabo en Ciudad de México el acto protocolar para recordar y celebrar al escritor 
En una de las zonas más antiguas de Ciudad de México, más exactamente allí donde Juan Pablos instaló en 1539 el primer taller de impresión de América, se acaba de inaugurar el Museo del Libro. Está ubicado en el edificio conocido como La Casa de las campanas, donde también se fundieron las primeras campanas de la catedral y que, como es usual en la zona del centro, fue construida sobre un templo azteca dedicado al dios Tezcatlipoca. 
Y no precisamente para ser enjuiciada o metida presa en un calabozo, sino para darse a conocer a los policías y abrirles nuevas ventanas para la comprensión de lo humano