Otro ejemplo es este simulador aleatorio que recoge la tradición de Borges.
En el mundo real, aunque parezca inverosímil, también se han realizado aproximaciones al experimento. En 2003, científicos en Paignton Zoo y la Universidad de Plymouth, en Devon, Inglaterra, dejaron un teclado de ordenador en la jaula de 6 monos durante un mes.
Sería bonito pensar que escribieron alguna oda al simio. O las primeras frases de algún clásico de la literatura universal. O tal vez que redactaron una Declaración de Derechos Animales. O sencillamente que les gustan los cacahuetes. Pero lo cierto es que se limitaron a producir 5 páginas en las que sólo se leía la letra “S”, y luego alguna letra más. Algo muy poco interesante, salvo para las corrientes dadaístas.
Y, además, atacaron el teclado con una piedra para, finalmente, orinarse y defecarse en él. Todo un ejemplo de arte moderno, según se mire.

Los misterios de la creatividad. Los monos que, por casualidad, escriben una obra de Shakespeare. La negación del autor.