
Soy consciente de que a este ritmo acabaré las novelas del Mundodisco en mi jubilación, pero es que hay tantos libros por leer que tampoco es para que lea sólo a Terry Pratchett. Aunque eso sí, como ya he dicho en más de una ocasión, te levantas un día así de repente y descubres que el cuerpo te pide un poquito del humor de Terry. Eso me pasó hace un mes o así, y aquí estoy, para traeros La luz fantástica, segunda novela de la mencionada serie.
Este libro fue escrito originalmente en 1986 y si no me equivoco, es el único de la extensa serie que empieza justo donde acabó el anterior. Vamos, una continuación en toda regla. Pero ya sabéis que si algo tienen todas las novelas del Mundodisco es que pueden leerse por separado sin que suframos en exceso ni nos perdamos. Y ‘La luz fantástica’ no es ninguna excepción, ya que aunque comience donde lo dejó El color de la magia, no habría ningún problema en seguir su historia.
En esta ocasión, volvemos a acompañar a Rincewind (el mago un poquitín torpe y miedoso) y a Dosflores (turista ávido de experiencias). La aventura que vivirán no es otra que intentar salvar al Mundodisco, ni más ni menos. Y es que ha aparecido en el horizonte una estrella roja que no tiene muy buena pinta. Por día que pasa se hace más grande, y parece inevitable que acabe chocando con la tortuga que soporta este particular mundo, Gran A’Tuin. Sólo existe una forma de salvarse, y es recitar los ocho hechizos que encierra el Octavo (un libro muy particular) a la vez. Si tenemos en cuenta que uno de esos hechizos se refugió en la mente de Rincewind, pues os podéis imaginar, ¿verdad?







El divertidísimo e irónico escritor de ¿fantasía? Terry Pratchett, conocido sobre todo por su inmensa saga de Mundodisco (posiblemente la más larga en la actualidad, y también la que más se sustrae en las librerías, según estadísticas), sufre Alzheimer desde 2007.
Terry Pratchett (1948) es uno de los escritores británicos satíricos más divertidos que conozco, con permiso de Douglas Adams. Terry Pratchett sólo cultiva la fantasía y la ciencia ficción, pero lo hace precisamente para subvertir el género y darle la vuelta a todo. En el fondo, Pratchett no escribe sobre cosas imaginarias sino sobre nuestras propias miserias cotidianas, aunque desde otro punto de vista, muy a lo Monty Phyton.
