Steven Pinker, uno de mis divulgadores favoritos, sostiene que la música es sólo un derivado del lenguaje, un “postre auditivo” al que apenas hay que darle importancia.
Steven Mithen, catedrático de Arqueología de la Universidad de Reading (Inglaterra), experto en investigación sobre la evolución humana y la arqueología cognitiva, sostiene otra postura distinta a la de Pinker: no cree que el lenguaje pueda haber derivado de la música, pues esta hipótesis no permite explicar las propiedades únicas del lenguaje.
La posibilidad que Mithen admite como más probable es que hubiera un precursor común de la música y el lenguaje, un sistema de comunicación que tuviera las mismas características que hoy comparten lenguaje y música, pero que, en determinado momento, se dividieran en dos sistemas distintos en nuestra historia evolutiva. Es bastante probable que la música naciese por la necesidad de comunicarse, quizás a grandes distancias, quizás en el tiempo, quizás de manera secreta.
Esta idea también la apoya el musicólogo Stephen Brown, que ha bautizado este precursor hipotético como musilengua. Brown considera que la musilengua formó una suerte de antiguo sistema de comunicación usado por nuestros ancestros. En determinado momento, la musilengua se dividió en dos sistemas separados y especializados. Uno se convirtió en la música y el otro, en el lenguaje.



Tengo un problema con los libros que recogen las reflexiones y pensamientos de un individuo. Bien, en realidad mi problema se circunscribe con los libros que recogen reflexiones y pensamientos no científicos de un individuo.





