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		<title>Magazine - nassim-nicholas-taleb</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-12 18:32:14</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cuál es el secreto de que un libro se convierta en Superventas?]]></title>
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      <pubDate>Fri, 16 Jan 2009 01:41:25 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/untitled.jpg" alt="" />Lo primero que hay que advertir a los ávidos de fórmulas magistrales aplicables a la vida diaria (más compleja y enredada de lo que imaginamos) es que no existe respuesta tal pregunta. Si existiera, las editoriales se transformarían en bancos. Lo que sucede es que la mayoría de nosotros creemos que sí existe explicación (sobre todo <em>a posteriori</em>) para justificar el éxito apoteósico de una obra.</p>

	<p>La falacia se parece mucho a la que se instala en nuestra cabeza cuando llevamos dos horas atrapados en un atasco de tráfico: ¿quién es el irresponsable que está provocando este maldito tapón? La respuesta (salvo que se haya producido un accidente que haya obligado a cortar la carretera) es nadie. La respuesta es el propio atasco, el propio sistema: a mayor número de coches, mayor cantidad de microfrenazos. Y ello se va incrementando progresivamente de coche en coche hasta que, sin saber muy bien cómo y gracias a las propiedades casi místicas de la dinámica de fluidos, zas, estamos atascados y encomendándonos a todos los santos del almanaque zaragozano. </p>

	<p>Con los duendes que determinan el éxito de ventas de un libro ocurre una cosa parecida. La llamada recursividad consiste en la retroalimentación de un fenómeno mediante un número creciente de bucles; sucesos son la causa de más sucesos iguales pero de mayor entidad. Compramos un libro, básicamente, porque otros lo compran, originándose lo que en <em>marketing</em> se denomina “bola de nieve”. Es como una epidemia. Como una moda. Nuestra intuición se resiste a este comportamiento de la realidad (estamos programados para un entorno con causas y efectos más simples) y nuestra inteligencia y nivel de computación mediante ordenadores es todavía incapaz de decodificar esta mariposa del caos que agita sus alas en Pekín y provoca un tornado en Albacete.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Gracias a estas propiedades que todavía nadie sabe descifrar y mucho menos gobernar, escritores despreciados por sus coetáneos como <strong>Edgar Allan Poe </strong>o <strong>Arthur Rimbaud</strong>, ahora son adorados y de consumo obligatorio en muchos colegios. Incluso muchos de esos colegios llevan el nombre de quienes en su día fueron pésimos estudiantes. Así pues, los éxitos de ventas (menos mal) siguen siendo impredecibles en casi todos sus rasgos. Y el que intenta explicar el éxito de <em>Harry Potter</em> o <em>El código da Vinci </em>lo hace hilvanando cuatro o cinco concatenaciones de bajo nivel que ni mucho menos aciertan a explicar que el generador de tanto atasco, tanto claxon y tanta imprecación es algo que ni siquiera podemos imaginarnos en nuestra mente salvo que usemos modelos matemáticos de una complejidad que asusta. </p>

	<p>Lo explica mucho mejor que yo <strong>Nassim Nicholas Taleb</strong> acerca del éxito de la religión católica frente a sus competidoras:</p>

	<p><blockquote><p>Al parecer, algunos peces gordos asumieron las ideas de un judío aparentemente herético con la suficiente seriedad para pensar que iba a dejar rastro en la posteridad. Sólo disponemos de una única referencia contemporánea a Jesús de Nazaret (en <em>La guerra de los judíos</em>, de Flavio Josefo), que bien pudo haber añadido más tarde algún devoto copista. ¿Y la religión competidora que surgió siete siglos después? ¿Quién predijo que una serie de jinetes iban a extender su imperio y la ley islámica desde el subcontinente indio hasta España en tan sólo unos años? Más que el auge de la cristiandad, el fenómeno que conllevaba mayor impredecibilidad era la expansión del islamismo (la tercera edición, por decirlo de algún modo); a muchos historiadores les ha sorprendido la contundencia del cambio. George Duby, por ejemplo, manifestó su sorpresa por la rapidez con que casi diez siglos de helenismo levantino fueron borrados con un solo golpe de espada. Un posterior titular de la misma cátedra en el College de France, Paul Veyne, comparaba con toda autoridad la difusión de las religiones a los éxitos de ventas, una comparación que indica impredecibilidad. Estos tipos de discontinuidades en la cronología de los acontecimientos no hacían de la historia una profesión fácil: el análisis aplicado y minucioso del pasado no nos dice gran cosa sobre el espíritu de la historia; sólo nos crea la ilusión de que la comprendemos.</p></blockquote></p>

	<p>De los miles de millones de pequeños sucesos que, unidos, provocan que se produzca un suceso, sólo al final, a toro pasado, captaremos únicamente media docena como relevantes para nuestra comprensión de lo sucedido. Nadie sabe por qué se vende tanto <em>Harry Potter </em>cuando <em>Harry Potter</em> no tiene nada objetivamente especial, y seguramente hay cientos o miles de <em>Harry Potter</em> al menos tan atractivos como el que finalmente ha triunfado. Y mucho menos nadie sabe de qué naturaleza será el próximo superventas. Algo es bastante seguro, ni será sobre magos imberbes ni sobre conspiraciones religiosas&#8230; ni tampoco sobre historias de amor descafeinadas (y asexuadas) sobre un chico vampiro y una chica humana.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/22-ael-cisne-negroa-de-nassim-nicholas-taleb">El cisne negro</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La imposibilidad de la crítica literaria perfectamente ecuánime]]></title>
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      <pubDate>Fri, 02 Jan 2009 12:33:16 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/manos%20escher%202.jpg" alt="" />Éste es, entre otras cosas, un espacio para la crítica de obras literarias. Dejando a un lado las percepciones idiosincrásicas de cada uno de los editores de este blog, ¿es posible que exista un criterio objetivo que enumere una serie de puntos perfectamente sensatos y coherentes acerca de una obra artística? En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura, ¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa? ¿Tal vez sólo existe un análisis perfecto pero, a causa de limitaciones epistemológicas, nos limitamos a dar válidas cualquier exégesis porque no hay forma de impugnar lo que ignoramos?</p>

	<p>Cuando un especialista debe traducir una obra de un idioma a otro, se enfrenta a una disyuntiva casi infinita: una frase puede interpretarse de muchas formas diferentes y no todas ellas poseen una traducción literal. De igual forma, una crítica suele escapar (o debería) de unas reglas estrictas. Por esa razón, las críticas a una misma obra deberían ser, por sistema, distintas entre sí. Esto ocurre con frecuencia, pero no tanto como pensamos. Si muchas críticas se parecen entre sí no es porque exista un código universal para valorar una obra (existe, pero las emociones suelen vulnerarlo). </p>

	<p>Si las críticas se asemejan es debido a un efecto de solapamiento que se describe muy bien <em>Fire the Bastards!</em>, de Jack Green, que recoge sistemáticamente las críticas de la novela de William Gaddis <em>The Recognitions</em>. Green demuestra así que muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra son el resultado del contagio arbitrario: una persona lee una reseña de un libro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, se reducen a dos o tres críticas originarias.  </p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Luego está el problema de la limitación de nuestra percepción literaria. Uno, por mucha que lea, sólo leerá una ínfima parte de los libros que existen. Las obras que no ha leído (la mayoría) pero que se consideran obras fundamentales o canónicas serán prejuzgadas con benevolencia aunque sólo sepa de ella a través de terceros. Y por último, ni siquiera somos conscientes de las obras y los autores que quizá nos parezcan más espectaculares que las obras y autores que han saltado a la fama y que tal vez modificarían nuestros criterios estéticos. Las librerías pequeñas, de no más de 5.000 libros en su fondo bibliográfico, no tienen ningún interés en ocupar el espacio de sus estanterías con obras marginales o poco conocidas. Incluso una gran librería, como la estadounidense Barnes &#38; Noble, que puede contener del orden de 130.000 volúmenes, es un lugar de hechuras insuficientes para exhibir las miriónimas facetas artísticas del hombre. La mayoría de obras nacen muertas, a efectos de la crítica.</p>

	<p>En Internet puede existir, sin embargo, un número infinito de obras, una biblioteca de Babel como la que imaginaba Borges, pues su almacenamiento es etéreo, apenas ocupa espacio físico. Y luego existe la posibilidad de la impresión bajo demanda, si uno prefiere leer la obra de forma tradicional. Pero la infinitud de la Red también constituye un impedimento para que conozcamos la realidad literaria. Nadie tiene suficiente tiempo en su vida para indexar en su mente todas las obras que se escriben y mucho menos las que se escribieron y que muchos se dedican a escanear. Así pues, paliamos nuestro limitado horizonte perceptivo empleando cribas.</p>

	<p>Una de las cribas que la propia Red fomenta consiste en una pléyade de críticos y expertos en letras que, mediante opiniones más o menos subjetivas, de nuevo tratan de transformar el universo incognoscible de la literatura en una nación pequeña, de fronteras definidas y catastro selectivo, casi eugenésico. De nuevo, pues, volvemos donde estábamos: podemos consumir más libros que nunca pero, so pena de ahogarnos en la sobresaturación, preferimos afincarnos en una pequeña isla de libros del tamaño de Barnes &#38; Noble.</p>

	<p>Pero Internet, además de permitirnos decuplicar la cultura y la información, liberarnos de las tiranías de muchos ideólogos intocables, del sistema académico o de los grupos de prensa, también permite que la crítica sea un poco menos influyente y platónica. En Internet, la información va de abajo a arriba, tal y como podemos comprobar en la enciclopedia más consultada de la historia: la Wikipedia, que ha sido confeccionada por la base y parte de los detalles para llegar a los conceptos. Ahora, gracias a la democracia digital, los críticos deben rendir más cuentas de sus arbitrarios sesgos.</p>

	<p>Antes de Internet, los vulnerables autores se sentían impotentes ante la voz incuestionable de la crítica. Un autor, antes, quedaba silenciado. Ahora es capaz de colgar su contracrítica, por ejemplo, dejando en evidencia las debilidades del crítico y propagándolas a través de foros, buscadores y webs especializadas. <strong>Papel en Blanco</strong>, al ser un blog, tiene la posibilidad de que toda entrada sea comentada por los lectores, incluidas las críticas. Ello redunda, aunque de momento el efecto sea pequeño, en ajustar la credibilidad del crítico, rebajándola a un nivel más justo.</p>

	<p>La mayoría de críticas, por mucho que nos convenzamos de nacen de la razón, contienen muchos elementos emocionales, impulsivos, maniáticos, veleidosos. Internet no ha podido acabar con esos defectos (probablemente el público prefiere críticos con defectos que ausencia de críticos y cribas), pero al menos las redes sociales 2.0 generan más ruido ambiente. Y de tanto ruido seguramente brotará con mayor facilidad algún esqueje de verdad. Al menos con mayor facilidad que en un soliloquio frente a un auditorio mudo.</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70069">El Cisne Negro, de Nassim Nicholas Taleb </a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/12/22-ael-cisne-negroa-de-nassim-nicholas-taleb">Reseña de El Cisne Negro</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘El Cisne Negro’ de Nassim Nicholas Taleb]]></title>
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      <pubDate>Mon, 22 Dec 2008 14:08:39 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/70069.jpg" alt="" />Este voluminoso ensayo trata de descifrar las reglas y la lógica de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el saber en base a un fenómeno llamado “Cisne Negro”, que en esencia es un fenómeno altamente improbable que determina la realidad de forma muy profunda. </p>

	<p>Para que un suceso sea determinado como “Cisne Negro” (antes del descubrimiento de Australia, las personas del Viejo Mundo estaban convencidas de que todos los cisnes eran blancos basándose en las pruebas empíricas de su realidad) debe reunir tres requisitos. Primero, debe ser una rareza. Segundo, debe producir un gran impacto. Tercero, pese a su condición de rareza, la naturaleza humana debe inventar explicaciones de su existencia a posteriori, para convertirlo en falsamente explicable y predecible. </p>

	<p>Según <strong>Nassim Nicholas Taleb</strong>, una pequeña cantidad de Cisnes Negros es capaz de explicar casi todo lo concerniente a nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. El éxito de Google y Youtube, y hasta el 11-S, son Cisnes Negros.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Profesor de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets en Amherst, <strong>Nassim Nicholas Taleb </strong>ha escrito un libro que quizá sea un Cisne Negro en sí mismo, donde trata de explicarnos mediante narraciones trufadas de anécdotas cómo los seres humanos creemos saber más de lo que realmente sabemos. También constituye un lúcido razonamiento acerca de la estupidez de reducir la complejidad del mundo (social, psicológico, financiero, histórico) a unas simples fórmulas que en realidad jamás predicen casi nada, pues casi todo lo que vemos está creado por la serendipia, esto es, el azar. </p>

	<p>Lo cual relega a muchos expertos en diversas disciplinas a la categoría de engañabobos inconscientes; lo que Nietzsche llamaba <em>Bildungsphilisters</em> o zafios doctos, ignorantes que se escudan en los títulos académicos pero que carecen de erudición verdadera por su falta de curiosidad y humildad y su estrechura de miras. </p>

	<p>En <strong>El Cisne Negro</strong> descubriremos que nos encanta los tangible, la confirmación, lo explicable, lo estereotipado, lo teatral, lo romántico, lo pomposo, la verborrea, la Harvard Business School, el Premio Nobel y, sobre todo, la narración; que todo se nos explique en forma de fábula o cuento para que nuestro sistema crítico quede todavía más inerme de lo habitual.</p>

	<p>Tal vez uno de los puntos negativos más evidentes de <strong>El Cisne Negro</strong> sea su extensión. No sólo tiene muchas páginas sino que, en realidad, sólo plantea dos o tres ideas básicas repetidas incesantemente, y no siempre desde ángulos distintos sino con sólo diferentes paradigmas. Ello puede entorpecer la lectura, que acaba siendo morosa de tan reiterativa, al menos a nivel ideológico. Pero al estar estructurado siempre en capítulos cortos, casi cápsulas, de estilo ameno y accesible, y con títulos realmente llamativos (como “No quiero ser pavo”, “No todos los <em>zoogles</em> son <em>boogles</em>”, “¡Vi otro Mino rojo!” o “Cómo buscar caca de pájaro”), finalmente uno avanza impelido por las páginas por cierta curiosidad insaciable. </p>

	<p>También resulta un ensayo atípico en el sentido de que no existen apenas citas de otros pensadores o eruditos, pues el autor siempre recela de ello y trata de presentar su ideario como una colección de pensamientos muy personales, basados más en la reflexión y la meditación y no tanto en pruebas de laboratorio. Sus ideas son interesantes y muy útiles para ajustar nuestro grado de percepción acerca de las cosas, pero quizá se echa en falta un poco más de profundidad en algunos asuntos y menos narraciones que traten de confirmarlas (precisamente uno de las falacias que el propio autor aduce como tóxicas para la comprensión de muchos asuntos).</p>

	<p><blockquote><p>El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitantes en dos categorías: aquellos que reaccionan con un “¡Oh! Signore professore dottore Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?”, y los demás –una minoría muy reducida-, que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación. Los libros leídos tienen mucho menos valor que los no leídos. Nuestra biblioteca debería contener tanto de lo que no sabemos como nuestros medios económicos, la hipoteca y el actual mercado activo, competitivo y con escasa variación de precios de la propiedad inmobiliaria nos permitieran colocar. Acumularemos más conocimientos y más libros a medida que nos hagamos mayores, y el número creciente de libros no leídos sobre los estantes nos mirará con gesto amenazador. En efecto, cuanto más sabemos, más largas son las hileras de libros no leídos. A esta serie de libros no leídos la vamos a llamar antibiblioteca.</p></blockquote> </p>

	<p>Editorial Paidós<br />
Colección Transiciones<br />
496 páginas</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.paidos.com/lib.asp?COD=70069">Ficha en Editorial Paidós</a></p>      ]]></description>
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