
Habría que estudiar primero cómo la colonización trabaja para descivilizar al colonizador, a embrutecerlo en el sentido literal de la palabra, a degradarlo, a despertar en él instintos reprimidos, a la concupiscencia, a la violencia, al odio racial, al relativismo moral, y demostrar que, cada vez que en Vietnam se corta una cabeza y se revienta un ojo y que en Francia se acepta, una niñita es violada y que en Francia se acepta, un Malgache torturado y que en Francia se acepta, hay una acquisición de la civilización que pesa su peso muerto, una regresión universal que se opera, una gangrena que se instala, un foco de infección que se extiende y que al final de todos esos tratados violados, de esas mentiras propagadas, de todas esas expediciones de castigo toleradas, de todos esos prisioneros atados e interrogados, de todos esos patriotas torturados, al final de ese odio racial alentado, de esa jactancia extendida, está el veneno inyectado en las venas de Europa, y el progreso lento, pero seguro, del ensalvajamiento del continente.
Europa es moralmente, espiritualmente idefendible.
Discurso sobre el Colonialismo, 1950
El poeta francófono Aimé Césaire (Martinica, 1913 – 2008) murió este jueves de una insuficiencia cardíaca en Fort-de-France, la ciudad isleña de la que fue alcalde hasta 2001. Césaire fue uno de los tres grandes fundadores del movimiento poético e intelectual anticolonialista conocido como la Negritud, junto al guyanés Léon Gontran Damas y al senegalés Léopold Sédar Senghor, cuya figura descollante en lo poético y sonrojante en lo político tiende a eclipsar a sus compañeros de generación. Los hombres de la Negritud, oriundos de los territorios franceses de ultramar y educados en la metrópoli, arremetieron furiosamente contra el discurso eurocéntrico que justificaba el sistema colonial y fueron piezas clave de los procesos de descolonización.

