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		<title>Magazine - neurologia</title>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 06:09:07</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cómo cambia tu cerebro cuando lees o escribes?]]></title>
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      <pubDate>Thu, 14 Jul 2011 13:47:13 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image9310" src="http://img.papelenblanco.com/2011/07/bc522_aprenderaleer.jpg" class="centro" alt="bc522_aprenderaleer.jpg" />Todos tenemos la intuición de que, al leer un libro, <strong>salimos un poco cambiados de la experiencia</strong>. Más sabios (o más resabiados), con mayor perspectiva, más empáticos, con mayor ojo crítico, más soñadores, con mayores ansias por conocer, más viajados, con más amigos, menos solos, en definitiva. Algo parecido sucede con la escritura, aunque de un modo ligeramente distinto.</p>

	<p>Pero tener la intuición, creer, sospechar, sentir… no es lo mismo que saber. Para saber si realmente la lectura o la escritura nos cambia, deberíamos detectar cambios físicos medibles en nosotros. Y como nosotros, el Yo, estamos contenidos en nuestros cerebros, <strong>habría que buscar esos cambios en los cerebros de los lectores</strong>. </p>

	<p>Y la verdad es que las pruebas neurológicas al respecto son abrumadoras. Aunque, en apariencia, un lector tiene la misma pinta que un no lector, incluso que un analfabeto, se podría decir que un lector es, respecto a una persona que nunca ha aprendido a leer, <strong>una criatura perteneciente a otra especie</strong>. </p>

	<p>No sólo hay diferencias estructurales en el cerebro, sino que los cerebros lectores entienden de otra manera el lenguaje, procesan de manera diferente las señales visuales; incluso razonan y forman los recuerdos de otra manera, tal y como señala la psicóloga mexicana F<strong>eggy Ostrosky-Solís</strong>:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Se ha demostrado que aprender a leer conforma poderosamente el sistema neuropsicológico del adulto.</blockquote>

	<p>Los cerebros de los lectores incluso difieren entre sí según qué lecturas tengan por bagaje. Y no sólo estoy hablando de leer Dostoievsky o Pablo Coelho, sino que <strong>influye incluso el idioma en el que leemos</strong>. </p>

	<p>Los lectores de inglés, por ejemplo, elaboran más las áreas del cerebro asociadas con <strong>descifrar las formas visuales</strong> que los lectores en lengua italiana. Según se cree, la diferencia radica en el hecho de que las palabras inglesas presentan con más frecuencia una forma que no hace evidente la pronunciación. ¿No habéis visto en las películas que a menudo las personas deben deletrear su nombre para que la otra persona sepa cómo se escribe? Por el contrario, las palabras italianas, así como las españolas, suelen escribirse exactamente como se pronuncian. </p>

	<p><img class="centro" id="image9311" src="http://img.papelenblanco.com/2011/07/leer08.jpg" class="centro" alt="leer08.jpg" />En su influyente estudio de 1982 <em>Oralidad y escritura</em>, <strong>Walter Ong</strong> mantiene una visión similar respecto a la escritura, y la lectura:</p>

<blockquote>Las culturas orales podían producir obras verbales de gran poder y belleza, con un alto valor artístico y humano, que ya ni siquiera son posibles, ahora que la escritura ha tomado posesión de la psique. Sin embargo, la alfabetización es indispensable para el desarrollo no sólo de la ciencia, sino también de la historia, la filosofía, la comprensión explicativa de la literatura y de cualquier arte, y de hecho, para la explicación del propio lenguaje (incluido el oral). La capacidad de escribir es absolutamente inestimable y de hecho esencial para la realización completa del potencial humano. Escribir eleva la conciencia.</blockquote>

	<p>Pero ¿qué pasa exactamente, en tiempo real, en el cerebro de una persona que lee y entiende lo que lee, a diferencia de una persona que simplemente mira las imágenes en una pantalla o escucha las palabras de un cuentista?</p>

	<p>En 2009, la revista <em>Psychological Science</em> publicó un estudio al respecto, llevado a cabo en el Laboratorio de Cognición Dinámica de la Universidad de Washington, cuya principal investigadora fue <strong>Nicole Speer</strong>. </p>

<blockquote>Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones y sensaciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas. Las regiones del cerebro que se activan a menudo son similares a las que se activan cuando la gente realiza, imagina u observa actividades similares en el mundo real.</blockquote>

	<p>Es decir, que <strong>el lector se hace libro</strong>. Las palabras del escritor obran como catalizador de la mente del lector. Y viceversa: el lector crítico y atento también estimula al escritor, sea éste conocido o no, tal y como rezaba <strong>Emerson</strong>:</p>

<blockquote>Todos los grandes hombres han escrito con orgullo, sin dar explicaciones. Sabían que un lector inteligente llegaría al fin y les daría las gracias.</blockquote>

	<p>Por esa razón, también, los vocabularios de las culturas que aprendían a leer incrementaban sus recursos lingüísticos. Por ejemplo, el vocabulario inglés, limitado a unos pocos miles de palabras, <strong>se amplió hasta más de un millón con la proliferación de los libros</strong>. </p>

	<p>Leer y escribir, qué duda cabe, amplió y refinó la experiencia que las personas tenían de la vida y la naturaleza, tal y como señaló <strong>Eisenstein</strong>:</p>

<blockquote>El nombre virtuosismo desplegado por los nuevos artistas literarios en el truco de convertir gusto, tacto, olfato y sonido en meras palabras requiere una mayor conciencia y una mayor observación de la experiencia sensorial que a su vez se transmiten al lector.</blockquote>

	<p>Vía | <em>Superficiales</em> de Nicholas Carr</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Historias de la ciencia y del olvido’ de Oliver Sacks y otros autores]]></title>
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      <pubDate>Tue, 30 Nov 2010 14:43:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/11/9788478443284.jpg" alt="" />El olvido (en el terreno de la investigación científica) es el tema rector, el tema que enlaza los artículos que componen este <strong>Historias de la ciencia y del olvido</strong>.</p>

	<p>El autor principal de este libro es indudablemente <strong>Oliver Sacks</strong> (Londres, 1933), un neurólogo inglés que ha escrito importantes libros sobre sus pacientes, seguidor de la tradición, propia del siglo <span class="caps">XIX</span>, de las “anécdotas clínicas” (historias de casos clínicos contadas a través de un estilo literario informal), que encuentra su máxima expresión en el que probablemente sea su libro más conocido: <em>El hombre que confundió a su mujer con un sombrero</em>.</p>

	<p>El libro nació de una idea original de Oliver Sacks, que quería homenajear a sir <strong>Humphry Davy</strong> en su doble aspecto de eminente químico y notable poeta, y fue propiciado por una iniciativa conjunta de la <em>New York Public Library</em> y <em>The New York Review of Books</em>.</p>

	<p>En el libro podemos encontrar los siguientes artículos o ensayos:</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>-Escotoma: Una historia de olvido y desprecio científico (Oliver Sacks)</p>

	<p>-Contra viento y marea: Una historia de coraje, virus y cáncer (D.J. Kevles)</p>

	<p>-Genes, entorno y organismos (R. C. Lewontin)</p>

	<p>-Escalas y conos: La evolución limitada por el uso de iconos canónicos (S.J. Gould)</p>

	<p>-Una vía hacia lo inconsciente (Jonathan Miller)</p>

	<p>El primer ensayo, <em>Escotoma: una historia de olvido y desprecio científico</em>, menciona varios ejemplos de lagunas histórico-científicas. Por ejemplo, <strong>la acromatopsia</strong> fue invisible en la literatura médica por varias décadas, puesto que no se ajustaba a los supuestos vigentes sobre la visión humana, y sólo cuando quedó claro que ésta es un proceso analítico que depende de varios sistemas pudo ser reconocida por la neurología. </p>

	<p>El resto de ensayos se conducen por similares patrones, sin embargo, el que corresponde a Sacks resulta el más interesante y mejor documentado; aunque le sigue muy de cerca el del antropólogo <strong>Stephen Jay Gould</strong>, que muestra cómo la reiteración de ciertas imágenes e ilustraciones científicas puede conducir a prejuicios y distorsiones que luego resulta muy difícil desbancar.</p>

	<p>En definitiva, un volumen que resulta ameno por la variedad de temas que presenta, aunque a rasgos generales plasma obras menores de autores que son capaces de pergeñar libros mucho más interesantes.</p>

<blockquote>Hay “comportamientos universales” que son resultado de estas interacciones; comportamientos que revelan la organización de estos sistemas dinámicos y no lineales. Tienden a adoptar una pauta compleja y reiterativa en el espacio y en el tiempo (precisamente el upo de retículas, embudos, espirales y telarañas que aparecen en las alucinaciones geométricas de la migraña. Este tipo de comportamientos caóticos se ha observado actualmente en una amplia gama de sistemas naturales, desde los excéntricos movimientos de Plutón hasta las sorprendentes pautas que siguen ciertas reacciones químicas, o la multiplicación de los hongos según los caprichos climáticos. Un fenómeno hasta el momento insignificante o desatendido, como el de las visiones geométricas del aura migrañosa, cobra así una nueva importancia. Nos muestra, bajo la apariencia de una alucinación, no sólo una actividad elemental del córtex cerebral, sino también el funcionamiento global de un sistema autónomo, de un comportamiento universal.</blockquote>

	<p>Editorial Siruela<br />
Colección: Biblioteca de Ensayo / Serie mayor, Serie Mayor. 3<br />
192 páginas<br />
ISBN: 978-84-7844-328-4</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=buscar&id_libro=16&completa=S">Ficha en Editorial Siruela</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘El cerebro accidental’ de David Linden: la evolución de la mente y el origen de los sentimientos]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/el-cerebro-accidental-de-david-linden-la-evolucion-de-la-mente-y-el-origen-de-los-sentimientos</link>
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      <pubDate>Wed, 15 Sep 2010 10:25:25 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/09/2100685-2916720.jpg" alt="" />El número de libros sobre neurociencias se multiplican de forma añarmante en los anaqueles de las librerías. Digo alarmante porque muchos de ellos no dejan de ser repeticiones de los mismos conceptos explicados de maneras ligeramente distintas. Sin embargo, cuando leí la contraportada de <strong>El cerebro accidental</strong>, de <strong>David Linden</strong>, <em>La evolución de la mente y el origen de los sentimientos</em>, enseguida me di cuenta de que me estaba enfrentando a un libro de neurociencia de enfoque radicalmente distinto.</p>

	<p>La mayoría de libros sobre el cerebro presentan a la masa gris que palpita bajo nuestro cráneo como un hito de la evolución, un órgano exquisitamente complejo y preciso, una especie de revolución biológica, la solución a todos los problemas del universo (y, por supuesto, uno de tantos argumentos falaces esgrimidos por los apologetas del <strong>diseño inteligente</strong>). </p>

	<p>Lo que pretende el profesor de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad John Hopkins, <strong>David Linden</strong>, sin embargo, es enfocar el estudio del cerebro desde un punto diametralmente opuesto: el cerebro es una chapuza, una vergüenza de la naturaleza, un amontonamiento de parches que asombra no por su armonía sino porque parecen funcionar lo suficientemente bien como para mantenernos vivos. </p>

	<p>El cerebro accidental, pues, se engloba dentro de esta nueva corriente de divulgación en neurociencia que se basa en la premisa <strong>kludge</strong>. La palabreja se suele soltar en el ámbito académico estadounidense. Está formada por las iniciales de los adjetivos <em>klumsy</em> (“torpe), <em>lame</em> (“poco convincente”), <em>ugly</em> (“feo”), <em>dumb</em> (“tonto”), <em>but good enough</em> (“pero bastante bueno”). </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El problema es que Linden se queda a medio camino. Me explico: si bien en muchos capítulos incluye esta visión herética de nuestro cerebro, dejando patente que en efecto es un revoltijo improvisado que, pese a sus cortocircuitos, logra una serie impresionante de funciones, <strong>la mayoría del tiempo Linden se limita a explicar el funcionamiento del cerebro como lo haría cualquier otro libro estándar de divulgación</strong>.</p>

	<p>Linden no es especialmente chispeante, excepto algunos chascarrillos moderados. Más bien se limita a narrar notarialmente cómo funciona nuestro cerebro, cómo surgen las emociones, la razón de que tendamos a forjar religiones y demás lugares comunes. Y en ocasiones, además, resulta denso para profanos, aunque Linden asegure que ha tratado de armar su libro siguiendo una premisa del pionero en el campo de la genética molecular <strong>Max Delbrück</strong>: </p>

<blockquote>Imaginaos que el público al que os dirigís tiene cero conocimientos, pero una inteligencia infinita.</blockquote>

	<p>En definitiva, un libro acertado en el enfoque de determinados capítulos, pero que en general naufraga en sus expectativas y termina siendo un ejemplar de tantos sobre ese órgano quizá demasiado encumbrado que es el cerebro humano. </p>

	<p>Editorial Paidós<br />
247 páginas<br />
ISBN: 9788449323386</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-ediciones-paidos-3.html">Editorial Paidós</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Musicofilia', de Oliver Sacks]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/musicofilia-de-oliver-sacks</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/musicofilia-de-oliver-sacks</guid>
      <pubDate>Mon, 06 Jul 2009 16:15:50 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image5479" class="derecha" alt=Musicofilia src="http://img.papelenblanco.com/2009/07/musicofilia.JPG" />A lo largo de los años <strong>Oliver Sacks</strong> se ha convertido en un reputado neurólogo que, gracias a su forma de narrar historias clínicas, ha acercado al gran público esta rama de la ciencia tan intrincada y, en ocasiones, sorprendente. Cualquiera que lo haya leído sabe dónde reside su atractivo, lo que hace que alguien sin conocimientos médicos devore sus libros como si se tratara de cuentos o novelas. El doctor Sacks habla, más que de enfermedades o trastornos, de pacientes (mejor dicho, de personas) y de cómo esa dolencia afecta a una vida concreta. Como un Sherlock Holmes que ausculta la mente, analiza los sentidos y los observa a la luz de las acciones más cotidianas; lo que prima en sus textos es la experiencia de la enfermedad, su mano a mano con quien la vive a diario. </p>

	<p>Su última obra, <strong>Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro</strong>, aúna dos de sus grandes pasiones: la neurología y la música, que en estas páginas se entretejen en un intento de comprenderse mutuamente. Cómo el cerebro percibe e interpreta la música, cómo ésta es capaz de despertar zonas dañadas de nuestra mente. <!--more--></p>

	<p>En el prefacio, Sacks señala que la propensión humana hacia la música surge en la infancia y, yendo más atrás, en los comienzos mismos de la humanidad y las culturas. Si bien su origen no está claro, ni tampoco su utilidad biológica, está tan arraigada en nuestra naturaleza que podríamos considerarla prácticamente innata. </p>

<blockquote><p>Todos nosotros (con muy pocas excepciones) podemos percibir la música, los tonos, el timbre, los intervalos, los contornos melódicos, la armonía y (quizás de una manera sobre todo elemental) el ritmo. Integramos todas estas cosas y “construimos” la música en nuestras mentes utilizando muchas partes distintas del cerebro. Y a esta apreciación estructural en gran medida inconsciente de la música se añade una reacción emocional a menudo intensa y profunda.</p></blockquote>

	<p>La idea de escribir este libro nació en 1966, al descubrir los efectos que tenía la música en pacientes con Parkinson profundo (su experiencia con ellos fue narrada en <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks">Despertares</a>). A partir de entonces, Sacks fue recogiendo cada una de las historias personales de quienes, tras sufrir una lesión cerebral o una enfermedad, desarrollaron una particularidad hacia la música. </p>

	<p>‘Musicophilia’ se publicó en su lengua original en octubre de 2007, por lo que esta primera edición en castellano (marzo de 2009) recoge el texto revisado y aumentado que apareció un año después. Gracias a estos añadidos conocemos mejor la evolución de los pacientes, así como más casos o curiosidades sobre algunos de los fenómenos analizados, debido a las numerosas cartas que recibió Sacks tras la publicación del libro.</p>

	<p>Resulta difícil destacar sólo algunas de las historias que componen ‘Musicofilia’, pues casi todas nos revelan datos interesantes sobre la relación entre la música y el cerebro. Lo más llamativo de lo que nos cuenta el doctor Sacks (no sólo en esta obra, sino en todos sus libros anteriores), es la sorpresa del lector ante la “diferencia”. Tenemos tan asumidos los procesos biológicos, neurológicos, nerviosos, considerados “normales”, que nos resulta tremendamente chocante descubrir uno que funcione bajo otras premisas o, sin ir tan lejos, la mayoría de las veces no somos conscientes de lo más obvio. Cuando leí <strong>Un antropólogo en Marte</strong> quedé muy sorprendida con la historia de Virgil, un hombre que fue operado de cataratas tras vivir casi ciego desde los 6 años (la operación se produjo cuando rondaba los 50). Virgil tuvo que “aprender a ver”, a interpretar el mundo desde un sentido que hasta el momento había sido inexistente: conciliar lo que le mostraban los ojos con los sonidos, las formas, el espacio.</p>

	<p>De modo similar, en ‘Musicofilia’ aprendemos cómo hay personas que son incapaces de percibir la música como tal (amusia), que sufren de disarmonía o arritmia, mientras otras poseen oído absoluto (como siempre se dijo de Mozart). Hay quienes no pueden reconocer ninguna melodía, ni siquiera el &#8216;Cumpleaños feliz&#8217;, o como el neurólogo amigo de Sacks, François Lhermite, que afirma que identifica una única melodía en el mundo, ‘La Marsellesa’ (Ulysses S. Grant aseguraba que conocía dos canciones: <em>Una es ‘Yankee Doodle’ y la otra no</em>). En el lado opuesto nos encontramos con Martin, con retraso mental profundo, que sabe de memoria más de dos mil óperas completas; es lo que se conoce como “savant” musical. Acostumbrados desde niños a la presencia de la música, nos resulta increíble que para unas pocas personas ésta no sea más que un espantoso ruido desordenado, similar al de varias cacerolas estrellándose contra el suelo.</p>

	<p>Sin duda alguna, de todas las historias narradas en este libro la más dramática es la de Clive Wearing, un músico y musicólogo inglés que a los cuarenta y cinco años sufrió una devastadora infección cerebral que afectó gravemente a su memoria. Desde entonces, su rango de memoria es de siete segundos. Es espeluznante leer su diario, en el que escribe, una y otra vez, anotaciones del tipo: <em>2.10 pm: esta vez estoy perfectamente despierto (…) 2.14 pm: esta vez estoy por fin despierto  (…) 2.35 pm: esta vez absolutamente despierto…</em>; o ver imágenes grabadas en las que saluda a su esposa como si fuera la primera vez en el día, cuando en realidad hace tiempo que se encuentra en la habitación. Pero cuando Clive se sienta al piano, comienza su contacto con el mundo: todo su saber musical, su capacidad para tocar el piano y el órgano, para cantar o dirigir un coro se conservan intactas. </p>

	<p>Una vez más, Oliver Sacks me ha descubierto nuevos rincones de nuestro cerebro, su complejo funcionamiento y su adaptación en casos extremos. Admiro a este hombre apasionado de Bach y la botánica, que come lo mismo cada día de la semana y que puede presumir de darle nombre a un asteroide. Su forma de narrar cada historia, tan cercana al paciente, hace que sus libros no sólo resulten de fácil lectura “para los no iniciados”, sino que se conviertan en verdaderas guías sobre el comportamiento humano. </p>

	<p>Para terminar, hace poco el canal de televisión <span class="caps">PBS</span>, dentro de la serie científica <span class="caps">NOVA</span>, grabó un documental sobre cuatro de los casos estudiados en ‘Musicofilia’: <strong>Musical Minds</strong>. Aquí os dejo un pequeño fragmento de lo que ofrece:</p>

<p>
<object style="margin:0 auto;display:block" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.youtube.com/v/7MoJumRgD_E" width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/7MoJumRgD_E" /><p><a href="http://youtube.com/watch?v=7MoJumRgD_E">Ve el video en el sitio original.</a></p></object><br />
</p>

	<p>Editorial Anagrama<br />
ISBN: 978-84-339-6289-8<br />
464 páginas</p>

	<p>Más información | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_394">Ficha en editorial Anagrama</a><br />
Más información | <a href="http://www.pbs.org/wgbh/nova/musicminds/">Musical Minds</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks">&#8216;Despertares&#8217;, de Oliver Sacks</a><br />
En Papel en blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/los-neandertales-cantaban-rap-de-steven-mithen">&#8216;Los neandertales cantaban rap&#8217;, de Steven Mithen</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['Despertares', de Oliver Sacks]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/despertares-de-oliver-sacks</link>
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      <pubDate>Fri, 19 Dec 2008 15:57:47 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4638 alt=Sacks src="http://img.papelenblanco.com/2008/12/oliversacks.jpg" />Desde la primera vez que leí a <strong>Oliver Sacks</strong>, con <strong>Un antropólogo en Marte</strong>, quedé absolutamente fascinada en dos sentidos: uno, por las extraordinarias historias que narraba sobre alteraciones neurológicas (un tema por el que siempre he sentido gran atracción) y, dos, y aquí reside el auténtico motivo de mi fascinación, por la perspectiva que defiende sobre la enfermedad y su tratamiento. Sus libros se centran en temas que, a priori, todos catalogaríamos como “científicos” y, por supuesto, lo son, ya que se trata de casos médicos. Pero lo que a Sacks le interesa no es realizar una exposición sobre la enfermedad en términos puramente científicos, mecánicos y químicos, sino dar una visión sobre <em>los paisajes existenciales en los que viven los pacientes</em>, las experiencias individuales de cada uno con su enfermedad.</p>

	<p>Aquí radica su éxito, no sólo el que cuantifica las ventas de sus libros, sino su calidad como científico y como persona. De ahí que, cuando en 2006, Dustin Hoffman presentó el premio ‘Music has power,’ que el <a href="http://www.bethabe.org/MUSIC_INSTITUTE55.html">Institute for Music and Neurologic Function</a> le concedió a Oliver Sacks, afirmó que lo que en esos momentos estaban celebrando era su <em>profunda humanidad</em>.<!--more--></p>

	<p><strong>Despertares </strong>fue el libro que hizo que su nombre se conociera a nivel internacional, y es precisamente en él en donde Sacks reflexiona, argumenta y defiende con mayor claridad su perspectiva; no porque no lo haga en el resto de sus obras, sino porque en ésta lo dice de forma explícita y reiterada. Motivo había. A mediados del siglo XX el estilo “romántico” en la medicina neurológica, es decir, la historia clínica profunda, no era visto con buenos ojos. Por el contrario, lo que predominaba era el análisis puro de las funciones neurales y psíquicas, sin tener en cuenta la individualidad de cada paciente. Por ello la publicación de &#8216;Despertares&#8217; en 1973 fue acogida con silencio y frialdad. Pero una década más tarde, cuando lo narrado por Sacks empezó a ser compartido por otros colegas de profesión que, por fin, lo veían con sus propios ojos, la reacción fue muy distinta. La tercera edición, de 1982, hizo de &#8216;Despertares&#8217; prácticamente un clásico.</p>

	<p>Como el propio autor comenta en el prefacio, el tema tratado en el libro son <em>las vidas y las reacciones de determinados pacientes que se hallan en una situación única, así como las implicaciones que tienen esas vidas y esas reacciones para la medicina y la ciencia en general</em>. En concreto, los pacientes a los que se refiere son los últimos supervivientes de la gran epidemia de la <strong>enfermedad del sueño (encefalitis letárgica)</strong> que tuvo lugar entre 1916 y 1927. Cincuenta años después, se encontraban dispersos por diferentes hospitales y tratados como enfermos crónicos por los que ya no podía hacerse nada. Uno de esos hospitales era el Monte Carmelo de Nueva York (en realidad, se cambió el nombre de los pacientes y el del hospital para preservar su confidencialidad), que albergaba a ochenta de estos pacientes en 1969, año en que Sacks llegó a la institución. </p>

	<p>Si bien la encefalitis letárgica ya había sido descrita medio siglo antes por Von Economo la bibliografía y, en general, el conocimiento sobre ella era casi nulo. De hecho, Sacks indica que después de 1935 prácticamente no se había escrito sobre el tema. La mayoría de los afectados se habían recuperado de la primera fase de la epidemia relativamente poco después, y durante décadas no habían experimentado nuevos síntomas, hasta que estos aparecieron de forma paulatina pero notable y tomaron sus vidas por completo. Von Economo los había descrito como “volcanes extinguidos”, pues eran personas que conservaban sus facultades mentales pero se hallaban prisioneras de sus cuerpos, estaban “congeladas” y todo apuntaba a que seguirían así para siempre.</p>

	<p>En 1967 el doctor Georges Cotzias había publicado esperanzadores resultados sobre un nuevo tratamiento del parkinsonismo, consistente en la administración de <strong>L-dopa </strong>que, a partir de entonces, empezó a ser considerada una “droga milagrosa”. Si bien la encefalitis letárgica tenía puntos de contacto con el parkinsonismo, eran muchas sus diferencias y, sobre todo, las reacciones en cada persona. Durante el verano de 1969, Sacks comenzó a administrar L-dopa a algunos de los pacientes del Monte Carmelo. Entonces ocurrió el “despertar” o, más exactamente, los “despertares”.</p>

	<p>El núcleo central del libro son las historias clínicas de algunos de los pacientes tratados por Sacks en el Monte Carmelo. Nos narra la vida de cada uno de ellos antes de la epidemia, la aparición progresiva de la enfermedad hasta el ingreso hospitalario y su tratamiento con L-dopa. De éste, se nos cuenta el comienzo, en el que el paciente se ve liberado de su enfermedad (“el despertar”), la recaída y aparición de múltiples y variados problemas (“angustia y desesperación”) y, por último, la fase final de “adaptación”, que no siempre se consigue.</p>

	<p><blockquote><p>No hay nada vivo que no sea individual: nuestra salud es nuestra, nuestras enfermedades son nuestras y nuestras reacciones son nuestras, del mismo modo que lo son nuestras mentes o nuestros rostros. Nuestra salud, nuestras enfermedades y nuestras reacciones no pueden ser comprendidas in vitro, por sí mismas; sólo pueden ser comprendidas con referencia a nosotros, como expresiones de nuestra naturaleza, de nuestra vida, de nuestro existir aquí (da-sein), en el mundo.</p></blockquote></p>

	<p>Éste es uno de los numerosos párrafos en donde Sacks explica su visión y explicación del libro, el motivo de que hayan sido “despertares” en plural. La enfermedad tenía rasgos particulares en cada paciente y la reacción a la L-dopa fue distinta en cada uno (es más, en ocasiones también lo fue al ser administrada en distintos momentos a una misma persona). Sus resultados eran imprevisibles, también su duración y, lo que es peor, la posibilidad de alcanzar un equilibrio.</p>

	<p>De repente, los volcanes entraron en erupción, en cuestión de semanas, a veces de días. Personas que habían estado cuarenta años casi sin poder moverse o hablar, sin ser capaces de expresar un gesto o iniciar un movimiento, ahora caminaban, corrían, cantaban y hablaban por los codos. Como si alguien hubiera apretado un botón.</p>

	<p>Pero en todos los casos la administración permanente de L-dopa supuso la aparición de nuevos males, variados en formas y en intensidad. La modificación de las dosis no lo solucionó y en la mayoría de los casos se interrumpió el tratamiento, con lo que los volcanes volvieron a extinguirse. A pesar de que años después se reintentó el tratamiento en muchos de ellos, la L-dopa nunca volvió a funcionar como aquella primera vez. Algunos, muy pocos, alcanzaron un equilibrio entre los beneficios y las limitaciones, pero la mayoría recayó en el estado en el que había estado sumido durante cincuenta años.</p>

	<p><blockquote><p>Así, pues, finalmente, llegamos a las únicas conclusiones posibles: que los pacientes tratados con L-dopa mejorarán siempre tanto como se lo permitan sus circunstancias personales, y que alterar su situación química puede ser el preludio de muchas otras alteraciones, aunque, por sí solo, no es causa suficiente para que se presenten. Las limitaciones de la L-dopa resultan tan claras como sus beneficios, y si deseamos reducir aquéllas y aumentar éstos, debemos ir más allá de este fármaco, más allá de todas las consideraciones puramente químicas, y preocuparnos de la persona y de su situación en el mundo. </p></blockquote></p>

	<p>Cada nuevo libro que leo de Oliver Sacks me insufla energía, me descubre nuevas perspectivas sobre el ser humano y sus capacidades y, sobre todo, me enseña lo cortos de vista que somos en ocasiones. En &#8216;Despertares&#8217; nos ofrece veinte historias únicas, veinte paisajes humanos que reflejan los rincones más oscuros y los más luminosos de la mente. Tras leerlo, no cabe duda de que la única forma posible de contar esta experiencia y de poder extraer una enseñanza era así, adentrándose en cada uno de esos veinte mundos. </p>

	<p>Sitio oficial | <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_324">Ficha en Anagrama</a></p>      ]]></description>
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