David Foster Wallace es el escritor joven que más ha dinamitado con su trayectoria el concepto de nueva promesa. ¿Por qué? Con sólo treinta y tantos ya publicó su gran (su BÍBLICA, casi) novela americana: La broma infinita (que me cuentan que es imprescindible). Antes, durante el breve reinado de Bret Easton Ellis y la novela chungosocial posthorrorífica, el señor ya se había desmarcado con una novela todavía inédita en castellano (The broom of the system) y uno de los más originales y a estas alturas obligatorios libros de relatos contemporáneos (La niña del pelo raro).

