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1- Templarios. Queridos amigos de lo sobrenatural y lo oculto: ¿Se os ha ocurrido alguna vez interesaros por lo que cuentan, no ya los historiadores serios, sino el propio medievo sobre esta gente? ¿Lo que aparece en obras de coetáneos como Bocaccio o gente que nació cuatro generaciones después, como Rabelais? Porque no veríais expresiones como ‘misterioso como un templario’, ‘iluminado como un templario’ o ‘proveniente de una dimensión paralela como un templario’. Lo que os encontraréis será ‘avaro como un templario’, ‘borracho como un templario’ y ‘más marica que un templario’.
No dejes que la Historia te estropee una buena novela histórica, vale; pero basta de usar templarios para vender cualquier chaladura. Los templarios de verdad fueron los mayores usureros de la Edad Media. Compraron títulos y papados, especularon con terreno conquistado a espada en Tierra Santa, gastaron como príncipes y, cuándo tuvieron en su cuenta de morosos a todas las monarquías de occidente y al Vaticano, se les hizo desaparecer. Nadie es más capo que el Papa. Concebidlos como una mezcla entre Lehman Brothers y Blackwater: si hubieran sabido que siglos después resucitarían en un ola de misticismo new-age, hubieran registrado sus derechos de autor
Una cosa curiosa de los templarios es que, si bien las órdenes monásticas eran un refugio notorio para la homosexualidad, ellos no hacían el menor esfuerzo en ocultarlo y según algunas versiones hasta lo alentaban. Encuentro insólito que no se hayan explotado aún las jugosas posibilidades de este hecho en un deseado Brokeback templar.
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