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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Thu, 08 May 2008 23:06:44 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA[['Nuestros antepasados', de Italo Calvino] El Barón rampante]]></title>
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      <pubDate>Thu, 08 May 2008 23:05:58 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image3244 alt=Baron Rampante src="http://img.papelenblanco.com/2008/05/barone-rampante.jpg" />Llegamos al final de la trilogía de <strong>Nuestros antepasado</strong>s con la novela más celebre de todas, <strong>El Barón rampante</strong>. Desde hace tiempo es una lectura juvenil obligada aunque como en todo <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/italo+calvino">Italo Calvino</a> la sencillez aparente enmascara una profundidad alegórica compleja. Sin embargo, al contrario que <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/04/07-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-vizconde-demediado">El Vizconde demediado</a> y <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/04/17-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-caballero-inexistente">El Caballero inexistente</a>, esta última novela es mucho menos conceptual, apegándose a una narración tradicional con la que el lector está más familiarizado.</p>

	<p>Así, es la más densa de las tres novelas, y la única que huye de lo fantástico (o al menos de la inverosímil). No por ello deja de tratarse de un relato extraordinario, el de Cosme Piovasco de Rondó, Barón de Ombrosa. Siendo sólo un niño, Cosme rechazo comer el plato de caracoles que su familia le imponía, y escapó subiéndose a los frondosos árboles que cubrían su región. Su padre, por entonces el Barón, le advirtió de un severo castigo cuando bajase; el declaró que no bajaría más; y mantuvo su promesa.</p>

	<p>Es por lo tanto la historia de un hombre que, sin jamás bajar de las copas de los árboles, conocería aventuras, amores y guerras, se cartería con los sabios de su tiempo, participaría en movimientos revolucionarios. fundaría sociedades secretas y llegaría a conocer a Napoleón, quién declararía: <em>SI yo no fuera Napoleón habría querido ser el ciudadano Cosimo Rondó</em>. Todo esto nos lo cuenta su hermano pequeño Biagio, quién llevó una vida conformista a la sombra de Cosme desde el día en el que a él le falló la voluntad y comió los caracoles.<a name="more"></a></p>

	<p>Toda la novela tiene por premisa la figura del Barón rampante y su precaria existencia entre dos mundos, el primero isolado entre los ramajes del bosque y el segundo terrenal entre los hombres, sus dificultades y sus pasiones. No nos sorprende está temática tratándose de uno de Nuestros antepasados, seres como hemos visto a caballo entre dos realidades paralelas. Pero encontramos aquí un apego a la verosimilitud, al &#8220;realismo&#8221; que Calvino no ha mostrado antes con sus hombres partidos por la mitad que se encuentran perfectamente y armaduras vacías dotadas de razón.</p>

	<p>Hay una preocupación detallista en El barón rampante por explicarlo todo. Cómo Cosme se las ingenia para acomodarse en los árboles, cómo hace para desplazarse, cómo sobrevive, incluso cómo satisface sus necesidades higiénicas, fisiológicas (en el torrente convenientemente llamado Merdazio) y sexuales cuando le llega la edad. Es por esto que sirve tan bien como novela juvenil ya que tiene un eco de las aventuras de supervivencia clásicas. A Cosme se le compara en una ocasión, explícitamente, con Robinson Crusoe. </p>

	<p>Pero más que hacer una de aventuras, parece que Calvino ha querido homenajear al gran siglo de las novelas, el XVIII, cogiendo un poco de todos los géneros. La estrafalaria familia del barón y su entorno le sirve para enlazar elementos de novela bizantina con piratas turcos, tesoros e hijas perdidas; novela sentimental en la tradicion de las Amistades Peligrosas, al relatar los tormentosos amores entre Cosme y su vecina la marquesa Viola; e incluso notas de novela gótica al convertirlo en un franco-masón que desbarata complots jesuíticos.</p>

	<p>Pero por ser la más realista, y por ambientarse en un período de referencias tan claras como el de la Revolución Francesa, se ha visto en esta la obra más política de la trilogía. Lo cual parece cierto, ya que Calvino realidad y política van de la mano, aunque no en un sentido proselitista. Se ha querido ver en Cosme la figura del intelectual crítico, inconformista, que se exilia de un mundo que rechaza pero que intenta cambiar contribuyendo desde su atalaya privilegiada. El sentido de fracaso en Cosme, que no acaba de ser considerado más que un loco benéfico y cuyos planes utópicos no florecen, puede verse como un reflejo del propio desencanto de Calvino por su militancia ideológica.</p>

	<p>Sin desmentir esta interpretación, creo que no hay que soslayar el valor poético del Barón rampante. Igualmente poéticos son los dos otros libros de la trilogía, con su simbolismo de la división, la ruptura y la mescolanza. En el barón rampante lo que hay en cambio es una poesía ascensional, el mito de una elevación mediante la voluntad por encima de la grávida existencia humana, evidenciado por el aéreo destino final de Cosme. Sin una pizca de religiosidad, Calvino nos habla de un hombre que vivió sobre los demás y terminó subiendo al cielo.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/nuestros+antepasados">Nuestros antepasados, de Italo Calvino</a></p>



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      <title><![CDATA[['Nuestros antepasados', de Italo Calvino] El Caballero inexistente]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/04/17-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-caballero-inexistente</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/04/17-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-caballero-inexistente</guid>
      <pubDate>Wed, 16 Apr 2008 23:16:50 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image3082 alt=El caballero inexistente src="http://img.papelenblanco.com/2008/04/cavaliere-inesistente.jpg" />De los volúmenes que componen la trilogía <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/nuestros+antepasados">Nuestros antepasados</a> de <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/italo+calvino">Italo Calvino</a>, <strong>El Caballero inexistente</strong> es el que considero el mejor y el que me suscita mayor simpatía. Habrá muchos que no estén de acuerdo conmigo, y creo que en ello reside uno de los valores de la creación de Calvino: de esos tres extraños antepasados nuestros que nos presenta, cada uno reconocemos a aquél con el que tenemos mayor afinidad. Yo declaro desde ya mi afiliación al étereo caballero Agilulfo, que existe por pura voluntad, y a su fantástico mundo de caballerías esquizoides.</p>

	<p>Calvino nos traslada a uno de sus universos experimentales favoritos, el de los romances de caballerías, su versión analítica y paródica de obras como el <strong>Orlando Furioso</strong> de Ariosto. Nada más empezar encontramos lo propio, al emperador Carlomagno pasando revista a sus tropas antes del combate contra los infieles. Último de la fila de sus paladines el rey descubre a Agilulfo, cuya prístina armadura blanca no encierra a un hombre ni a ser viviente alguno. Preguntado por lo insólito de su circunstancia, Agilulfo declara existir únicamente debido al rigor por el que sigue las normas de la caballería y por el fervor de su servicio al rey. Complacido por la respuesta, Carlomagno no le da más vueltas.</p>

	<p>Y es que Agilulfo es la perfección de la norma, la exactitud matemática del cálculo, la frialdad de la justa medida. Como si la voluntad que lo mantiene en pie fuera regida por una computadora, el caballero inexistente es incapaz de relacionarse con el mundo fuera de unas leyes prefijadas, ya sean la cortesía, las órdenes militares o las convenciones del &#8220;buen amor&#8221;. Agilulfo sólo existe en sus ejercicios de lógica aplicada: desprovisto de emotividad y de empatía hacía el resto de los seres humanos, pasa sus noches sólo fabricando figuras geométricas con piñas, ya que dormir para él implicaría la disolución.<a name="more"></a></p>

	<p>Como siempre en Calvino, el disparatado protagonista no da él sólo la clave de la interpretación de la novela. Esta se encuentra en su interacción con el mundo y el resto de personajes. En este romance puesto del revés Agilulfo encuentra su opuesto en Gurdulù, el escudero que Carlomagno le impone. Es un loco o tonto del pueblo que, a pesar de su evidente presencia física, no sabe que existe. Es incapaz de ubicar su identidad en el mundo. Cuando va a pescar, se acaba creyendo el pez y termina atrapado en las redes. Cuando come, mete la cabeza en la escudilla porque no entiende que <em>la sopa no te come a tí</em>.</p>

	<p>Entre estos extremos de existencia desquiciada pivotan otros héroes más cercanos. Rambaldo, un jovencísimo caballero que quiere brillar de gloria y vengar a su padre sólo para descubrir que el ejército es una máquina burocrática y anodina. Que ama a Bradamante, la feroz y caótica doncella guerrera animada por un desprecio unánime al género masculino y que va a caer sin embargo en un enamoramiento absurdo y desesperado de Agilulfo, fascinada por su imperturbable infalibilidad. Rambaldo persigue a Bradamante, Bradamante a Agilulfo, todos corren unos detrás de otros intentando dar con el sentido de su existencia.</p>

	<p>Del hecho de existir es, aunque suene redundante, de lo que trata El Caballero inexistente. Y Calvino lo plantea con una una dicotomía muy inteligente: si ni la posesión de la razón (Agilulfo) ni de la carne (Gurdulù) te garantizan completamente la existencia, es natural que los demás, los seres humanos &#8220;completos&#8221;, se interroguen sobre su situación en el mundo y su posible sentido. Otro joven paladín, Torrismondo, parte en busca de los caballeros del Grial, aquellos que han conseguido hacerse &#8220;uno con el universo&#8221;. Lo que descubre es que en realidad han dejado atrás su identidad para dejarse mecer por los mismos movimientos cósmicos de la naturaleza, seres violentos e inhumanos que le dan el contrapunto irracional a Agilulfo.</p>

	<p>Leer El Caballero inexistente es una grata experiencia. Hay aventuras y peripecias que se suceden unas detrás de otra, como las frenéticas cabalgadas de sus personajes, todo bajo el signo del humor caústico de Calvino. Pero su imaginario existencial es algo en lo que merece uno detenerse, después de haber disfrutado con su creatividad, para intentar descifrar su sentido poético. Hay una moraleja en esta novela: <em>A existir también se aprende</em>. Quizás haya también una enseñanza.</p>

	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/nuestros+antepasados">&#8216;Nuestros antepasados&#8217;, de Italo Calvino</a></p>


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      <title><![CDATA[['Nuestros antepasados', de Italo Calvino] El Vizconde demediado]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/04/07-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-vizconde-demediado</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/04/07-nuestros-antepasados-de-italo-calvino-el-vizconde-demediado</guid>
      <pubDate>Sun, 06 Apr 2008 23:02:22 GMT</pubDate>
      <author>Paolo Fava</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id=image2983 alt=visconte-dimezzato.jpg src="http://img.papelenblanco.com/2008/04/visconte-dimezzato.jpg" />Es con <strong>El Vizconde demediado</strong> que <strong>Italo Calvino</strong> aparca en 1952 la novela de corte realista e inaugura una nueva forma de narración histórico &#8211; fantástica que a la postre se concretaría en la trilogía de <strong>Nuestros antepasados</strong>, tres personajes de alcurnia cuyas insólitas existencias son un trasunto del hombre moderno. El primero de estos ilustres antecesores nuestros es <strong>Medardo de Terralba</strong>, primogénito del vizconde, enviado a batallar contra los moros en Bohemia. Mezcla de ardor guerrero, ingenuidad e inexperiencia, Medardo salta a la refriega en el lugar menos apropiado (delante de la boca de un cañón) y una bala incandescente lo parte limpia y simétricamente en dos, de cogote a entrepierna.</p>

	<p>Quiere la historia que Medardo sobreviva a tan terrible herida. Y es la mitad de un hombre la que regresa a Terralba entre la expectación de su gente, incluído su sobrino, nuestro narrador. Pronto descubrirán que el horror de ese ser cuya mitad derecha flota en el vacío no es nada comparado a su maldad. El regresado condena a muerte, incendia casas, destruye cosechas, tiende trampas, y sobre todo secciona por la mitad todo lo que cae entre sus manos convencido que lo auténtico, verdadero y puro sólo se encuentra en las fracciones.</p>

	<p>Para complicar las cosas, un segundo Medardo entra en acción, uno que carece en este caso de lado izquierdo. Toda la maldad del primero, del &#8216;Amargado&#8217; como lo motejan, es en el segundo un espíritu de sacrificio, compasión y entrega fuera de todo límite. Es el &#8216;Bueno&#8217;, poco menos que un santo, al que su división ha conducido a sentirse uno con el sufrimiento universal. El primero busca deshacer las buenas obras del segundo, y vice versa. Entre medias la población de Torralba no se las apaña mejor con uno que con otro hasta que irrumpe Pamela, una moza montaraz de la que los dos Medardos deciden enamorarse y que precipitará la resolución inevitable.<a name="more"></a></p>

	<p>El vizconde demediado, así como las dos novelas siguientes El caballero inexistente y El barón rampante, es fruto de las investigaciones de Calvino sobre la fábula tradicional italiana y la literatura medieval. Se pueden leer como un cuento, casi como un tablero alegórico, pero se trata de novelas modernas y no se puede soslayar su importante psicologismo. La tentación en el Vizconde demediado es la de extraer la moraleja fácil: en todo ser humano hay capacidad para el bien y el mal, y tan nociva es una llevada al extemo como la otra. La sabiduría está por lo tanto en el equilibrio. Pero quedarse con eso no es llegar hasta el final.</p>

	<p>Para empezar el mundo imaginario de Calvino es demasiado festivo como para tomárselo muy en serio. La parte trágica está atemperada con puntos de humor brillantes. Un gran ejemplo es cuando el Amargado encarga una horca para colgar a veinte condenados de golpe. Su habilidoso carpintero Pietrochiodo le entrega una con capacidad mucho mayor, así que decide colgar dos gatos por cada condenado, y todos acaban admitiendo que el resultado estético es notable. O cuando Medardo el malo incendia la casa de los padres de Palmira como pretexto para entablar conversación y pedir la mano de su hija.</p>

	<p>El <em>quid </em>no es tanto el mal o el bien que los Medardos pueden hacer, sino que son incapaces de interactuar con el mundo de otra manera, ni tan siquiera de comunicarse. El mundo que por otra parte está construido a su imagen y semejanza. Lo simbolizan las dos comunidades marginales contrapuestas, la de los leprosos en dónde tódo es lujuria y desenfreno, y la de los protestantes hugonotes regida por un estricto autocontrol. En medio están los ciudadanos de Terralba, verdaderos culpables de ser cómplices por inacción de los estragos del Amargado (Pietrochiodo se consuela en la belleza de sus máquinas para no pensar que sirven para matar) y de la inutilidad del Bueno, cuyo idealismo resulta un engorro.</p>

	<p>Más que del conflicto entre Bien y Mal, es de la propia idea del ser diviso de la que trata la novela. Ninguno de los dos Medardos encuentra acomodo en las situaciones sociales que se le presentan. La confusión, el ser medio bueno y medio malo, acaba pareciendo un mal menor para vivir en sociedad, ya que la cualidad integradora de los &#8216;normales&#8217; es su ambigüedad, el tomar bien por mal y mal por bien. </p>

	<p>Encontramos aquí una simbólica de géneros muy arraigada en Calvino. El hombre, con la espada afilada al puño, es símbolo de fraccionamiento, categorización y división. La mujer, la lozana Palmira que habita el bosque en amistad con flora y bestias es símbolo de mescolanza, confusión y génesis. La sabiduría de la unión de extremos no le llega a Medardo hasta el feroz duelo en el que el hombre se enfrenta al hombre con una espada en cada mano, al que el deseo (¿amor?) por Palmira ha conducido a sus dos mitades.</p>

	<p>Cabe leer El Vizconde demediado como una fábula y, aunque no sea tan citada como las dos otras obras de la trilogía, es probablemente la más divertida. Lo que hay de particular en ella es sin embargo la instancia del narrador, ese sobrino ya mencionado al que el Amargado casi convierte en demediado en una ocasión. Es su visión infantil pero juiciosa la que nos conduce por el relato, acompañada por el estrafalario doctor Trelawney. Pero su desconsolada soledad al cerrarse la novela introduce un punto de melancolía. A los normales sólo nos queda envidiar la experiencia de Medardo, la de haber conocido la pureza de un mundo sin cara ni cruz y la de haber salido uno del conflicto entre dos.</p>

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	<p>En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/tag/italo+calvino">Italo Calvino</a> </p>


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