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	<title>Papel en blanco</title>
	<link>http://www.papelenblanco.com</link>
	<description>Blog sobre literatura, el arte de los libros y el apasionante mundo de la lectura.</description>
	<pubDate>Fri, 11 Jul 2008 10:29:58 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA[Tras un varón siempre hay un niño: Sergio Algora (1969-2008) ]]></title>
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      <pubDate>Fri, 11 Jul 2008 00:16:25 GMT</pubDate>
      <author>Pablo Muñoz</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id="image3675" src="http://img.papelenblanco.com/2008/07/sergio.jpg" class="centro" alt="sergio" />Se ha marchado <strong>Sergio Algora</strong>, poeta y cantante, como prefieran la disponibilidad, sin hacer mucho ruido y uno no puede evitar encajar la noticia con cierta tristeza. Me tocó perderme, cuestión generacional, el fenómeno que supuso El Niño Gusano grupo que encajó el surrealismo a golpe de canción indie casi triste.</p>

	<p>Decía <a href="http://www.arcadiespada.es/">Arcadi Espada</a> que los blogs no terminan como los libros, sino que como la vida, se interrumpen. He dado con la muerte de <strong>Algora</strong> en mi vista habitual de links a <a href="http://www.alfaguara.santillana.es/blogs/elhombre/2/blog-post/109/sergio-algora/">Agustín Fernández Mallo</a>. La blogoesfera también cuenta interrumpciones en forma de post. El último poema que pudimos leer de Algora fue en <a href="http://www.clubcultura.com/diariode/2/SergioAlgora.html">su bitácora</a> en ClubCultura fue éste, sin título: </p>

	<p><a name="more"></a><br />
<blockquote><p><br />
&#8220;Hombres pelados con cuchilla,<br />
mujeres en el sacapuntas,<br />
niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo.&#8221;</p>

	<p>Dejé mi país para ser etíope por un año.<br />
Dejé de dictar para subordinarme.</p>

	<p>Etiopía estaba bajo la nieve.<br />
La fiebre la había helado.</p>

	<p>El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.<br />
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.<br />
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos<br />
arrancados de las reses.<br />
Los ancianos se convertían en pergaminos.</p>

	<p>El ganado se reducía a cenizas.<br />
Los adivinos contemplaban el humo<br />
y las heces.<br />
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.<br />
Nos dábamos por el culo sin cesar,<br />
tiritando en las chozas.</p>

	<p>Cada nevada exterminaba una tribu.<br />
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.</p>

	<p>Parecía que un sueño invernal<br />
iba a terminar con el hambre.</p>

	<p>Llegaron los renos y Santa Claus<br />
y cargaron en el trineo los leones famélicos<br />
que se exhibían en el palacio presidencial.<br />
Le dimos un león a la uno, <br />
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro, <br />
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,<br />
todo el oro de África a todos los santos,<br />
el único clítoris mayor de dieciocho años<br />
al único dios.</p>

	<p>El entrenador de dios,<br />
colocó el clítoris africano en el centro del campo<br />
de un chochito blanco<br />
y lo hizo debutar en el mundial.</p></blockquote></p>

	<p>De sus trabajos poéticos el que había leído fue <strong>Cielo ha muerto</strong>, tal vez el más ligado intrínsecamente a su faceta musical. O tal vez lo sea toda su obra, sin que estas reflexiones tengan demasiado valor ahora mismo. En todo caso uno asiste a la tragedia de que termina una obra sin despedidas o miradas de perspectiva, Algora era demasiado inteligente y fértil como para lanzarse al súbito agotamiento, pero permanecen los libros y las canciones, los discos y los poemarios, las representaciones teatrales, espero. Y  toda esa poesía, de escuela vanguardista como buen lector, se nota en cada canción. </p>

	<p>Por lo que a mi respecta me tocó vivir La Costa Brava, el verdadero gran grupo pop español de los últimos años, por encima de esos tantos otros grupos de dos elepés de medio pelo. Y era grande por su condición, casi tan antigua como la misma música pop, de grupo secreto, de selección de culto elevada al lirismo más inesperado. El himno de mi generación, puedo decirlo sin tapujos, ha sido Adoro a las pijas de mi ciudad. </p>

	<p>Hay por supuesto muchas más canciones. Entre ellas la insuperable y conmovedora balada Canción de regalo, un ejemplo del romanticismo insobornable y profundo de Algora que contiene versos así: </p>

	<p><blockquote><p>“ Y los bomberos en tu honor<br />
Hacen sonar la sirena del camión <br />
Y como hizo Elton John<br />
Te regalo esta canción “<br />
</p></blockquote></p>

	<p>O Lentillas de colores, ejemplar descripción de un paisaje de resaca que devenía en auténtica poesía existencialista, todo ello rodeado de unos coros que evocan a los mejores Beach Boys. </p>

	<p><blockquote><p>“Y es que sólo me interesa<br />
La gente bien dispuesta <br />
Para compartir<br />
La angustia de ser hombre”<br />
</p></blockquote></p>

	<p>Músico y poeta. Descanse en paz.</p>

	<p>En Papel en Blanco l <a href="http://www.papelenblanco.com/2008/03/25-entrevista-a-agustin-fernandez-mallo-i">Entrevista con Agustín Fernández Mallo </a><br />
En Weblogs SL l <a href="http://www.hipersonica.com/2008/07/09-ha-muerto-sergio-algora">Ha muerto Sergio Argola</a></p>


 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Thomas M. Disch (1940-2008)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/07/08-thomas-m-disch-1940-2008</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/07/08-thomas-m-disch-1940-2008</guid>
      <pubDate>Tue, 08 Jul 2008 22:19:21 GMT</pubDate>
      <author>Pablo Muñoz</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" id="image3662" src="http://img.papelenblanco.com/2008/07/campo.jpg" class="centro" alt="campo" /></p>

	<p><strong>Thomas M. Disch</strong> era el secreto mejor guardado de la ciencia ficción. Un día, cuando oí hablar de él hace no demasiado, <a href="http://www.focoblog.com">John Tones</a> lo definió como un Clive Barker pocho. El pasado mes leí su obra más célebre, Campo de Concentración que entre otros méritos ganó el Pulitzer, en una época en que la ciencia ficción todavía no había salido de los magazines pulp.</p>

	<p>Son otros tiempos, pero no hay (muchas) otras estupideces. Siguen las de siempre. Y como tal, Disch sigue pronunciándose hoy, escritor de culto infravalorado. Y aunque la blogosfera se lance en masa a recordarle, sólo le va a recordar de una manera: esa. El consenso y sus obligaciones, supongo. Así que me arremango y propongo a Campo de concentración de Disch como la perfecta novela para entender y complementar otra pieza clave, Matadero Cinco de Kurt Vonnegut. Y hay más: Trampa 22 de Joseph Heller o Madre Noche de Vonnegut. Lo que tenían en común todos estos novelistas surgidos de la ciencia ficción o de la escuela del humor negro judío es que hicieron la mejor novela norteamericana sobre la segunda guerra mundial, en una era de posguerra que sólo era fácil de comprender a través de los secos cuentos de John Cheever o JD Salinger. </p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Campo de concentración no es una excepción y todas ellas fueron interpretadas como nuevas alegorías sobre la guerra de entonces, Vietnam. Puede que la de Disch, como suele pasar, sea entocnes la obra más discreta de todas ellas. Y todo aún teniendo un galardón de gran reconocimiento.<br />
Su obra maestra está fragmentada en una memoir que cuenta el horror desde una perspectiva que resulta extrañamente familiar en el Martin Amis más hereje de La flecha del tiempo, que también contiene una reflexión moral de la misma altura. Pero como toda gran obra, Campo de concentración sabe hablar del conductismo pavloviano desde la óptica del mal y, por lo tanto, de la banalidad del mismo. El análisis clínico de Disch era ése: la exploración de los límites de lo humano.</p>

	<p>Y de eso va El eco alrededor de sus huesos, una maravillosa toma de contacto con la teoría de los multiversos. La novela examina con un pulso firme las consecuencias de los viajes espaciales y de las díficiles existencias entre dos universos replicados, con uno de los pocos finales que se ha permitido Disch. Después su carrera evolucionaría hacia el terror más extraño y hasta existencial, y por supuesto, cambiaría de planeta pero nunca de temas, que volvían a él siempre. Su última historia, siguiendo la herencia o replicándola de Philip K. Dick, ya abordaba sin excusas o seudónimos lo divino y lo humano, el bien y el mal. Entonces no sorprende el suicidio, teoría tremendamente camusiana, como final de este gran escritor, destinado siempre a lo secreto, pero si jode, como joden siempre las pérdidas de los más interesantes, locos y visionarios genios de la literatura reciente. </p>

	<p>Más información | <a href="http://www.zonafandom.com/2008/07/07-muere-thomas-m-disch-1940-2008">Zona Fandom</a><br />
Más Información l <a href="http://www.boingboing.net/2008/07/06/rip-thomas-m-disch.html">Obituario en Boing Boing</a></p>



 ]]></description>
    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Murió Eugenio Montejo]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/2008/06/06-murio-eugenio-montejo</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/2008/06/06-murio-eugenio-montejo</guid>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2008 12:24:15 GMT</pubDate>
      <author>Juliana Boersner</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2008/06/Eugenio_Montejo.jpg" alt="Eugenio Montejo" />¿Cómo escribir desde la tristeza? ¿Cómo teclear a través de las lágrimas de impotencia por ver apagarse tan raudamente una de las mejores voces de la poesía del mundo hispano, aún con tanto por ofrecernos? Ayer 5 de junio de 2008 murió el poeta <strong>Eugenio Montejo</strong>, quien es uno de los autores de talla universal de la literatura venezolana. </p>

	<p>Montejo habia nacido en Caracas en 1938, y su obra comenzó a ser verso en 1967 cuando publicó el libro <strong>Elegos</strong>. Después vendrían <strong>Muerte y memoria</strong> (1972), <strong>Algunas palabras</strong> (1977), <strong>Terredad</strong> (1978) y en 1981 el libro por el cual más se dió a conocer que fue <strong>El cuaderno de Blas Coll </strong>(ahora editado en una edición actualizada por editorial <a href="http://www.pre-textos.com/detalle.asp?id=1079">Pre-textos</a>), un libro de heterónimos, de escritura oblícua, como prefería llamarla él. </p>

	<p>Después vendrían <strong>Trópico absoluto</strong> (1982) y <strong>Alfabeto del mundo</strong> (1986), que es una antología de su obra publicada por el Fondo de Cultura Económica. Fue ese año de 1986 que le fue conferido el Premio Nacional de Literatura. Más recientemente apareció otro de sus libros emblemáticos: <strong>Papiros amorosos</strong>. También  <strong>La fábula del escriba </strong><strong>, </strong><strong>Adiós al siglo XX</strong> (Editorial Renacimiento, 1997) y <strong>Partitura de la cigarra</strong>, todos publicados en España. <a name="more"></a></p>

	<p>Ha muerto Eugenio Montejo y su muerte nos deja desconsolados, con un vacío profundo, con la nostalgia de saber que ya no lo encontraremos en algunas de las calles de Los Palos Grandes al comprar el periódico, que no habrá posibilidades de un café ni de escucharlo más. Su voz suave, elegante, se ha hecho una definitivamente con el universo. Volvamos a sus versos, que esos serán eternos. </p>

	<p>Descanse en paz, maestro. </p>

	<p><blockquote><p><strong>DURA MENOS UN HOMBRE QUE UNA VELA&#8230;<br />
</strong><br />
Dura menos un hombre que una vela<br />
pero la tierra prefiere su lumbre<br />
para seguir el paso de los astros.<br />
Dura menos que un árbol,<br />
que una piedra,<br />
se anochece ante el viento más leve,<br />
con un soplo se apaga.<br />
Dura menos un pájaro,<br />
que un pez fuera del agua,<br />
casi no tiene tiempo de nacer,<br />
da unas vueltas al sol y se borra<br />
entre las sombras de las horas<br />
hasta que sus huesos en el polvo<br />
se mezclan con el viento,<br />
y sin embargo, cuando parte<br />
siempre deja la tierra más clara.</p></blockquote></p>

	<p><blockquote><p><strong>Adiós al siglo xx</strong><br />
a Alvaro Mutis</p>

	<p>Cruzo la calle Marx, la calle Freud;<br />
ando por una orilla de este siglo,<br />
despacio, insomne, caviloso,<br />
espía ad honorem de algún reino gótico,<br />
recogiendo vocales caídas, pequeños guijarros<br />
tatuados de rumor infinito.<br />
La línea de Mondrian frente a mis ojos<br />
va cortando la noche en sombras rectas<br />
ahora que ya no cabe más soledad<br />
en las paredes de vidrio.<br />
Cruzo la calle Mao, la calle Stalin;<br />
miro el instante donde muere un milenio<br />
y otro despunta su terrestre dominio.<br />
Mi siglo vertical y lleno de teorías&#8230;<br />
Mi siglo con sus guerras, sus posguerras<br />
y su tambor de Hitler allá lejos,<br />
entre sangre y abismo.<br />
Prosigo entre las piedras de los viejos suburbios<br />
por un trago, por un poco de jazz,<br />
contemplando los dioses que duermen disueltos<br />
en el serrín de los bares,<br />
mientras descifro sus nombres al paso<br />
y sigo mi camino.<br />
</p></blockquote></p>

	<p>Más información | <a href="http://www.pre-textos.com/catalogo.asp">Editorial Pre-textos</a><br />
Más información | <a href="http://www.elpais.com/articulo/narrativa/MONTEJO/_EUGENIO/Siempre/necesitamos/decir/nuevo/palabras/amor/elpbabnar/20020622elpbabnar_20/Tes/">Siempre necesitamos de nuevos decir las palabras de amor (El pais)</a></p>


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